Mi amiga miro entre él y yo y pude ver los engranajes en su cabeza girar, hasta que la sorpresa la atropello como un tren. Me lanzo esa mirada inquisitiva que decía “¿es el?” y yo rodé los ojos. Sabía que luego me interrogaría queriendo saber todos los detalles y que no dejaría pasar esta oportunidad para volver a refrescar el pasado.
La cena continuó con risas y bromas que flotaban en el aire, pero para mí, cada bocado parecía tener un sabor amargo por mis propias decisiones. Xander estaba allí, tan cerca y tan lejos, tan presente, pero al mismo tiempo ausente. Nuestras conversaciones eran superficiales, como si ambos intentáramos mantener una distancia respetuosa, aunque la química entre nosotros seguía siendo palpable, o al menos eso era lo que yo sentía.
Cada mirada fugaz, cada palabra que pronunciaba, cada roce de sus piernas contra las mías, hacía que sintiera como si caminara sobre una cuerda floja y estuviera a punto de caerme. Quería caer, quería dejar de resistirme a lo que sentía y ser libre de poder expresarle lo que aún tenía dentro de mí, pero cada vez que mi determinación flaqueaba, pensaba en que, si lo hacía, quizás esta vez, irme no sería una solución.
De repente, durante una pausa en la conversación, nuestras miradas se cruzaron. Fue un instante breve, un parpadeo en el tiempo, pero en esos segundos, todo lo que habíamos callado, todo lo que no nos habíamos dicho, flotó entre nosotros como un peso invisible. Vi en los ojos de Xander lo que yo había estado ignorando: el mismo dolor, la misma nostalgia. Pero lo que más me sorprendió fue lo que no vi. Ya no existía rabia, reproches, ni las preguntas no respondidas. En su lugar, había tristeza. Y, tal vez, un atisbo de anhelo.
Incapaz de sostener más la mirada profunda que él me estaba dando, miré hacia otro lado. Las risas de los demás llenaban el vacío entre ellos. Pero yo sabía que esa noche había cambiado algo en mí. No sabía qué sería lo siguiente, si algún día volveríamos a ser lo que fuimos, o si nuestra historia había llegado a su verdadero final y solo quedaba entre nosotros ese deseo no consumado.
Xander se fue antes de que terminase la cena y una mezcla de desazón y tristeza me azoto, pero lo fingí bastante bien ante el resto, Demian intentó seguir dándome charla, pero, aunque le contestaba, debió ver que yo no era la misma persona con la que comenzó a charlar al principio de la velada y prontamente dejó de insistirme y rápidamente lo vi conversando con Brianna que, según sus propias palabras, quería un hombre como Xander que amaba a través del tiempo a una sola mujer.
No pude evitar sonreír para mis adentros, si, él era aún mío. Con ese pensamiento y el alma un poco más feliz, me fui a mi casa sin saber que las cosas volverían a cambiar tan solo unos días después.
- ¿A Paris? - pregunte sorprendida ante lo que él me estaba diciendo.
- Si Emily, no sabía que tenías problemas con la audición- contesto maliciosamente Xander mientras sonreía mostrando sus perfectos y blancos dientes. Una sonrisa que cautivaría a cualquier mujer, pensé. Pero debía tratar de ser inmune ante ella, y ante todo lo que él pudiese hacer o decir.
Luego de la cena en el restaurante, Xander no había aparecido ante mi puerta ni una sola vez, no volvió a mencionar absolutamente nada de sus sentimientos por mí, ni tampoco intento abrazarme o besarme de nuevo y ya había transcurrido tres semanas desde que comenzamos a trabajar juntos. Una parte de mi estaba herida, yo había confrontado mis sentimientos y finalmente los aceptaba, pero supongo que su lejanía actual solo significaba una cosa: que finalmente comprendió que lo nuestro no tenía demasiado futuro, y que nunca habría tenido que ver la luz. Pero, ¿Por qué me sentía tan triste al ver que ya no intentaba comenzar de nuevo?, ahí estaba nuevamente mis sentimientos contradictorios.
- “Porque eres una maldita histérica que no puede decidirse interponerse entre el amor de su vida y su familia”- pensé con amargura.
- Emily- dijo una voz demasiado seria, atrayéndome a la realidad.
- Lo siento- repuse sonrojándome completamente al notar que mi mente se había abstraído del lugar físico en el que me hallaba, y que no escuche nada de qué es lo que haríamos en Paris ni por qué.
- Debes prestar atención, manejas mi agenda y mis reuniones, no puedo permitir que mi secretaria sea incompetente. Tenlo en cuenta- recibir una regañina de él era insultante, pero me lo merecía. después de todo, yo tenía que estar pendiente y atenta, para eso me pagaba una gran suma de dinero. Él era un hombre importante que necesitaba alguien a su par, aunque no me había capacitado para ser secretaria y no era el puesto que yo hubiese querido, tenía que ser capaz de estar a la altura de las circunstancias, no solo porque necesitaba el trabajo y la buena remuneración que venía con él, sino porque la idea de que estuviese otra mujer en mi lugar hacia que se me contrajera el estómago.
