Capitulo 5

1382 Words
Cuando lo vi en esa fiesta, Xander cumplía dieciocho años y yo era la mesera que contrataron por falta de personal y por mi insistencia a la madre de una amiga, que, justamente, era la organizadora del evento. Él Tenía el cabello n***o azabache y ojos verdes, brillantes, hermosos, pero demasiado fríos. Destacaba por entre las demás personas de la fiesta, no solo por su altura sino también por su porte. Parecía un príncipe, de esos con los que imaginas cuando lees un libro de romance y empiezas a fantasear con ese tipo de amor idílico. Podía, aun después de tantos años, recordar con exactitud el momento exacto en el que nuestros ojos se encontraron y la electricidad que sentí en nuestras miradas al chocarse. Por un breve instante tuve el impulso de acercarme a él, pero me contuve y fue Xander quien me abordo más tarde para mi sorpresa. Yo jamás había salido con ningún chico y no entendía de las relaciones y francamente era un poco infantil y él era demasiado maduro para su edad, pero de cierta y extraña forma nos complementábamos. Fueron pocos meses los que mi sueño de un "amor para toda la vida" vivió. Pronto las discusiones con su padre, que nunca ocultó su rechazo hacia mí, se hicieron más frecuentes y, a pesar de que Xander no vivía con ellos, nos atosigaban. - Aleja esos pensamientos- murmure en mi fuero interno cuando, por fin, las puertas del ascensor se abrieron en el piso veintidós. Nunca antes había estado allí ni siquiera soñé con estarlo. Tampoco pensé que esto me sucedería, no en estos momentos ni precisamente en este lugar, pero si quizás en un futuro lejano, cuando obtuviese la experiencia necesaria. Un pequeño vestíbulo, más bien una sala de espera, se hallaba ante mis ojos. Algunas butacas mullidas de color n***o, una mesa pequeña y mas allá varios escritorios amplios de color gris, separados unos de otros y varias personas trabajando en sus ordenadores. - ¿Señorita Donovan? - pregunto una rubia preciosa, mientras se levantaba de su asiento para estrechar mi mano. - Si, soy yo- replique con una sonrisa mientras aceptaba esa bienvenida. - Mi nombre es Holly Walsh y soy secretaria del señor Lewis. - Ah- respondí sin saber que contestar. ¿Quién era el señor Lewis? ¿Sería mi jefe, cierto? - Es el editor en jefe, y tú serás asistente de Sonia, una de las editoras. - dijo la rubia tranquilamente al ver mi rostro lleno de confusión- Por favor déjeme ayudarla con eso- Holly siguió parloteando mientras tomaba la caja de entre mis manos y la apoyaba sobre un escritorio- te mostraré el lugar. Este es mi escritorio- señalo un mueble ubicado estratégicamente al lado de una puerta de gran tamaño- y la sala de espera- indico con la mano el pequeño vestíbulo, mientras caminaba hacia una pequeña puerta que se encontraba a la izquierda del elevador- Aquí está el baño y la cocina. Luego volvió a tomar la caja y me llevó hasta uno de los escritorios de color gris más apartados del suyo, dejando apoyada mi caja nuevamente. Debía de admitir que era una grata sorpresa encontrarme con alguien que parecía ser muy amigable y además contar con este espacio dentro de la oficina. La cocina es un lugar iluminado por las grandes ventanas, pero acogedor. Una puerta lateral comunica la cocina con el cuarto de baño, también pequeño. No había muchos muebles, pero si los necesarios como un microondas, la heladera, dos encimeras una cafetera y la mesa cuadrada con las sillas. Vagamente me hacía recordar a mi propio apartamento, pequeño, pero al mismo tiempo bello. - “Lujos del ascenso”- pensé en mi fuero interno. - Por lo general tenemos mucho trabajo aquí, así que es una comodidad no tener que perder el tiempo saliendo a comer y volver apurada- dijo la secretaria, mientras seguía comentando otras cuestiones a las que no preste demasiada atención. - Genial- murmure aun ensimismada. Sería un día largo y agotador, aunque no estuviese haciendo demasiado. Era mucha información y muchos sentimientos nuevos para procesar