Capitulo 3

1613 Words
- Emily, ¿Qué haré si me despiden? - pregunto apesadumbrada Jessica mientras ingresaba a mi cubículo. Era la única persona a quien escuchaba sus lamentos porque realmente entendía su situación ya que, siendo madre soltera, es la única persona que sustenta a su hogar y a su pequeño hijo. - No te despedirán Jess, trabajas aquí desde hace siete años, y por lo que te conozco jamás has llegado tarde y eres una persona muy responsable. Creo que, siendo yo una persona que ha comenzado a trabajar aquí hace menos tiempo que tú, tengo más posibilidades de ser despedida en todo caso- emití intentando darle ánimos y calma. - ¡No digas eso! - contesto Jessica elevando un poco la voz, pero al percatarse de ello, suavizo su tono- Eres una gran ayudante, haces horas extras y además siempre estas atenta a ayudar a quienes lo pidan, no pueden despedirte. es más, hace dos años que trabajas aquí, deberían ascenderte de una buena vez. Eres licenciada en literatura inglesa con un doctorado en proceso, no deberías estar en este cargo- - Si pueden. No creas que a estas personas les tiembla el pulso. Aquí creo que nadie es imprescindible, pero ¿Sabes? no me molesta ni me enojaré si toman la decisión de echarme. Creo que si el destino lo quiere así es porque me depara algo mejor – le dije, pero también quería convencerme a mí misma de que si algo así sucedía, era porque esto no estaba destinado a mí. Algo inundaba el ambiente además del malestar generalizado. Algo que no podía definir pero que me provocaba incomodidad, tanto como para hacer que mi estomago se contrajese. Los dichos de Jessica aun flotaban dentro de mi cabeza. "Despido" era una palabra muy fuerte. Si eso sucedía tendría que comenzar otra vez. Buscar trabajo, conocer otras personas, acomodarme a nuevos ritmos y aprender sobre las reglas implícitas que existen dentro de una oficina, y, además, con la crisis económica existente, las cosas se complicarían mucho más. Sería algo realmente tedioso y, para ser franca conmigo misma, no quería que me despidiesen. Estaba acostumbrada a estar aquí, dentro de estos paneles y rodeada por gente que, mayormente, soportaba. Pero no podía permitirme estar deprimida, no si no existía algo concreto para entristecerme. Ya tenía más que suficiente con escuchar los constantes murmullos cargados de comentarios pesimistas, maliciosos y egocéntricos de ciertas personas. Durante los últimos días ¿Cuántas veces oí la frase "No deberían despedirme a mí porque soy alguien esencial"? ¿o esos dichos repugnantes y acusatorios de a quien debían despedir? Podía jurar que perdí la cuenta. La repetición de esas preguntas o esos dichos se iban tornando más frecuentes e insoportables. Quizás yo estaba siendo muy intolerante, pero realmente, eran agotadores. Intentaba hacer caso omiso a la mayoría de lo que escuchaba, y no participaba en los cotilleos ocasionales. esa era mi forma de alejarme de los problemas. Ya tenía suficiente con mis propios dilemas como para cargar con más. Cerré mis ojos y froté mi sien con los dedos. La cabeza comenzaba a dolerme. Tenía que comprar comida para Pocky, el perro callejero que adopté hacía unos pocos días a pesar de la reticencia del encargado del edificio, con quien a su vez debía de hablar para que reparara el lavabo roto y hacer la colada ya que la ropa sucia se estaba acumulando. - Emily Donovan- dijo una voz demasiado firme, pero al mismo tiempo femenina, me atrajo a la realidad haciendo que levantase el rostro rápidamente para observarla. Una mujer alta, de gafas de diseño, el cabello castaño recogido de forma extremadamente tirante, aspecto sumamente profesional y labios carnosos se encontraba frente a mí. Debería estar en sus treinta y tantos años y emanaba una gran seguridad y confianza en sí misma, pero a pesar de su belleza y su aspecto, no me agradaba. - ¿Sí? - respondí rápidamente en el tono más neutro que pude. - La solicitan en el piso onceavo. Por favor diríjase allí en este momento. Sin saludar, sin presentarse y sin siquiera despedirse, la eficiente empleada se marchó haciendo resonar sus tacones en el suelo. Pero todo eso me parecía irrelevante en ese momento. Mi estomago volvió a contraerse por segunda vez en esa mañana. El piso onceavo era el departamento legal de Harris John y si me solicitaban de allí no podía significar algo bueno. Me erguí de mi asiento lentamente y observé como la empleada que se había presentado ante mí se marchaba. Creo que se llama Bárbara Black. Formaba parte de la nueva camada de trabajadores de la compañía, pero por supuesto, ella no era como nosotros una más del montón, era nuestra nueva supervisora, y aunque no me agradaba demasiado, debía admitir que su puesto encajaba perfecto