Capítulo 17. El plan

3894 Words
Cuando llego al primer piso veo que la señora Flor aún no ha bajado, supongo que no demorará, ya ella ha arrastrado la bolsa con las vasijas hasta el centro del patio interno, al lado de los lavaderos, la bolsa está abierta y por algunos de los surcos de la bolsa de plástico una fila de hormigas van subiendo para intentar llegar al dulzón aroma que emana de las jarras de jugo y las vasijas de comida. Miro al cielo y veo que aún permanece en alto el sol, pero se aproximan unas nubes aisladas por el lado sur del edificio, lo que significa que con buen trabajo quizás pueda ordenar este carro durante el transcurso del día, confío en no quemarme con el sol, entonces pongo el balde al lado del lavadero donde un grifo empotrado en el muro sella un hueco intencionalmente creado para facilitar la salida del agua y por el otro lado del lavadero la tubería se mete bajo la misma agua hasta el fondo de la piscina de cemento. Abro el grifo y la presión de agua comienza a empujar chorros de agua a buena velocidad, mucha de esta agua es agua de lluvia recolectada, de manera que permite optimizar el uso del agua y ahorrar de paso el servicio del acueducto del edificio; cierro el grifo cuando veo que el nivel de agua está a una buena altura donde lo puedo manejar sin regar, le añado jabón en polvo y un poco de desinfectante para garantizar que lo que voy a limpiar quede pulcramente arreglado. Tomo el carrito destruido y le saco el paraguas, luego comienzo a desdoblar las puertas y verificar el cierre, para buena sorpresa mía, funcionan casi todas de maravilla, solo las ruedas de un lado están dobladas y uno que otro golpe que quizás pueda arreglar con un martillo, tendría que preguntarle a algún vecino si tiene alguno que me pueda prestar; por lo pronto despego los adhesivos con publicidad con los precios, algunos salen fácil y no dejan marca, otros dejan un rastro de pegamento que me cuesta retirar, pero poco a poco van saliendo, lo que queda adherido lo froto con el cepillo duro que traje hasta que el color metálico natural del carrito de aluminio brilla de limpio,  siento en mi cuello las miradas de algunos vecinos que me miran como si estuviera intentando una tarea perdida, ya he logrado bastantes cosas cuando veo que llega la señora Flor, me saluda a la distancia y comienza a sacar una a una las vasijas y a limpiarlas con calma, mientras estamos en esas me pregunta: -        ¿No tienes una gorra? -        Si tengo una, pero no me gusta usarla. -        Deberías, está haciendo calor acá. -        ¿Tú por qué no la usas? -        Me apliqué bloqueador, ¿Te aplicaste tú? -        No, no tengo. -        Eso pensé, te vi desde arriba y se me ocurrió traerte un poco, toma Saca de su delantal un tarro y me lo arroja, lo intento atrapar pero tengo tanto jabón en las manos que se me resbala, ella suelta una carcajada y me dice: -        Quizás deberías lavarte las manos antes de intentar agarrarlo Le hago caso, y de paso lavo el tarro que quedó todo enjabonado, luego lo destapo y me aplico un poco en la cara y el cuello, ella me recuerda que debo aplicarme también en los brazos y aunque me da un poco de pena sigo sus instrucciones, le intento devolver el tarro y solo me dice que lo ponga en el bolsillo delantero de su delantal, se gira para darme el espacio de ponerlo allí y entonces me tiento de volver a tocarla, pero cuando comienzo a apretarle su pelvis sobre el delantal me abre los ojos y mueve los ojos hacia arriba indicando que hay personas viendo, entonces me alejo de ella y regreso a mi labor, cuando ya tengo el carro limpio me doy cuenta que lo siguiente es desdoblar las ruedas dañadas, pero para eso necesitaré una herramienta para soltarlas y tratar de arreglarlas, entonces le pregunto a ella si tiene una herramienta como esa, pero me indica que no, que quizás si le pregunto a alguno de los vecinos del segundo piso, que es como el primero, ya que en el primer piso realmente no hay apartamentos sino solo espacio para ubicar cosas o carros en el caso de que alguno tuviera, pero ninguno de los vecinos tiene, así que el primer piso es una colección de cosas viejas de todos los apartamentos, entonces dejo sola a la vecina y subo a timbrar al primer vecino que casualmente