en tan corto tiempo. - Por favor, sígame al salón de reuniones generales, ya pronto será la hora para la presentación oficial del nuevo dueño de la empresa, aunque yo ya lo conozco- me confió y sonrió. - ¿Qué? ¿Hoy lo presentarán? - pregunte confundida. Pudiese ser que mi cuestionamiento sonara estúpido, pero como era nueva podría salvarme de saber ciertas cosas, además la compañía se había vendido hace poco tiempo y más allá de los rumores, y de las caras nuevas, yo no tomaba como cierto ninguna información hasta que se demostrase su validez. - Claro, además van a pronunciar a nuevos jefes en las secciones de la editorial- recordé una vez más a mi antiguo jefe, Mike, él también sería reemplazado. Mientras tanto Holly siguió hablando al mismo tiempo que nos subíamos al ascensor y presionaba en el teclado el botón del piso veintiocho- Sabes, el nuevo dueño es un hombre muy joven mientras que el presidente tiene cincuenta y cinco años. Lo vi entrar hace media hora y puedo decir que parece un modelo. - Ah, ¿es así? - No supe que contestar. Si el nuevo dueño era joven o bello, no me importaba en lo absoluto, pero al menos tendría la oportunidad de conocerlo, algo que por lo general no era muy común, y comprobar con mis propios ojos lo que decía Holly. ¿Hacia cuanto no me fijaba en un hombre? Mucho tiempo. Xander fue el único que realmente me había interesado y que había dejado entrar en mi vida, más allá de ser mi primer amor. Después de él no tuve muchas citas. las evitaba lo más que pudiese y si aceptaba ir a una no terminaba como los chicos esperaban, así que no volvían a invitarme a salir de nuevo y a mí tampoco me afectaba. Con el tiempo deje de aceptar citas, aunque en este último tiempo Iris se había empecinado en que yo saliese con alguien, pero los resultados fueron los mismos que siempre. Sabía que debía comenzar a salir, intentar involucrarme en una relación, probar que se siente estar en una después de tanto tiempo. Es decir, en una real, en la que ambos quisiéramos lo mismo y en la que no me juzguen por mi condición social, porque no tengo padre o por si tengo o no estudios. Pensé en Giovanni, un argentino con ascendencia italiana que trabaja en la sección de informática y que me había invitado en varias ocasiones a salir, algunas veces las acepté, pero mayormente las rechazaba cordialmente. Él me caía bien, era un hombre trabajador e inteligente y quería creer que nuestras personalidades congeniarían. Pero muy en el fondo de mi ser sabía que esto era un inútil esfuerzo por autoconvencerme. Al salir del ascensor nos topamos con un enorme escritorio de granito, en la cual una secretaria, que más que secretaria parecía ser una modelo, nos sonrió y saludo a Holly. Lo rodeamos y allí estaba el salón de reuniones. Mi compañera llamo delicadamente a la puerta enorme que se hallaba frente a nosotras, y espero pacientemente hasta que del otro lado respondieron que podíamos entrar. Ingrese después de Holly para poder observar, aunque sea un poco el panorama. Ventanales enormes que colmaban toda la pared dejando ver un paisaje que, a pesar de las nubes grises que cubrían el cielo amenazando con llover y mi estomago contraído, era hermoso. En el centro de la sala, una mesa larga y rectangular de madera oscura ocupa el lugar principal. Sobre ella, algunas laptops, papeles dispersos, tazas de café y bolígrafos esperan pacientemente el inicio de la reunión. A su alrededor, las sillas de cuero n***o, firmes pero cómodas, Las paredes, pintadas de gris claro, están adornadas con un par de grandes estanterías repletas de libros, algunos encuadernados con elegancia, otros desgastados por el tiempo y el uso. Eran ediciones de libros que la editorial había publicado a lo largo de toda su historia. En una de la esquina, una pantalla de proyección se alza, lista para ir mostrando los nuevos organigramas, las disposiciones y las metas que se esperan cumplir bajo este nuevo mandato.
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