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3443 Words
Soltó un suspiro mientras pasaba sus manos por el césped que se mecía de lado a lado entre sus manos, el viento agitando las plantas con suavidad. Era un día soleado, pero no uno en donde los ojos y la piel sufrieran por sus rayos, sino uno que daba confort ante la ligera ventisca que mecía los árboles, una que lograba brindar el equilibrio entre el calor y el frío. No sabía si ese clima había sido hecho específicamente para él en ese día tan complejo, pero intentaba pensar que, al menos, el mundo intentaba compensarle de alguna forma todo lo que lo hacía pasar, sin él quererlo, realmente. Y él pensaba que el mundo le debía muchas cosas, aunque sonara muy egocentrista de su parte, pero era algo que pensaba constantemente. El mundo le había entregado características que, en definitiva, el no deseaba poseer. Le había brindado un obstáculo en su vida, algo que no lograba el que pudiera tener una vida normal, con problemas normales de cualquier adolescente. Algunos lloraban porque sus parejas los terminaban, porque habían reprobado alguna materia. Cuando se molestaban, sus reacciones voluntarias eran controlables, no debían temer el causar un desastre que pudiera terminar con la vida de muchas personas, muchas personas importantes. Nadie tenía ese tipo de problemas, solo él. Y por eso sentía que el mundo o quien fuera, le debía una muy grande. Ya que gracias al destino o cualquier cosa que le haya brindado esos sufrimientos, debía estar muy feliz por ver el completo desastre que era su vida. ―Cariño, es momento de irnos. Esa voz hizo que abriera sus ojos, enfocándolos rápidamente en la mujer que se encontraba en el marco de la puerta de la casa, viéndolo con una sonrisa que no sabría cómo describir, pero que no era precisamente de felicidad. ―Está bien, dame un momento―dijo sonriente., haciendo que su madre asintiera, dando un paso hacia atrás para después desaparecer dentro de la casa, haciendo que el menor suspirara, regresando la vista hasta sus pies. No tenía tiempo para lamentarse, dentro de las posibilidades, podría hacerlo una vez se encontrara en su nuevo apartamento, solo en la cuidad. La idea de mudarse a Seúl, de primeras le pareció bastante mala, porque toda su vida se había resumido a Daegu y él estaba completamente cómodo en su pueblo, tanto que estaba dispuesto a seguir con el trabajo familiar y dejar de lado su deseo por ser un fotógrafo profesional. Pero sus padres se habían negado completamente a que dejara de lado sus sueños por la comodidad que su pueblo le brindaba, en especial porque tenía todo el potencial para poder desenvolverse en la cuidad y ser un estudiante destacado en la universidad. Por lo que realmente no tuvo muchas opciones a la hora de elegir su futuro, de ser un agricultor como sus padres o ser el fotógrafo que quería ser. Suspiró y se levantó del suelo, limpiándose la parte de su trasero, ya que seguramente se había llenado de tierra y su madre lo regañaría, incluso lo mandaría a cambiarse de ropa y no tenía ganas de sacar nada de sus maletas. Entró a la casa con pasos tranquilos, sonriendo cuando vio a sus padres esperarlo en la sala de estar, todos preparados para poder ir a dejarlo al aeropuerto y despedirse hasta el último segundo de él. Kim Seung se consideraba una persona con suerte y desgracias a la vez, porque, aunque su mente se esforzara en hacerle pensar que su vida eran solamente desgracias, a verdad era que no y también tenía cosas y personas por las cuales agradecerle a la vida. Sus padres eran una pieza fundamental en su vida, sin alguno de ellos, probablemente ya no estaría vivo o estaría en pésimas condiciones, porque para él, ambos padres eran parte de su vida y de quién era él como persona. Siempre había tenido el amor incondicional y apoyo de ambos, siendo los mejores padres que