es el administrador, le pido un martillo y una llave para quitar las ruedas, el me indica que si tiene y además se ofrece a ayudarme, entonces bajo con él y mientras yo sostengo las ruedas del carrito que en realidad son cuatro ruedas de bicicleta, él suelta con su llave una a una las ruedas, luego con el martillo comenzamos a arreglar cada abolladura hasta que queda más o menos lisa la superficie del carrito, mientras todo esto sucede, él nos interroga sobre lo sucedido, así que la señora Flor toma la palabra y le cuenta con detalle lo sucedido el día anterior, yo solo guardo silencio hasta que me toca contar mi parte de lo sucedido en el hospital con mi madre, al final cuando se entera que ha muerto, él me da su pésame y me cuenta que va a generar un aviso en su computadora para poner en la cartelera del edificio y que por favor le indiquemos cuando es la misa y el entierro, le respondo que no tengo dinero para enterrarla, así que opté por la opción de cremación que me dio el hospital y que se realizará al día siguiente, que mi tarea si es posible antes que caiga la noche es ir a la iglesia para que hagan una misa en su memoria, él asiente y me comenta que cuando tenga la razón de la hora de la misa, puedo pasar a informarle y así generar el aviso con todo claro para los demás vecinos. Después de desmontar las llantas e intentar desdoblarlas sin éxito, el administrador me sugiere que mejor lleve las llantas a una tienda de bicicletas a ver si ellos las pueden arreglar, o en su defecto me compre un par nuevo, no estoy para gastos pero la señora Flor me indica que ella puede apoyarme económicamente en caso de necesitar unas ruedas nuevas, y que ya casi termina de limpiar las vasijas, de manera que puede acompañarme. Aprovecho también para preguntarle al administrador si sabe de dónde pueden reparar el paraguas, pero él me indica que eso ya es basura, que resulta más económico comprar uno nuevo, y para eso debo dirigirme a la tienda de herramientas en el centro comercial, de manera que después de darle las gracias al administrador el regresa a su apartamento, pero antes le lanza una indirecta a la señora Flor indicándole que se ve muy bonita en el día de hoy y que quizás le acepta en pago que acepte una salida a cenar. Ella muy amablemente le dice que quizás lo considerará, por lo pronto quiere recuperar su negocio y apoyarme con la muerte de mi madre; él cae en cuenta de lo inoportuno de su comentario y sube a su apartamento. Entonces la señora Flor me dice en un tono tan bajo que casi no la alcanzo a oír: -        Ves lo que te digo, yo no soy la mujer más bonita del edificio, ni tampoco he salido con ninguno, pero ninguno pierde esperanzas de tener algo conmigo, es realmente incomodo, y si ven que… ya sabes, pues se me volverá un infierno la vida en el edificio. -        Si te comprendo. Entonces ella termina el lavado y limpieza de las vasijas, la basura la echamos en la misma bolsa donde antes estaban guardadas, le adjuntamos el paraguas de manera ahora parece una colombina negra gigante, la llevo a la parte de afuera del edificio a una caneca grande donde se pone la basura para que el lunes pase la basura, regreso pronto y arrastro el carrito hasta donde normalmente lo guardaban mi mamá y la señora Flor, regreso y tomo las llantas dobladas y mientras tanto la vecina sube a su apartamento con las vasijas limpias y secas. Al cabo de unos minutos vuelve a bajar la vecina y la espero a la bajada de las escaleras, me mira a los ojos y me indica que salgamos, ella toma una rueda, yo llevo la otra, salimos del edificio y caminamos en la dirección que nos recomendó el administrador, al llegar preguntamos al muchacho que está en la puerta ajustando una bicicleta y des-pinchando otra llanta de un ciclista que ha salido temprano a la ciclo-vía y al parecer regresa a la casa: -        Hola, ¿Es posible arreglarlas? – Digo mientras levanto la rueda que tengo en mis manos y la señora Flor hace lo mismo - -        Si, si es posible, pero no quedan rectas totalmente, puede generarte accidentes. -        ¿Cuánto costaría arreglarlas? -        Le cobro cincuenta por cada una. -        ¿Y vende nuevas? -        Si, también vendo nuevas. -        ¿Cuánto cuesta el par? -        Se las dejo en ciento