Capitulo 9

1350 Words
- No fueron tantas, pero ninguna ha sido más que sexo- la confirmación a mi afirmación dolía más de lo que hubiese querido y sentía que me sentía una idiota por sentirme triste y enojada. - ¿Y tú? - pregunto arqueando una de sus cejas. ¿Cómo decirle que nunca mire a otro hombre con el deseo que lo mire en su momento a él? No podía decirle que jamás intimé con nadie porque ni siquiera tuve más de una cita con el mismo hombre más allá de Giovanni, y solo salí varias veces con él porque no se enojaba al no terminar en mi cama. No podía, no quería auto humillarme diciéndole que no tuve sexo con nadie. Esta conversación debía de terminar antes de que me sintiera mucho más herida de lo que estaba. - Estoy saliendo con alguien- replique molesta. Era una mentira. Una mentira blanca, pero mentira al fin. Pero solo así podía salvar, lo que me quedaba de orgullo; además él no podría saberlo, ¿Cierto? - Mientes- Xander se veía amenazante con los ojos entrecerrados y tenso. - No. No miento y esta discusión es absurda. No tenemos por qué discutir sobre nuestras vidas personales. Lamento ser quien haya sacado el tema a colación, pero no volverá a pasar. Tu eres mi jefe y yo solo tu empleada no existe ni existirá nada más- Descargue un breve y conciso discurso para cortar por lo sano algo, que, a ninguno de los dos, nos haría bien. - Vámonos- respondió Xander alejándose. No sé si fue obra del destino o de Xander mismo, pero podía presentir que una tormenta se avecinaba en mi vida y mi corazón, como antes, volvería a salir herido de ella. No volvimos a hablar mientras caminábamos hacia el exterior del edificio ni cuando fuimos conducidos por la ciudad. En mi interior se lo agradecí, porque tenía tiempo para pensar en todo lo que me sucedió en tan poco tiempo. En mi defensa, jamás hubiese podido saber que el grupo inversor extranjero era de la firma Mitsotakis puesto que no tenía su nombre y realmente, no tenía mucha idea de los negocios que podría tener su familia o él mismo, aunque si sabia que eran ricos e influyentes en las altas esferas de nuestra sociedad. La ciudad pasaba frente a mis ojos y la realidad se iba asentando. Esta era mi vida ahora y tendría que lidiar con ella. Tal vez, en el futuro, Xander se aburriría y dejaría de insistir en el pasado, pero, aunque quería en ello, sabia que eso no iba a ser así. Si diez años después aun me pedía explicaciones, dudaba que un poco tiempo juntos lo harían olvidar o tal vez simplemente dejarlo pasar. Llegamos a un edificio sumamente moderno y fuimos conducidos hasta el estacionamiento subterráneo y en las sombras de este pude mirarlo de reojo. Sentía que yo no lo afectaba como él a mí. Su proximidad en el auto, pese a que existía cierta distancia entre ambos, hacia que mi pulso se acelerara y que el calor invadiera cada parte de mi cuerpo. Pero por supuesto él parecía no notarlo ya que estaba demasiado ensimismado en la laptop que tenía entre sus rodillas, con la que, seguramente estaría trabajando y con su celular. Pero era mejor que ni siquiera notase mi presencia. Podía así mirarlo disimuladamente y evocar el pasado. Sus labios gruesos y generosos siempre me habían provocado enormes ganas de besarlo, aunque él jamás lo hizo, aunque decía que era su novia; sus espesas y semi-rizadas pestañas negras siempre me gustaron, pero me gustaban más sus ojos verdes centellantes de fuego y calor cuando algo le agradaba o la furia que despedían cuando era molestado. No, no tenía que seguir soñando con él. No podía permitirme fantasear al estar a su lado. Ambos no éramos los mismos de hace diez años. Él seguramente solo quería vengarse de mí por no haberle dado una razón para dejarlo y por haberle herido en su orgullo al irme sin ninguna explicación. No conservábamos el amor que nos tuvimos y