él había conocido y no dudaba en afirmar que eran unos de los mejores en todo el mundo. Por lo que, dentro de sus desgracias, tenía sus tesoros. Y por eso mismo le dolía tanto el tener que partir a otra cuidad y no poder verlos todos los días, como estaba acostumbrado. ― ¿Estás listo? ―le preguntó su padre con una sonrisa, las arrugas a los costados de sus ojos volviéndose más notables por el gesto, haciendo que Seung sonriera. ―Creo que sí―dijo mientras se encogía de hombros. No quería mostrarse como pesimista ni transmitirles su humor a sus padres, pero claramente no era bueno fingiendo, menos con ellos, que lo conocían tan bien―Sí, estoy listo. La mayor sonrió y estiró una de sus manos para que su hijo pudiera tomarla y así acercarse en un abrazo. Ya se habían abrazado varias veces, desde el día que recibieron la noticia de que había quedado en la Universidad Central de Seúl, hasta ese momento y seguramente se volverían a abrazar en el aeropuerto, pero era algo necesario para ellos. ―No me hago la idea de que te irás, pero realmente me pone muy feliz el que puedas cumplir tus metas―dijo la mujer, emocionada. Aguantó sus lágrimas para no angustiar a su hijo, pero sus ojos permanecían brillantes―Y creo que debemos ser más rápidos o perderás el vuelo y definitivamente no queremos eso. El padre, Kim Taeyang, asintió. Tomando algunas de las maletas de su hijo para poder subirlas al auto y comenzar el trayecto. Realmente no llevaba demasiadas cosas, más que todo las cosas de uso personal, ropa y algunos recuerdos que en definitiva no dejaría. Por lo que el equipaje era liviano y los sentimientos pesados. Se regañó a sí mismo por ser demasiado pesimista y ver todo como si fuera algo terriblemente malo, cuando en realidad no lo era. Pero tampoco podía evitarlo. Subieron al auto, Seung quedando en los asientos traseros, la madre conduciendo y el padre de copiloto. ― ¿Estás nervioso? ―preguntó la mujer, Kim Sunhee, con una sonrisa ladeada, intentando no ser inoportuna con su pregunta, pero queriendo saber sobre el verdadero estado de su hijo. ―Saben que sí, realmente no estoy muy cómodo con la idea de tener que alejarme de ustedes―dijo mientras veía el paisaje por la ventana, comenzando a jugar con sus dedos en un acto nervioso, uno que seguramente no lo dejaría en mucho tiempo. ― ¿Qué es lo que más te preocupa? ―preguntó su padre, viéndolo por medio del retrovisor, intentando interpretar sus muecas. ―Saben que me preocupa lo que pueda llegar a pasar, no sé controlar mis emociones correctamente y puede que en una oportunidad prenda fuego el edificio en el que me quedaré o algo similar―dijo como si no fuera nada realmente importante, mientras se encogía de hombros. Pero todos en el auto sabían la gravedad de esas palabras y lo ciertas que podían llegar a ser. ―Pero has mejorado mucho en estos años, ya no es tan probable que algo así suceda de forma regular ¿No crees? ―Seung bufó bajito, no porque se quejara por las palabras de su madre, sino porque no podía creer cómo tenían tanta fe en él, cuando ni él mismo la tenía―No ha pasado en más de un año. El castaño tomó su celular, el cual no estaba en las mejores condiciones y observó la hora, notando que iba a llegar a tiempo. ―Eso es porque ustedes estaban conmigo, además de que no ha pasado nada interesante en mi vida en ese tiempo, como para tener algún desequilibrio emocional así de fuerte. Ahora ustedes no estarán conmigo y yo estaré solo en la cuidad, entrando a la universidad y viéndome en la obligación de socializar con personas y no solo con animales y plantas―dijo lo último mientras soltaba una risita, no siendo totalmente serio con el tema, pero siendo algo real, igualmente. ―Sabes que puedes llamarnos en cualquier momento, cuando sientas que algo negativo pueda pasar―habló su madre. ―Sé que cuento con ustedes, aunque esté lejos, eso jamás lo he