veinte. Analizo las posibilidades y le digo a la señora Flor que me parece un poco excesivo, pero ella me dice que le parece un buen precio, así que le pedimos el par y ella paga el total de la compra al mismo muchacho, luego cuando nos vamos a ir nos pregunta que vamos a hacer con las llantas dobladas, le respondemos que no tenemos la menor idea, entonces nos propone comprarlas, entonces mi compañera le propone a treinta cada llanta, pero el muchacho negocia el precio a veinticinco, ya que argumenta que si fuera solo una llanta vieja el precio propuesto por nosotros sería el correcto, pero a él le interesa rescatar los radios en buen estado, el eje de la llanta y la llanta de caucho en sí, que el rin y los radios dañados es mejor fundirlos y fabricar nuevos, así que realmente no está comprando una llanta completa, pero si nos está deshaciendo de una basura que seguramente terminará contaminando el humedal que tenemos cerca. Así que después de sus argumentos mi vecina me sonríe y le sonríe también a él y de esa manera tenemos un par de llantas nuevas por solo setenta mil pesos, nos devolvemos al edificio y yo subo las llantas a mi apartamento mientras ella me espera al bajar la escalera, cuando bajo ella está contra la pared y un vecino que creo es uno de los del mismo piso que yo tiene una mano apoyada en la pared y le habla muy de cerca, ella tiene la cara volteada y está frenándolo con las manos, entonces la llamo por su nombre: -        Vecina Flor, ¿Podemos irnos ya a la iglesia para lo de la misa me mi madre? -        Si Danielito, podemos irnos en cuanto el vecino se comporte como un hombre de verdad y termine de llegar a su casa con su ESPOSA. –Hace énfasis en la última palabra- Veo como el vecino incomodo me mira de arriba abajo y luego que lo saludo con un Buenas tardes muy sonoro, me responde simplemente Buenas y comienza a subir las escaleras. Salimos de nuevo del edificio y caminamos al centro comercial a averiguar el paraguas para el carrito, entonces le comento: -        Oye, lo que me has contado es más grave de lo que lo hiciste ver, estás viviendo un infierno con tanto hombre acosándote. -        ¿Tú crees? – Su pregunta está cargada de sarcasmo - -        Si, perdona que no te había entendido, pensaba que solo te daba vergüenza que te vieran conmigo. -        No Daniel, no me da vergüenza que me vean contigo, el asunto es real, pero no te preocupes, estoy acostumbrada y ya lo manejo. -        No deberías acostumbrarte -        ¿Y cómo sugieres que lo solucione? -        No lo sé, pero comprendo por qué quieres irte. -        Si, exacto, sólo que no quiero irme simplemente por irme, como te dije antes, no quiero huir. -        Te comprendo bien, pero éste no es un ambiente para ti y tus hijos. -        Daniel, acosadores de mujeres hay por todas partes, muy pocos son respetuosos como tu. Su comentario me causa gracia, pero no le digo nada, sin embargo creo que se me notó de alguna forma en la cara porque luego ella agrega: -        No cuenta que me irrespetes en la cama si yo también lo quiero. Se ríe y me rio con ella, entonces en el camino nos cruzamos con Camila quien me saluda de beso en la mejilla, mira de arriba abajo a la señora Flor, pero aun así la saluda extendiendo su mano. -        Hola, mucho gusto Camila. -        Si ya te había visto, el otro día fuiste a comprar a mi negocio. -        Siento que la he visto antes pero no… -        Soy la socia de la mamá de Daniel, bueno la ex -socia. – Camila se queda extrañada, pero continúa - -        ¿Por qué dice ex? – La señora Flor me mira y me pregunta: - -        ¿No le has contado? – El gesto de Camila se ha endurecido, casi siento que piensa que hay algo entre mi vecina y yo pero guarda silencio mientras espera mi respuesta, como no digo nada después de unos segundos, me pregunta: -        ¿Qué tienes que decirme Daniel? – Su tono es de enojo, pero aun así espera – -        Mi madre murió anoche…quise contarte, pero no tengo tu número. – Camila se queda blanca, y se lleva las manos a la boca, entonces su cara pasa de la ira a la preocupación y casi con los ojos llorosos me abraza - -        Perdón Dani, no sabía, yo… -        No es tu culpa, fueron los ladrones esos … -        Dilo Daniel esos hijueputas – Me