Capitulo 4

1326 Words
El contrato contenía demasiadas páginas, llenas de especificaciones, clausulas, formas de rescisión, penalidades en caso de incumplimiento, mis horarios, vacaciones y la remuneración por mis servicios. Una suculenta suma. Inimaginable para mí, pero finalmente real. Quizás el precio era acorde a todas las cláusulas mencionadas en esas páginas, como tener que viajar siempre que se me lo solicite, ir a diversas reuniones con autores, leer manuscritos que ya han pasado por otros filtros para decidir finalmente si debía llegar a mi editora, y el manejo de una apretadísima agenda. Pero, así y todo, y aunque el dinero me ayudaría muchísimo, algo no encajaba, al menos no en mi interior. Estaba decidida a aceptar el trabajo, pero el cuerpo me temblaba. Estaba nerviosa, si eso era. No podía ser otra cosa ¿Cierto? Pero ya no tenía dieciséis años, para temblar como una hoja. Era una mujer adulta, el tiempo había pasado. Lo suficiente como para perder el miedo a todo lo que antes me asustaba, como por ejemplo la ciudad de Boston y una persona que me hizo temer tanto por la seguridad de mi familia y la mía propia, que incluso hizo que abandonase al único amor que tuve, dejando con él mi corazón. Pero ¿Por qué tenía que pensar justamente en su persona? ¿quizás por que lo vi recientemente y todos los recuerdos volvieron a mi mente? Tome una bocanada más de aire cogí todas las hojas y una vez acomodadas las mismas e intente serenarme. Pero la sensación en mi interior no disminuía. ¿Qué me sucedía? Mi mente traicionera evocó el día en el que salí corriendo, como si la mismísima muerte me persiguiese, de la casa de por aquel entonces mi primer novio, Xander Mitsotakis y de los días posteriores a esa huida. Me sentía prácticamente igual que en aquella ocasión, exceptuando que aquí no estaba siendo lastimada ni amenazada por las palabras de nadie. Tampoco lloraba. Pero dentro de mí, la sensación era idéntica. Una desazón indescriptible y un sentimiento de soledad en mi pecho. - Señor Zucker, aquí tiene- le dije al abogado luego de que este ingresara nuevamente al despacho. - Gracias señorita Donovan- respondió mientras lo guardaba en una carpeta para finalmente ponerla dentro de su maletín- dijo y prosiguió rápidamente- A las dos de la tarde hay una reunión en el salón general. Seguramente allí le den algunas especificaciones más. No sea impuntual. Puede ir a su cubículo a recoger sus pertenencias. Su nuevo escritorio está en el piso veintidós. - sus palabras sonaron a despedida y en mi interior algo se agitó. Era todo demasiado repentino, pero no podía más que agradecer y alejarme de ese despacho lo más pronto que pudiese. Necesitaba guardar mis pocas pertenencias y hablar con Jessica de lo aconteció en tan pocos minutos. Mi vida cambiaría drásticamente, de eso estaba más que segura, solo podía esperar que el futuro sea tan prometedor como esperaba y deseaba que fuese. - Por Dios. ¡Eso es excelente Emy! - dijo Jessica en voz baja para no alertar a los demás- Te lo mereces, eres una chica capaz e inteligente. - Sigo pensando y creyendo fervientemente que tú te lo mereces más que yo. Has estado en esta compañía por más tiempo y tienes mucha más experiencia. Realmente estoy muy sorprendida. No pude siquiera acotar o decir nada. - ¿Y que le dirías? ¿Qué estas sorprendida y que crees que no eres merecedora de tal puesto? No es algo que pudieses decir- replicó Jessica, quien el rostro parecía resplandecerle, como si algo bueno le hubiese pasado en mi ausencia. - ¿Por qué en vez de hablar de mí no hablamos de ti? ¿Qué escondes? - pregunté curiosa. Podía intuir por el rubor que le cubría las mejillas a mi amiga, que seguramente se había encontrado con Josh, uno de los secretarios del contador. - Josh me invitó a cenar el viernes por la