puesto en duda―se mordió el labio inferior, agitando ligeramente la cabeza a los lados, intentando espantar todos los pensamientos negativos, por primera vez en ese día―Mejor no pensemos en negativo, sino no podremos dejar de pensar en eso y el primer día lejos será un asco. De acuerdo con las palabras del menor, el pequeño viaje fue más ameno al dejar aquel tema de lado. No valía realmente la pena comerse la cabeza con el tema, cuando no existía una solución significativa que pudieran implementar, por lo que simplemente se concentraron en desearle lo mejor en la universidad y darle algunos consejos para poder adaptarse en su nuevo departamento. Sus familia no era millonaria, en lo absoluto. Sin embargo, tenían una buena economía, una que les permitía el poder ayudar a su hijo con el departamento y el pago de la universidad, al menos hasta que este pudiera conseguir un trabajo y ayudar con los gastos. Por lo que ese tema no era uno que los afectara, realmente. Cuando llegaron al aeropuerto, los pasajeros a dicho vuelo tenían que comenzar a movilizarse, por lo que se acercó a sus padres y los atrapó nuevamente en un abrazo, dándoles un beso a cada uno en sus mejillas. ―Los llamaré siempre que pueda, por favor cuídense mucho―les dijo con voz ligeramente entrecortada, ya que era un niño de sus padres y sería la primera separación larga que tendría con ellos, por lo que no podía evitar ponerse un poco sentimental―Intentaré llamarles cuando llegue a Seúl. Los amo mucho. ―También te amamos mucho, esperaremos tu llamada ansiosos―dijo su madre con una sonrisa abrazada a su pareja―Cuídate y verás que todo irá bien. ―Eres fuerte ¿Bien? No debes temer sobre lo que puede pasar, vas a lograr manejarlo―fue lo que le dijo su padre antes de que comenzara a caminar hasta la línea, en donde tendrían que pedirle sus documentos y boleto. Dentro del tedioso proceso para poder abordar el avión, tuvo bastante tiempo para asimilar la situación. Se dio aire y pensó en positivo. Tenía que dejar de ser una nube gris y pasar a un arcoíris, como le decía su madre siempre. Abordó el avión en el asiento correspondiente, tocándole al lado de una mujer con un bebé. Eso no le significaba algún problema, pero esperaba que el bebé no fuera muy ruidoso, para la tranquilidad de su madre y todos en el avión. Igualmente, se colocó los audífonos que el avión le había entregado como regalo y se los colocó, comenzando a escuchar un poco de música, para dejar pasar el tiempo. Después de un tiempo, en donde las indicaciones de vuelo habían sido entregadas y tuvo que dejar su celular, el despegue fue bastante tranquilo. Por un momento pensó en que, la ventaja de tener capacidades diferentes o “poderes” como sus padres los llamaban, no tenía el temor de morir tan fácilmente. Quería verle el lado positivo, así que anotó esa primera en su lista mental. El viaje no era de tantas horas, por lo que no tuvo reales intenciones de dormir, sino de ver el paisaje y escuchar música. El bebé que estaba a su lado comenzaba a estirar su pequeña mano hacia a él, para poder tomar el cable de sus audífonos y tirar de él. Seung se dio cuenta de ello y soltó una risita, alejándose del bebé para que no hiciera lo que tenía planeado. Cuando pensó que el viaje sería de lo más relajado, el mismo bebé que tenía a su lado comenzó a llorar de forma estridente, haciendo que a más de uno le diera un ligero dolor de cabeza. El llanto era bastante agudo, por lo que muchos comenzaban a mirar hacia atrás, molestos por el ruido. La madre intentaba de todo para poder calmar a su bebé, pero realmente se le estaba dificultando. Seung hizo una mueca y miró al bebé, el cual tenía el rostro a su dirección, ya que su madre le daba palmadas en la espalda mientras intentaba calmarlo. ―Está siendo un viaje difícil para él  ¿No? ―le preguntó a la mujer con una sonrisa de lado, haciendo