Su semblante no demostraba otra cosa más que seriedad, sin emoción alguna, esta se había esfumado y perdido en el aire frio. Si no fuese por el hecho de que tenia una erección marcada en sus pantalones, podría jurar que lo que paso minutos antes, fue solo un sueño.
Maldije interiormente. ¿Cómo es que por un segundo pensé que podría ganarle? Él era demasiado inteligente y rápido. Utilizaría cualquier cosa, por más mínima que esta sea para hacerte tragar tus palabras o dejarte en ridículo. Y por mucho que me pesara tener que admitirlo, debía jugar su juego. No podía irme de la compañía con una mancha en mi expediente que no me abriría ninguna puerta, porque en la tarde lo había dejado muy en claro, no me daría buenas recomendaciones. Pero, ¿el realmente era así? ¿utilizaría sus contactos o influencia para perjudicarme? Una parte de mi ser quería creer que no lo haría porque no era esa clase de persona y si bien mi parte racional exigía que me alejase, también no quería poner a prueba mi suerte y quedarme sin trabajo. Una voz interior también me decía que no quería apartarme porque, a pesar de todo, allí, en mi corazón, él era el único que habitaba desde siempre.
- Si soy perfectamente capaz de hacerlo, pero tu ten la decencia de limitarte a inmiscuirte solo en mi trabajo, porque tú jamás estarás en mi vida de otra forma que no sea en una relación laboral- enuncie a regañadientes.
- Voy a disfrutar mucho haciéndote tragar esas palabras Emily- sentenció y un escalofrió recorrió mi espina dorsal, como un presagio- Que tengas dulces sueños, nos vemos mañana, ágape Mou - Dijo a modo de despido, luego de entregarme las llaves de mi apartamento. Lo vi alejarse a zancadas rápidas e ingresar en un auto n***o y de vidrios oscuros, pero no se marcho hasta que yo ingrese a mi casa.
Esa noche no concilie el sueño. Xander había reingresado a mi vida con una fuerza descomunal, avasallando todo pensamiento racional que creí tener. Sus besos me atormentaron toda la madrugada y cuando finalmente pude conciliar el sueño nos vi juntos, retozando frente a una chimenea, besándonos y haciendo el amor. Esa mañana, desperté agitada, húmeda y con la convicción de que no decirle la verdad y de mantenerme alejada de él iba a resultarme extremadamente difícil.
Durante la primera semana trabajando juntos, Xander se mantuvo alejado de mí, solo hablábamos de lo estrictamente laboral y como yo no tenía otras compañeras en el piso, si él no me hablaba, las horas no parecían trascurrir, por más que tuviese mucho trabajo.
Muchas veces Xander desaparecía durante horas y no había nada escrito en su agenda laboral ni personal que indicase que hacía en las mismas. Intente no pensar en lo qué hacía durante las mismas, pero mi mente vivía jugándome malas pasadas generando escenarios donde él estaba acompañado por alguna que otra mujer. Cuando el viernes llegó y no volvió a la hora de mi salida después de su almuerzo en el mediodía, le envié un mensaje que ya terminé con mis pendientes del día y que me retiraba. Él me leyó, así lo enunciaba las dos tildes coloridas de la mensajería instantánea, pero no me respondió.
Jessica traería una vez más esa noche a Justin, su hijo, para que pudiese salir con Josh y yo agradecía no tener tiempo de pensar en otra cosa que no fuese cuidar a su pequeño terremoto de tres años. Comeríamos espaguetis, veríamos alguna película infantil, colorearíamos unos libritos que compré especialmente para hoy, y luego lo haría dormir. No tenía mucha experiencia en niños, pero Justin era muy dulce y tranquilo y el viernes pasado fue una buena experiencia.
- Realmente no tengo como agradecerte que cuides a mi niño esta noche- dijo Jessica entrando a mi casa con Justin colgado en su cadera, y un gran bolso en su otro brazo.
- No tienes que agradecerme nada – conteste mientras los pequeños bracitos de Justin se movían para que yo lo tomase. Siempre que podía, lo visitaba, era como el pequeño sobrino que nunca iba a tener por ser hija única.
Jessica beso a su hijo, que para mi suerte no hizo berrinche cuando ella se fue y de a poco estuve ocupada con el pequeño, quien tenía muchísima energía y no paraba de correr, saltar, jugar y gritar. Nunca pensé en tener hijos antes, pero ver a Justin hacía que el deseo de una familia se asentase en mi cabeza, aunque ni siquiera tenía una pareja con la que tener hijos. Una vez mas y aunque no lo quería, pensé en él y me encontré preguntándome como sería una miniatura que fuera de los dos, aunque eso no fuera nunca a suceder.
El timbre resonó dentro de mi casa, cortando cualquier tipo de fantasía y tomé al bebe para no dejarlo solo. No esperaba a nadie, pero quizás Jessica había terminado antes su cita o algo le había sucedido para volver antes. Aun Justin no había cenado, pero estaba próxima a hacerle la comida.
Abrí la puerta sin ver por la mirilla y allí estaba él hombre de mi más reciente fantasía, o más bien con el único que fantaseaba, Xander. Despeinado, con la misma ropa que tenía hace muchas horas atrás en el trabajo. Su cara al verme con un niño en brazos era graciosa. Estaba sorprendido, creo y yo me reí ante eso.
- -Emily…yo…no sabía que tenías un hijo- ¿era tristeza lo que se colaba en su voz?
- ¿Qué haces aquí Xander? - pregunté queriendo gozar un poco más de su confusión.
- Quería verte – dijo después de unos instantes de observar a Justin, vi sus ojos brillar con algo que no pude definir
- -Ven, pasa – dije corriéndome para que pudiese ingresar a mi casa. No era un buen plan, pero me serviría un par de manos extra mientras cocinaba – No es mi hijo- mencioné sacándolo de su miseria -solamente estoy cuidándolo para que Jessica pueda tener una cita.
Lo vi asentir, asimilando mis palabras y escuché un suspiro de alivio, del cual me reí, mientras tanto, Justin, ahora en el suelo, volvía a correr como el torbellino de energía que es. Sus risas llenaban cada rincón, mientras correteaba por el salón, mirando con curiosidad todo lo que encontraba a su paso. Xander se encontró de pronto sentada en el suelo, rodeada de juguetes dispersos, tratando de seguirle el ritmo a su pequeño compañero, provocando que la escena de ambos, se grabara en su retina.
Intentando no ponerme sentimental, ni desear que la escena que deje atrás fuese una realidad en un futuro, me dispuse a cocinar la cena, ahora para tres.
La cena transcurrió sin sobresaltos, Justin era una pequeña alegría y un espacio de paz entre Xander y yo. El imponente hombre de negocios estaba tan prendado de este niño como yo y eso me llenaba el corazón de cierta manera, aunque no lo quisiera. Cuando el pequeño ya estuvo cansado, lo acosté en mi cama y pronto se quedó dormido. Pensé que Xander aprovecharía el momento para que hablásemos o me dijese el motivo por el cual vino a mi casa, pero para mi sorpresa él se fue poco tiempo después, dejándome algo confusa y sin saber realmente a qué vino, más allá de la excusa de que quería verme, mucho menos después de su comportamiento durante toda la semana. Pero no me iba a detener a analizar su comportamiento, o eso me decía. Sabía que, por la noche, en la soledad de mi habitación y acostada en la penumbra, mis pensamientos correrían en múltiples direcciones intentando comprender sus acciones.