replica la señora Flor – -        Si señora, tiene razón eso son. Camila me suelta y vuelve a preguntar que pasó y  después de contarle lo sucedido me vuelve a abrazar y se ofrece a apoyarme como pueda, e incluso me ofrece su casa mientras resuelvo la situación, le comento que de momento solo requiero que me apoye con su amistad, que no voy a ir la semana que comienza al instituto y que si ella puede hable con el director del programa de informática, ella asiente y se ofrece a acompañarnos al centro comercial, la vecina acepta y yo también, pero a un metro de haber comenzado a caminar ella me pide excusas y me da su número, lo guardo en mi teléfono y prometo llamarla, pero de momento ella tenía otro destino y no puede seguir con nosotros, pero me pide que por favor la llame en la noche, asiento y me despido de ella, ella también se despide de la señora Flor. Luego cuando ya entramos al almacén de herramientas del centro comercial la vecina me cuenta: -        Por un momento pensé que iba a acompañarnos. -        Si yo también, de hecho pensé que sospechó de algo entre nosotros, pero creo que fue mi impresión nada más. -        No Daniel, no fue tu impresión, fuimos muy evidentes, veníamos riendo y cuando la viste, te paralizaste, ella sospecha, creo que hacemos esto y lo de la iglesia y mejor dejamos lo nuestro entre tu apartamento y tus cobijas. Me siento incómodo y un poco triste, pienso que no debería ser necesario en estos casos que uno tenga una sola pareja, se lo insinúo a mi vecina, pero solo responde con una carcajada, luego cuando su risa se detiene me dice: -        Daniel, al final sacas lo animal que hay en ti. -        Oye, eso es ofensivo. -        Si perdona, no fue con esa intención que lo digo, sino que muchos hombres y mujeres antes que tú hemos pensado eso, pero la clave del éxito de la sociedad es la monogamia, en el sentido de que un hombre con una mujer exclusivamente, o bueno, ahora con la moda de los múltiples géneros se diría una pareja a la vez, porque por más evolucionado que alguien se quiera ver y tenga más de una pareja o sean un trio o más personas mutuamente acordado, siempre habrá una preferencia por uno u otro, lo que sí o sí terminara en un corazón roto como mínimo, y después vendrá la respectiva respuesta, casi nunca es una reacción positiva, entonces nos envenenamos el alma y la mente dañando a otros, esos muchachos de ayer, créeme que no los quiero ni poquito, pero son el resultado de conflictos de ese tipo. -        Quizás tienes razón, pero eso no los justifica. -        Es cierto, un hombre como tú, con todo lo que has vivido… -        Tú no sabes mucho de mí. -        Sé mucho más de lo que crees, tu madre me hablaba mucho de ti, de hecho me siento culpable de permitir que pasaran otras cosas entre los dos, porque casi te veo como un hijo más. -        Eso es raro -        Si, por eso lo digo, pero me acuerdo que no eres mi hijo, y te quiero tener de nuevo desnudo solo para mí. De nuevo ríe mientras llegamos al pasillo de los parasoles para mesas de picnic, nos damos cuenta que su costo excede el presupuesto, sin embargo teniendo en cuenta lo que nos sobró de las llantas, la señora Flor decide comprarlo, así que vamos saliendo cuando vemos un juego de herramientas como las que tenía el administrador, vemos que no superan los veinte mil pesos y decido comprarlas, cuándo la vecina me pregunta la razón le explico, que así no tendremos que volver a pedirle las herramientas al vecino y ella las puede conservar en su casa, ella me mira con un brillo en los ojos y una sonrisa que refleja ternura, lo que me hace pensar en Camila, me doy cuenta que quizás todas las mujeres pueden ser de todas las maneras que quieran, es sólo cuestión de los sentimientos que ellas quieran mostrar: -        Las mujeres son unas criaturas fascinantes -        Gracias, supongo, ¿Por qué lo dices? -        Bueno, cuando creo que estoy aprendiendo a conocerlas, aparece alguna nueva y sale con algo que no conocía y me agrada. -        Tan lindo, ¿Lo dices por mí? -        Si, por supuesto -        ¿Por qué? Quiero decir, que te llamó la atención de mí. -        Bueno, esa forma de sonreír, me gusta mucho, me gustaría seguirla viendo en diferentes escenarios, no solo en mis