Capítulo treinta y dos Me dejó sola después de eso. En serio hay que ser triste para llevarse mi ropa interior y después de eso dejarme así aquí. ¡AHHHHHHH! Estoy que me lleva la cólera. Aparte de eso tengo que salir a colocar algo para ponerme debajo, porque no es que me agrade andar por ahí sabiendo que en cualquier descuido se me puede ver todo aquello. Faltaba menos. Soplo uno de los mechones de cabello que caen libremente por mi frente y me cruzó de brazos mientras que observo solamente el panorama del día a través de los grandes ventanales de la oficina central en el último piso. ¿A dónde se fue? Pensé que estaría aquí al llegar desde la planta tres, pero cuando llegue todo mi nerviosismo se esfumó, porque no había nada ni nadie. Ruedo mis ojos y miro el reloj en mi muñeca