con su personalidad fría y que por lo que había escuchado, trabajaba de forma excelente. Me levanté de mi asiento y alisé la camisa rosada que hoy tenía puesta. Respiré profundamente y con paso rápido, tanto como mis tacones de siete centímetros me lo permitían, me dirigí hacia el ascensor que, a esa hora, para mi suerte no estaba siendo utilizado con frecuencia. Mi mente, sin poder evitarlo, evocó aquel día en el que ingrese por la enorme entrada de la empresa y luego la firma del contrato. Había transcurrido ya tanto tiempo, pero podría jurar que para mí solo fue un abrir y cerrar de ojos. Y ahora estaba allí, caminando hacia las oficinas de los abogados, pero en esta ocasión sabía que quizás no podría irme del recinto felizmente como en la última y única vez que estuve allí. La recepción se encontraba tal cual la recordaba. Estéril. carente de vida real, salvo por las personas que trabajan en este lugar. Grandes ventanas, pisos claros, puertas oscuras. - Buenos días, me han solicitado que me apersone aquí- dije calmadamente a la misma recepcionista que aquel día me acompaño hasta la puerta de la oficina del señor Zucker. - Si- respondió rápidamente la secretaria, sin saludar tampoco- el señor Zucker la está esperando. La secretaria se ensimismo nuevamente en su trabajo antes de que pudiese darle las gracias y en parte era mejor así. Al menos no tenía que fingir una sonrisa ante la falta de modales que aparentemente todos estaban teniendo el día de hoy. La pequeña sala de estar del despacho del señor Zucker parecía contener un poco más vida, podía apreciarse algunos cuadros, imitaciones de obras de arte famosas de Van Gogh y Monet y algunas plantas de interior. En el fondo podía escucharse los murmullos de algunas personas, el tipeo de algunos dedos ágiles contra el teclado de una computadora y los insistentes llamados. Pero algo aún estaba en el aire, esa incomodidad que no me dejaba pensar en otra cosa. Me despedirían. Era innegable y doloroso. Pero ¿Qué podía hacer? Absolutamente nada. Y la impotencia de no tener ninguna chance de modificar mi situación, era lo que más me molestaba. - Señorita Donovan- una voz gruesa me atrajo a la realidad- pase por favor. El señor Zucker era un hombre de seguramente pasado los sesenta años. Su cabello estaba completamente cano y arrugas marcadas cubrían su rostro y sus manos, pero aun así mantenía su porte. La espalda recta contra el respaldo de la silla mullida, sus enormes e inteligentes ojos grises denotaban que en un momento de la vida fue un hombre muy bello. Pero algo estaba diferente en él. Parecía estar mucho más avejentado desde la primera vez que nos vimos. - “El tiempo pasa para todos”- pensé en mi fuero interno. - Siéntese, por favor- dijo el señor Zucker- Debe estar nerviosa con los cambios que están ocurriendo en la compañía, pero antes de comenzar a hablar quiero aclararle que su puesto no está en peligro por lo que no debe preocuparse. - ¡Oh! - Exclame. Solo un monosílabo carente de sentido, pero si lleno de alivio. Aunque si estaba más tranquila al saber que no me despedirían, aún existía algo que me incomodaba, ¿Para qué me habían llamado si no era para echarme de la compañía? - Bien, dicho esto, iré directamente al grano. Como vera, la compañía se está reestructurando de modo que han estado en la búsqueda una persona que pueda tomar el puesto de asistente de una de las editoras, ya que se habilito un puesto recientemente. Luego de una minuciosa y exhaustiva búsqueda y de leer los expedientes se ha decidido que usted es quien debe asumir ese puesto; claro si usted está de acuerdo. Nuestros superiores creen que usted tiene los requisitos que buscan- El señor Zucker habló rápido, sin dubitaciones. - Por supuesto- acepte rápidamente, aunque mi mente era un torbellino de ideas, preguntas y por supuesto de una embriagadora sensación de felicidad. Pero también de habitaba en mi cierta inseguridad, la misma que a veces era culpable de ataques de ansiedad. No dudaba de mis habilidades o conocimientos, pero sabía que ser asesora sería una gran responsabilidad y yo solo ocupaba un puesto administrativo menor hasta ese momento. - Excelente. Es una gran oportunidad señorita Donovan, podrá adquirir mucha más experiencia y por supuesto gozará de un mejor sueldo. - dijo mientras me tendía varias hojas señalándome con el dedo índice donde debía posar mi vista- Aquí tiene el contrato en el que menciona cuáles serán sus funciones en el nuevo puesto que tendrá. La dejaré sola para que pueda leer el documento con tranquilidad. Volveré en unos instantes para saber si tiene dudas referentes al mismo. - -S... Sí, gracias- murmuré para no quedar descortés.
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