cobijas. -        Ja ja ja. Gracias, ja ja ja. Salimos del centro comercial, caminamos de vuelta a la casa, pero en el camino desviamos a la iglesia, entramos y dejo el parasol en la entrada, llevo conmigo las herramientas y luego de hablar con el sacristán, nos indica que el horario del despacho parroquial es hasta el sábado a medio día, y que las misas ya están llenas, así que nos devolvemos por el pasillo central y a la salida nos cruzamos con el sacerdote quien conoce a la señora Flor y después de platicar un rato nos pregunta si puede ayudarnos en algo, ella le comenta la situación y nos pide disculpar al sacristán, ya que no hay ningún problema y él nos añadirá en la misa de las siete de la noche, y que además va a hacer una misa especial al día siguiente a las seis de la tarde, reviso la hora en mi reloj y me doy cuenta que faltan diez minutos para las cinco, va a comenzar una misa y por eso el sacerdote que había salido a caminar un poco con algunos feligreses, está regresando para alistarse, entonces apuramos el paso hasta el edificio y después de instalar las llantas en el carrito, junto con el parasol, la vecina sube a su apartamento y  yo paso al apartamento del administrador, le comento que la misa será al día siguiente en la iglesia del barrio a las seis de la tarde para los que quieran asistir, el administrador agradece la información, y nos despedimos, momentos más tarde cuando suena el timbre en mi apartamento abro la puerta y está ahí de pie la señora Flor, lista para ir a la iglesia conmigo, bajamos lentamente las escaleras y al pasar por enfrente de la cartelera del edificio que está en la pared de frente a las escaleras, vemos un anuncio impreso con los datos del fallecimiento de mi madre y la misa al siguiente día, nos miramos y asentimos, luego vamos a la iglesia. Después de la celebración religiosa, volvemos al apartamento, ella entra conmigo y se sienta a la mesa, pongo un café a calentar y comienzo a explicarle los pasos siguientes: -        Entonces mañana a eso de las diez será la cremación en el hospital, tengo que estar por ahí a las nueve por si acaso se requiere algo más y luego poder recuperar las cenizas. -        Yo te acompaño. -        Gracias, pero no podría pedírtelo, hoy has estado todo el día conmigo, tus hijos te necesitarán. -        No te preocupes por ellos, mañana a esa hora estarán en el colegio, y sin el carrito terminado, no puedo ir a vender nada mañana. -        De acuerdo, bueno, la siguiente parte es aburridora, así que supongo que te querrás devolver para acá. -        Depende ¿Qué es? -        Voy a ir a la esquina del barrio donde se ve la calle donde sé que viven tres de los malditos esos. -        De acuerdo, sé que los detestas, pero ojalá puedas empezar a bendecirlos. -        No te comprendo, pero ok. -        Me refiero a que si sigues maldiciéndolos, esas maldiciones recaerán también sobre ti, es karma. -        De acuerdo, como digas; el siguiente paso es evitar ser visto y aprenderme los horarios de ellos, a que horas salen, que hacen de primeras, como se organizan. -        Puede ser peligroso, que pasa si nos descubren -        Dirás me descubren. -        No, te dije que te ayudaría en tu venganza, pero quiero conocer los detalles para saber hasta dónde voy. -        Bueno no los puedo matar o me volvería como ellos. -        Eso es sabio. -        Gracias, pero si tengo que exponerlos, entonces después que sepa todo sobre ellos y sus familiares, empezaré a rotar esa información sobre ellos por todas las tiendas y locales, voy a decir la verdad, que a partir de la muerte de mi mamá, tenemos que protegernos en comunidad para evitar que este tipo de situaciones vuelvan a suceder. -        De acuerdo, pero no has respondido mi pregunta. -        ¿Cuál? -        ¿Qué sucede si nos ven? -        Corremos -        ¿Y si nos atrapan? -        ¡Qué Dios se ampare de ellos! – Digo esto mientras cojo un cuchillo grande de la cocina en mis manos. – -        Dijiste que no los vas a matar -        Sí, sí puedo evitarlo, pero no voy a perder la vida a manos de ellos. -        ¿Sabes pelear? -        No, por eso tengo una semana para aprenderme sus costumbres y conseguir una mejor arma.  
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