que la mujer lo viera con pena. ―Lo lamento mucho, normalmente es bastante tranquilo―dijo mientras comenzaba a mecerlo lo mejor posible, el llanto continuando. ― ¿Puedo intentar ayudarla? ―le preguntó con cautela, no queriendo que sus intenciones se vieran malinterpretadas, porque en definitiva no tenía esa intención. La mujer dudó un poco, pero realmente estaba bastante desesperada por calmar a su bebé, porque no quería tener problemas con las personas del avión, las cuales ya le estaban mirando mal, como si ella tuviera la culpa. ― ¿Tienes experiencia con bebés? ―le preguntó mientras extendía sus brazos, tendiéndole el bebé a Seung, quien lo tomó con cuidado. ―Tengo hermanitos, así que he tomado algo de experiencia con ellos―mintió, porque realmente era un mimado hijo único y poca experiencia había tenido con bebés en toda su vida. La mujer asintió, pendiente de cualquier movimiento. Tal vez no lo había logrado comprobar con bebés o personas, pero en definitivamente había logrado verlo en animales. No sabía cómo, como no conocía sobre la mayoría de las cosas en su vida, o de qué forma había desarrollado esa capacidad, pero una vez logró hacer dormir a una vaquita bebé, solamente relajándose y pensando en hacerla dormir. Lo hizo nuevamente con unos pollitos y había funcionado. Por lo que cerró sus ojos y comenzó a balancearse de lado a lado, suavemente, teniendo en su mente el deseo de hacer dormir al bebé. La madre vio todo con asombro, el chico se mecía suavemente y su bebé comenzaba a disminuir su llanto, como si el chico hubiera encontrado el motivo principal de su llanto y lo hubiera solucionado con tan solo mecerlo. Aunque ella estuvo haciendo eso por varios minutos y no había surgido efecto. El bebé apoyó su cabeza en el hombro de Seung y comenzó a chupar su dedo pulgar, el sueño atacándolo suavemente, haciéndolo dormir en poco tiempo. ―Oh por Dios―jadeó la mujer con una sonrisa, haciendo que Seung la viera, sonriéndole― ¿Cómo lo hiciste? Se durmió casi de inmediato. Claramente Seung no podía decirle: “Es que tengo capacidades especiales que me permiten hacer varias cosas, como dormir personas, por lo que tuve que usar de mis “poderes” para poder hacer que descansara” Por lo que simplemente le dijo: ―Si usted está nerviosa, el bebé lo estará también. Es importante estar calmada y así es más fácil el hacerlo descansar―dijo mientras colocaba sus manos en la espalda y cabeza del bebé, para poder entregárselo a su madre. El bebé no despertaría en, mínimo, dos horas, por lo que la madre podía estar tranquila en el resto del viaje. ⚫⚫⚫ No sabía en qué momento del viaje se había dormido, pero se dio cuenta cuando la madre del bebé le había avisado que debían bajar del avión, ella sonriéndole con su bebé en brazos, el cual estaba despierto también. Le agradeció por haberlo despertado y se apresuró a tomar la maleta que había colocado en el compartimiento de arriba, sintiendo los nervios que había dejado atrás nuevamente. Se bajó y comenzó a caminar hasta la estación en donde podría encontrar los taxis, dándole la indicación al conductor para que llegaran al edificio en donde se quedaría, su departamento siendo totalmente desconocido para él, ya que sus padres no le habían comentado demasiado sobre el interior. Se sentía nervioso, emocionado y hambriento. El último era el que más le ha incomodado en el viaje, pero sinceramente no tenía muchas ganas de comer más cosas de avión, no le apetecía enfermarse. La cuidad era muy bonita y eso es algo que siempre había destacado, no podía negar que era un ambiente al que siempre quiso pertenecer, aunque sea de forma momentánea. Había muchos lugares en donde podría hacer fotos increíbles y también donde podía simplemente estar. Tenía muchas ganas de comprar su nueva cámara y comenzar a disfrutar. Su vieja cámara no era de utilidad para la universidad y