Capítulo cuarenta y cuatro Revuelo y más revuelo. Eso es lo que he obtenido desde que salió por mi boca que tengo mate y ahora estoy aquí, en mi propia habitación encerrada mientras que más de catorce personas me tocan la puerta intentando sacarme quien es la persona que me tocó como pareja predestinada. Incluidos mis padres. —¡Ya déjenme tranquila! —grito desde dentro y ninguno de ellos se coordina para hablar, ya que se escuchan distintas preguntas de distintas voces que solvente hace que ruede los ojos. En serio, ¿qué tipo de familia somos? Tomo asiento en el borde de la cama pasando ambas manos por mi rostro y observo mi bolso con detalle sabiendo que ahorita lo que más me importa es ese viaje y en lo que pasara mañana. O mejor dicho hoy en cinco horas. Saco el móvil de dentro