que, Xander, siempre me había profesado. Pero, aunque lo amé con locura, jamás pude decirle lo que sentía. Tenía miedo, de cómo podría reaccionar, de que finalmente se diera cuenta de que yo no era la adecuada para él y por ello, me rechazara. Yo era muy inmadura y él ya se estaba convirtiendo en el hombre que era. Si bien no lo hablamos antes, seguramente antes de mí, tuvo amoríos y romances fugaces, con una vida que yo desconocía, rodeándose de gente totalmente diferente a mi o a mi familia. - Llegamos- murmuro cuando el auto se detuvo. No le conteste absolutamente nada. Me limite a bajar del carro lentamente y después recogí mi bolso y la pequeña caja de cartón. Me sentía muy cansada. Todos lo que ocurrió hasta el momento me había dejado absolutamente exhausta. El cambio de trabajo, la aparición de Xander, las amenazas para que firmase un contrato, el abrazo fugaz que compartimos, la discusión por nuestras relaciones, el viaje hasta la nueva oficina, todo era demasiado para mí y no quería derrumbarme. - ¿Qué sucede? - inquirió preocupado y su tono de voz tan suave igualmente me sobresalto. - Nada, estoy bien- susurré. Mi voz sonaba horriblemente triste, tanto que me desagradó a mí misma oírla. - No mientas, estas pálida ¿Te sientes bien? - inquirió agachándose para tomar mi rostro entre sus manos, pero yo di un paso hacia atrás, ganándome una mirada desaprobadora y un ceño fruncido de mi ex – pareja. - Solo me encuentro un poco cansada- murmure y no estaba mintiendo. Xander se limitó a observarme con esa mirada que siempre utilizaba para que nadie pudiese leer sus pensamientos y me arrebato la caja de entre mis brazos para llevarla el mismo, mientras que la otra mano libre tomaba mi brazo y me instigaba a caminar a su lado hacia el ascensor. No había nada erótico en esa situación, pero, pese a las capas de ropa que cubrían mi piel, su tacto quemaba. Entrecerré mis ojos cuando estuvimos dentro del elevador mientras intentaba que mis pensamientos se encaminasen en otra dirección; pero todo fue en vano. Cuando su mano soltó mi brazo y se transportó a mi nuca, encendió mis sentidos. No intente decirle que se alejara ni abrí mis ojos. Estaba cansada de luchar contra él y contra mí misma, y al mismo tiempo sabía que si decía o pensaba que no me gustaba sentir sus dedos acariciando mi cuello o rozando el lóbulo de mi oreja, sería una hipócrita y él me lo haría notar. Quería que ese momento fuese eterno. Que dejase la caja en el suelo, que me tomase entre sus brazos y me besara hasta dejarme sin aliento. Pero por supuesto, nada ocurrió y las puertas del ascensor se abrieron un tiempo más tarde. ¿no podía ser más contradictoria? En un momento quería alejarme de él, fingir que ya no sentía nada y al otro segundo fantaseaba con besarlo. Una sala enorme con enormes ventanales que iban desde el piso al techo, se presentaba ante mis ojos. Sillas mullidas de color n***o, un espacioso escritorio de madera lustrosa, una cafetera y la preciosa vista a la ciudad de Washington harían contener el aliento a cualquiera, incluyéndome. Pero Xander parecía que no le importaba la vista o lo que yo pudiese pensar o querer. Dejo la caja sobre el escritorio rápidamente, pero con delicadeza y se acercó nuevamente a mi lado para tomar mi brazo e instigarme a caminar, para que cuatro segundos después abra una enorme puerta e ingresar así en su oficina. Sin siquiera dejarme decir o replicar algo, me insto a sentarme en un sofá enorme, donde cabrían fácilmente dos personas acostadas cómodamente. - Veo que el color n***o sigue siendo tu favorito- masculle ante las libertades que Xander se atribuía sobre mi persona en forma de protesta. Sabía muy bien que le molestaba cuando alguien criticaba sus gustos, pero no me importaba.
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