eso era algo claro, por lo que habían reunido lo suficiente como para que pudiera comprarse una buena para sus estudios, ya que, al fin del cabo, sería su herramienta más importante en su carrera. El camino fue relativamente corto, llegado al bonito edificio en poco tiempo. El taxista le ayudó a bajar sus cosas del auto y luchó con sus maletas solito en la entrada, viendo con una sonrisa la entrada. Subió unos pocos escalones y un hombre le abrió la puerta de cristal, ayudándole con una de las maletas con ruedas, haciendo que Seung sonriera. Se fijó en el aura del señor, sintiéndose confiado al no ver malas intenciones. ―Vienes algo ocupado ¿No? ―le preguntó con gracia, haciendo que Seung riera también. ―Un poco, vengo a mudarme―comentó como si nada, haciendo que el señor sonriera más. ―Oh, perfecto. Pues nos encontramos en el momento indicado―dijo mientras arrastraban las maletas, yendo a recepción―Mi nombre es Lee, soy del personal de limpieza, pero también ayudo a las personas en apuros cuando sus maletas son más grandes que ellos mismos. Seung soltó una risita, sintiéndose cómodo con Lee. ―Pues me alegra mucho haberlo encontrado y muchas gracias. ―No es nada. Tienes que pasar a recepción para poder llenar los datos y que te entreguen el código de la puerta―dijo Lee mientras le señalaba el escritorio de la mencionada, quien le sonrió. ―Ok, gracias. Seung ocultó su sorpresa al escuchar que la puerta tenía código, no es que el fuera un desactualizado con la tecnología, pero en definitiva jamás había escuchado de puertas con códigos en departamentos. Y el edificio no era lujoso, sino que era bastante bonito y hogareño. Completó la información, ya que, al ser mayor de edad, las cosas eran más fáciles para él. Normalmente las personas de su edad ya habían comenzado la universidad o tenían un nivel un poquito más avanzado, pero él no había tenido el deseo tan grande como para ir a la cuidad y estudiar lo que quería. Claramente en Daegu había universidades, pero no estaba la carrera que él deseaba. A sus 21 años muchas cosas estaban claras para él y la carrera a la que quería dedicarse en toda su vida, era una de esas cosas que habían quedado más claras con los años. Por lo que se sentía seguro. ―Muchas gracias. Lee esperó a que Seung se subiera al ascensor y lo acompañó, dándole al botón número cinco, en donde se encontraba su departamento. ―Espero que su estadía sea de su agrado, este es un buen edificio―le dijo el amable señor con una sonrisa, haciendo que Seung sonriera también. Sin embargo, esa sonrisa se borró cuando el hombre hizo una pequeña mueca de dolor, una que intentó disimular. En su cuerpo brillo el color marrón, lo cual, para Seung, significaba enfermedad. El señor Lee estaba enfermo y no era un brillo leve. Seung colocó su mano sobre la espalda del señor, comenzando a utilizar ese poder que en pocas ocasiones había utilizado, intentando concentrarse lo suficiente sin tener que cerrar los ojos, para que Lee no se extrañara. ―Lamento eso, últimamente he tenido algunos dolores, pero no he tenido la oportunidad de ir al médico―dijo con una sonrisa triste, no siendo para nada consciente de las acciones del joven junto a él. Seung sonrió, débil. ―No se preocupe, si estos persisten, puede ir a mi departamento y lo llevaré al médico. Seung sabía que no requeriría un doctor, pero la bonita sonrisa del hombre fue lo suficiente como agradecimiento por lo que había hecho, sin ser del conocimiento del mayor. El castaño intentó no desmayarse mientras iban caminando, ya que el usar dos poderes diferentes al día no hacían más que debilitarlo, en especial el de curar, porque ese lo derrotaba por unas buenas horas. Cuando llegaron al departamento, Seung le agradeció por todo y cuando pudo cerrar la puerta, se permitió el caer al suelo. Desmayado.
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