- ¿Cuándo partiremos? - pregunté intentando borrar el dolor que sentía al ver la mirada ceñuda de Xander sobre mi cabeza, mientras escribía en mi agenda los datos relevantes.
- El domingo por la noche- respondió en un suspiro, como si estuviera cansado o tal vez ya me lo hubiese dicho y yo no lo había escuchado.
- Perfecto- replique seca.
Maldije en mi fuero interno. Tendría que buscar mi pasaporte en el caos de mi casa, comprarme algo de ropa formal y nueva, algunos zapatos y cosméticos, pedirle a Iris que le deje comida suficiente por la noche a Pocky antes de irse al trabajo. ¿Por qué no me lo había dicho antes, a principio de semana? Ahora solo tenía solo parte de la noche del viernes y el sábado, no era mucho tiempo para prepararme, pero algo era algo, aunque odiaba tener que apurarme ya que tenía el grandísimo defecto de siempre olvidarme algo cuando hacia las cosas apresuradamente.
Xander continuaba hablando y una vez más me encontré que me había distraído, pero que él no pareció notarlo o al menos no dijo nada. Se quedo mirando por las ventanas, hacia ninguna parte. Con los ojos perdidos, pero aún así seguía hablando de lo que iríamos a hacer.
- ¿Estas bien Xander? - pregunte preocupada sin pensarlo demasiado. Lo notaba cansado, y ¿Triste?
- No puedo creer que lo preguntes- replico en tono acido, sorprendiéndome con su respuesta- ¿Acaso te preocupas por mí? - pregunto mientras se acercó a donde estaba sentada, pero su voz no revelaba nada, era impersonal, fría, ajena a lo que él siempre había sido conmigo.
- ¡Claro que me preocupas! - grité, para mí en un tono demasiado alto, mientras él me observaba; entonces caí en la cuenta que prácticamente estaba confesándole algo. Ruborizándome completamente y solo luego de aclararme la garganta murmure- Eres mi jefe, ¿Cómo no me preocuparía por ti? - era una excusa demasiado absurda y patética y supe que Xander no se la creería, pero al menos se volvió a alejar de mi lado, dejando que mi corazón se tranquilizara.
El teléfono de mi despacho resonó con fuerza en el silencio de la habitación. Con la agenda sujetada con fuerza en mi pecho, aproveche para salir rápidamente del despacho y no tener que soportar la angustia que albergaba en mi interior. El teléfono volvió a sonar con insistencia provocándome cierta irritación.
- Señorita Donovan, la cita del señor Mitsotakis ya está aquí, ¿Puede subir? - pregunto Charlotte, la recepcionista del primer piso, cuyas órdenes eran lisa y llanamente avisar sobre las llegadas de las citas de Xander o cuando el auto estaba preparado para salir.
- Déjame confirmar la cita- dije mientras me dejaba caer pesadamente en la silla mullida.
Revisé la agenda minuciosamente y encontré una acotación pequeña en ese viernes, realizada con una caligrafía hermosa pero fuerte. Pase mis dedos por la única palabra que había escrito, un apellido. “Romanatti”, decía. Suspiré mientras asaltaban a mi mente recuerdos del pasado, pequeñas cartas que aún atesoraba en un pequeño cofre de metal.
- Dile que pasé, el señor Mitsotakis espera- conteste y sin esperar una respuesta colgué el auricular del teléfono.
En mi interior sabía que algo inquietaba o molestaba a Xander, pero no sabía que y, aunque supuestamente no era de mi incumbencia porque yo aparentemente no lo quería en mi vida, él me importaba y mucho. Miles de preguntas se formularon en mi mente sobre él y sobre lo que estaba ocurriéndole, pero ¿Qué debía hacer? Si lo atosigaba para que me diga la verdad él sabría lo que yo sentía e intentaría persuadirme para que yo también le dijese por qué lo dejé. Me sentía completamente frustrada al no saber que hacer en la situación en la que me hallaba.
Unos taconazos resonaron contra el granito del piso, llamándome inmediatamente la atención. La mujer que salió del ascensor se movía, con paso seguro moviendo sugerente e innecesariamente, sus caderas. El cabello largo hasta la cintura de color dorado, resplandecía mientras que sus ojos azules se posaron en mi con clara indiferencia.
- Buenas Tardes señora Romanatti- salude cortésmente mientras me erigía de mi asiento para estrechar su mano, cosa que ella la miro despreciativamente a tiempo que la esquivaba.
- Señorita- corrigió mientras se tomaba dos segundos para observarme de los pies a la cabeza y luego sonreír satisfactoriamente- Xander me espera- afirmo con vehemencia- No hace falta que me presentes, soy una amiga íntima de él y sé que me espera- remarco tanto la palabra "intima" que inmediatamente lo supe. Ella era una amante y por la sonrisa burlona de su rostro al verme intuí que no me veía como una competencia. Me mordí la lengua para no enviarla al mismísimo infierno y perder mi trabajo, pero gozaría, si podía, callarla un poco.