noche- murmuro y me alegre oír eso. Finalmente, Josh se animó a hacerlo luego de incontable cantidad de tiempo de flirteos, mensajes y llamadas- Pero tendré que rechazarlo- acotó con tristeza. - ¿¡Qué!? ¿Acaso has enloquecido? ¿No quieres salir con él? - supe que la estaba atosigando con una catarata de preguntas y contuve mi lengua. - No tengo con quien dejar a Justin- replico apenumbrada- - Tu irás a esa cita y yo cuidare a Justin. No puedes perder esta ocasión, sé cuánto te gusta Josh – me ofrecí rápidamente. - ¡Oh, Emy! ¿Harías eso por mí? - inquirió esperanzada. - Claro que sí. Ahora solo tienes que pensar que ropa te pondrás. Deberías comprarte lencería erótica- sugerí maliciosamente. - Tienes razón. La última vez que estuve con un hombre fue hace tanto tiempo que mis bragas y sostenes se han envejecido- Aunque Jessica se reía e intentaba ponerle un toque de humor a sus palabras, sabía que eran ciertas y que estaba nerviosa por lo que pasaría en solo dos días. Luego de un breve almuerzo, guarde en una pequeña caja de cartón las dos únicas fotos que tenía sobre el escritorio, la de mi familia y la de mi perro; una taza y mi agenda. Era difícil decirle adiós a este lugar. Ya no estaría contenida ni rodeada por los paneles del cubículo. Ni llena de pequeños papelitos de colores para no olvidarme todo lo que tenía que hacer. Ahora solo estaría bajo las órdenes de un solo jefe, que, para mi mala suerte y vergüenza no sabía siquiera quien era porque entre mi nerviosismo e incomodidad, me olvide de preguntar su nombre. Mi única certeza hasta ese momento era lo especificado en el contrato. Caminé con rapidez hacia los ascensores ante la mirada inquisidora de algunos y de envidia de otros. Los rumores de mi traslado podían ser comparados con los de una epidemia que se expande rápidamente. Quizás alguien escucho detrás de los paneles de los cubículos cuando hablaba con Jessica, no lo sé, pero la noticia se esparció velozmente. Al menos no tendría que seguir lidiando con los cotilleos incesantes, pensé y, aunque si extrañaría a Jessica, supe que estaría más tranquila. Este ascenso significaba mucho para mí. No solo significaba que obtendría mayor experiencia si no también hacía que me sintiese orgullosa de mí misma. No era una persona inútil o buena para nada. Me recibí con honores y, aunque no tenía mucha experiencia en esta compañía, logré un maravilloso, descabellado e increíble ascenso gracias a mis propios méritos. Podría aspirar a algo más cuando terminara mi doctorado. Era capaz y aprendía con rapidez, si bien estaba insegura y temerosa con mis nuevas responsabilidades ¿Podría opinar lo mismo de mi ahora el señor Spiro Mitsotakis? O ¿mantendría sus palabras y sostendría que era una caza-fortunas buena para nada? - ¡Al diablo! - murmuré cuando ingresé en el ascensor. ¿Por qué tenía que seguir pensando en esa persona cuando el futuro cercano parecía brillarme? ¿Qué me importaba si cambiaría o no la opinión que tuvo de mi en algún momento? Claramente Xander no se acordaba ya de mí y de lo nuestro ya en el encuentro ocasional del otro día lo demostró, y su padre francamente, no me importaba. Xander, al principio, sé me busco durante cierto tiempo luego de que me fuese de Boston, pero nunca acepté sus llamadas ni contesté sus mensajes. Era doloroso escuchar su voz porque lo amaba. Llegué a amarlo en poco tiempo, unas semanas o menos. Pero rápidamente supe que éramos de mundos diferentes y su padre me lo hacía saber en cada oportunidad que tenía. Pero a pesar de todo él no se alejaba de mí y en un momento creí que eso me era suficiente, comprendí poco después que estaba totalmente equivocada. ¿Habia sido un fugaz enamoramiento adolescente? Si, podía ser, pero eso no lo hizo menos doloroso.
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