Capítulo cincuenta y dos Ya casi son las cinco de la mañana y yo solo puedo atinar a correr a ponerme mi ropa mientras que él yace de lo más tranquilo sobre el sillón vestido y todo lo demás esperando a que yo haga mi parte. Claro, como fue con él con quien me demore más y casi por mero gusto, ya que él mismo usa siempre trajes y corbata cosa que no deja ver la marca que hay en su cuello, pues... —Sofía, apurate, hay que hacerles ver que llegamos y estuvimos en nuestra habitación todo este tiempo, no que recién llegamos porque te haya dejado mi descendencia en... —¡Cállate por favor! —grito poniéndome los tacones y corro al espejo viendo que mi maquillaje esté bien puesto y no pueda notarse nada, aunque sería un peligro si alguien me toca el cuello o este muy cerca de él, además de que

