Capitulo 8

1287 Words
No, tenía que ser fuerte, por más que mi corazón explotase al verlo. Tenía que poder soportar trabajar a su lado, aunque no quisiera. Era una profesional y como tal podía ser capaz de sortear las dificultades que se presentasen. Solo tenía que pensar que Xander era un jefe como todos los demás, ¿eso debía de funcionar, cierto? El ascensor se abrió y Xander hizo que ambos ingresáramos al mismo, haciendo que el espacio pareciera mas pequeño y el aire mas denso. - ¿Qué piso, Emily? - dijo Xander sacándome de mi introspección y de mi autocompasión. Habia cosas peores en la vida por las cuales uno tendría que hacerse problemas. Esto no significaba nada. - Al numero 22- murmure mientras él oprimía el teclado el número que le mencione - Debo buscar mis cosas- dije a modo de explicación y no entendí porque se las daba. Este día había empeorado tanto que debía esforzarme por no gritar y patalear como una niña pequeña. Las puertas del ascensor se abrieron una vez más y salí del rápidamente. Necesitaba un poco de espacio, aunque fuesen tan solo unos segundos; pero al ver la mirada de Holly curiosa y sorprendida al notar que Xander estaba fuera del ascensor esperándome y trabando el ascensor para que este no se cerrase; deseé no haber tenido que salir del ascensor ni soportar su mirada, seguramente luego sería la comidilla en los cotilleos y lo odie. Pero, ¿me importaba lo que opinasen de mí? Seguramente ni siquiera volvería a pisar este edificio. Tome mi caja, la misma que ni siquiera había podido desempacar y observe una vez más el sitio en el que no trabajaría y a las personas que no conocería. Tenía frío, pero la chaqueta que tenía sobre la caja no me hubiese proporcionado el calor que necesitaba en esos instantes. Todo era surrealista y sentía que la situación, al sobrepasarme, me había anestesiado. Cada uno de mis movimientos eran automáticos, como un robot programado para caminar y dar respuestas básicas. - Voltéate, te ayudare a ponerte la chaqueta- Dijo Xander una vez que estábamos nuevamente en el ascensor, y su voz ya no sonaba fría o enojada. - puedo hacerlo sola- sugerí, pero mi voz y mi cuerpo temblaban. - no dije que no pudieses, solo quiero ayudarte, ahora date la vuelta- Ya su voz no era fría, sino mucho más suave. Xander se acercó más a mí y la electricidad del ambiente parecía reunirnos. Me avergonzaba tener que dejar que me pusiera mi viejo abrigo de cachemira que anteriormente perteneció a mi madre, pero no podía darme lujos en gastar dinero en ropa nueva ni mucho menos costosa. Quizás, el próximo mes, cuando cobrase mi nuevo sueldo podría, mientras tanto me bastaba con algo que me abrigase durante los primeros fríos del otoño. Deje lentamente la caja sobre el suelo del ascensor y me acerque a él. Me volteé y poco después sentí su presencia detrás mía. Podía aspirar su olor. Perfume sutil, dulce, masculino y crema para después de afeitar. Pase, nerviosamente, mi mano por cada manga del abrigo y cerré, con dedos temblorosos, cada botón. Pero cuando terminé y estuve lista, no me moví al ver que él tampoco lo hacía. Sentí sus manos cálidas reposar en mis hombros y su cuerpo aún más cerca del mío. Quería que me abrazara y él pareció leer las reacciones silenciosas que emitía cada poro de mi cuerpo porque deslizo sus manos y se abrazó a mi cintura. - Xander, no...- murmure al sentir su respiración en mi oído. Él tenía que agacharse bastante para estar abrazado así a mí, pero no parecía molestarle. - Shhh- chisto- Solo quiero sentir que este momento es real. – agregó y yo no pude responderle. Mi corazón bailaba dentro de mi pecho y juraría que podía escucharse en el silencio del elevador. Sus palabras, una vez más, me derritieron. Él era consciente de lo que hacía, siempre diciendo lo que quería oír, lo que necesitaba oír. Pero ¿Podía condenarlo por este abrazo? Claro que no. Yo también soñé con esto y lo deseé. Quería sentir sus abrazos y mucho más que eso. Pero las palabras que se quedarían eternamente en mi interior. Nunca verían la luz. Jamás escucharía una respuesta ante mis deseos. No podía dejar que Xander lo supiera. Él era fuego y yo me quemaría, de nuevo, si lo dejaba ingresar nuevamente en mi vida. El sonido del ascensor deteniéndose hizo que, finalmente, el hechizo al que fuimos sometidos se rompiese. Xander se alejó, reacio y sumamente lento. Prolongando que mi sangre corriese por entre mis venas mucho más rápido y que el calor invadiese cada resquicio de mi anatomía. - Señor Mitsotakis, el auto ya está listo- dijo una mujer alta, rubia y muy guapa que nos esperaba en el hall del edificio. - Gracias Alice- respondió fríamente Xander más por su estirada cortesía que por sus deseos de agradecer. Pero claro, Alice ni siquiera se inmuto ante el tono de voz o no lo noto. Solo se limitó a hacer una limitó con su cabeza mientras se sonrojaba como colegiala ante la presencia de Xander. Él tenía ese efecto en las personas del sexo opuesto, pero nunca antes me había enojado tanto como en ese momento. Deseche esos pensamientos rápidamente. No podía darme el lujo de soñar o de tener celos. Quizás en la soledad de mi casa pudiera hacerlo, pero no aquí ni mucho menos frente a Xander, el hombre que podía leer mi mente y mis reacciones sin tener ningún tipo de don extraordinario, solo una muy particular conexión con mi ser. Alice se marchó lentamente para dejarnos a solas nuevamente, pero ya no éramos los mismos que hace unos minutos atrás. Yo me aleje de él evitando así ser abrazada por un imprevisto, pero muy deseado abrazo nuevamente. - ¿Nos vamos, ágape Mou? - ¿Por qué tenía que sonar tan seductor? y ¿Por qué sentía que mi piel se encandilaba ante sus palabras? En el pasado él siempre me decía que era su amor, y yo siempre me derretía ante sus palabras. - Llámame por mi apellido o por mi nombre en su defecto. No soy tu "ágape Mou"- replique intentando sonar molesta y para mi suerte el tono que utilice era el correcto porque Xander me miraba, ceñudo y sus labios formaban una delgada línea tensa. - Lo eres para mi- contestó intentando contener la furia que exudaba por sus poros. - ¿Tienes novia Xander? - ¿Por qué le preguntaba algo como eso? No debía de inmiscuirme en sus asuntos personales, pero aun así mi propio cerebro, traicionero, y la curiosidad hicieron que las palabras salieran solas sin darme tiempo a evitarlas. Esto era un error, pero ya no podía volver el tiempo atrás y no decirlas. - No he tenido ninguna desde que te fuiste- replicó con enfado sin siquiera dudar. - ¡Claro! y yo soy una cría para creérmelo ¿Cierto? Seguramente te has acostado con cuanta mujer se te cruzo en el camino- contesté molesta. No, eso no estaba bien. Lo sabía, pero, en cierta medida, ver a las mujeres como Holly en la reunión y luego a Alice babear por él, encendieron un interruptor en mí, activando unos celos que no debía sentir, pero que no podía negar. Yo necesitaba saber, aunque lo intuía. Una alarma, muy en el fondo de mi mente, me advertía de que debía de callarme y no decirle nada más, pero no quería ni podía ya hacerle caso. Xander se veía confuso y molesto. El daño estaba hecho. solo debía sortear las consecuencias de mi exabrupto.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD