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3346 Words
En definitiva, su primer día en la cuidad no había sido como él lo había planeado, en lo absoluto. No había tenido pensado el desmayarse en medio de su salón hasta las tres de la madrugada del día siguiente, pero eso había sido su primer día en su nuevo departamento. Se levantó del suelo con una mano en su frente, ya que seguramente había caído de cara cuando se desmayó el día anterior y probablemente ahora tendría un cuerno de unicornio como adorno en su cabeza. Bufó cuando palpó suavemente en la zona adolorida, comprobando que, efectivamente, ahora tenía un pequeño cuerno con él. Espectacular forma de iniciar su nueva vida, pensó. Igualmente, la preocupación azotó ligeramente su cuerpo, al recordar que no había tenido la oportunidad de hablar con sus padres, ni siquiera pudo avisarles que ya había llegado a Seúl, como el pésimo hijo que era. Aunque no era su culpa el haberse desmayado, claramente pudo avisarles cuando el avión aterrizó. ―Por una mierda, mi frente duele―habló para sí mismo, bufando mientras tomaba la maleta que había dejado caer y comenzando a rodarla hasta la que sería su nueva habitación. Poco cuidado había podido colocar sobre los detalles del departamento, tenía unas vistas muy bonitas de la cuidad, el lugar era lo suficientemente grande para una o dos personas y el decorado era sencillo, pero bonito. Era más de lo que pudo pedir, por lo que estaba bastante contento. Además de comenzar a desempacar, ese día tenía que ir a la Universidad de Seúl para poder recoger algunos papeles y rellenar otros, para que finalizara su proceso de inscripción después de haber aprobado, por lo que comenzó a sacar las cosas de su maleta desde ese momento, importándole poco que fueran las tres de la mañana. No les había llamado a sus padres, porque sabía que no estarían despiertos y no quería levantarlos. Por lo que simplemente tomó su celular, el cual tenía la pantalla quebrada, porque jamás había sido una prioridad para él el usarlo, viendo que tenía varios mensajes de su madre. Mamá: Cariño, llámanos cuando aterrices. Aunque estoy segura de que se te olvidará, así que mejor cuando llegues a tu departamento. 3:08 pm. ¿Cariño? ¿Ya llegaste? 5:56 pm. Holaaaa. Holaaa. Bueno, imaginaré que se te olvidó llamar. Pero no me puedo quedar tranquila hasta que me des señales de vida. 6:02 pm. Bueno, ya llamé a recepción y me dijeron que ya llegaste, no puedo creer que se te haya olvidado llamarnos, niño. No por nada tienes ese celular, aunque esté todo quebrado y no me dejaste comprarte otro mejor. Bueno, llama cuando puedas. 6:10 pm. Torció los labios ligeramente cuando leyó los mensajes, sabía que su madre estaría molesta con él, pero cuando le explicara las cosas se calmaría. Igualmente, decidió dejarles un mensaje, para que lo vieran una vez despertaran y luego pudieran llamarle. Mamá: Tú: Lo lamento, soy el peor hijo por haberme desmayado al llegar al departamento y recién haber despertado :P Hice dormir a un bebé en el avión, porque su madre estaba a nada de reventar en llanto por la vergüenza e impotencia y ya cuando llegué al edificio, curé al amable hombre de la limpieza que me ayudó a subir mis cosas, por lo que me desmayé al cerrar la puerta. Pero estoy bien. Llama cuando despierten, los amo❤ 3:30 am. Sonrió pequeño y dejó el aparato sobre su cama, continuando con su tarea de desempacar y organizar en los muebles correspondientes. Debía admitir que sus capacidades eran algo que siempre había evitado el usar, porque temía el perder el control en algún momento y causar algún desastre, porque así de desconfiado era consigo mismo. Pero algo que odiaba mucho, era el tener que organizar sus cosas desde un primer momento, por eso mismo, odiaba las mudanzas. Sabía que él tenía la capacidad de mover algunas cosas con tan solo pensarlo, lo ha hecho muchas veces de forma involuntaria y causando terribles desastres en su anterior casa, pero jamás había intentado utilizarlos para provecho propio, porque pensaba que era algo que simplemente traía desventajas. Como le decía su madre, él parecía ser una nube negra, que todo veía como negativo. Por lo que suspiró y se sentó en la cama con ambas manos sobre su regazo, mordiéndose el labio inferior mientras analizaba si era buena idea el intentarlo o no. Su físico era bastante normal. Era delgado, con una pequeña pancita que no le hacía mucha justicia. No es que le sobresaltara, simplemente era blandita. Su pelo castaño era abundante, siendo un poco rizado con su peinado de coco, pero no tan aplanado, por lo que pensaba que se veía bonito. Sus pestañas eran pobladas, bastante bonitas y rizadas, tanto las de arriba como las inferiores. Sus cejas eran un poco gruesas, pero no demasiado. Siendo una bonita armonía en lo que era su rostro, el cual no le gustaba presumir, pero pensaba que era algo atractivo. Las vecinas siempre le decían que era muy guapo, por lo que confiaba en sus palabras. El ejercicio era algo que no existía en su vida, sin embargo, debía admitir que tenía una buena resistencia por todos los trabajos que tenía que realizar en casa anteriormente, por lo que no podía quejarse, como tal. Se sobresaltó cuando mordió su labio un poco más fuerte de lo normal, causándose dolor. Retomando sus pensamientos sobre su valía la pena intentarlo o simplemente se adecuaba a la vida de un ser humano común y corriente, como quería desde un inicio. Suspiró. ―Si tengo esta mierda, al menos tengo que encontrarle el lado funcional―dijo mientras apretaba sus manos, viendo atentamente a la camiseta que estaba sobre la cama, comenzando a pensar en que esta se elevaba lentamente y comenzaba a volar hasta el mueble. Una vez vio una película de una chica que tenía el poder de mover las cosas con la mente y para ella fue tan sencillo el controlarlo, que no sabía cómo era posible. Pero claro, aquella era una película y esa era la vida real, por lo que no podía envidiar mucho. La camiseta comenzó a moverse repetidas veces de lado a lado, haciendo que Seung se pusiera nervioso. Sin embargo, intentó controlar aquello y hacer que el movimiento no fuera demasiado brusco. Sonrió para sí mismo cuando la camiseta se elevó con un poco de descontrol, pero no tanto como para que explotara o algo similar. Sin embargo, ante su desconcentración e ilusión, la vida le recordó que las cosas no eran tan fáciles y que claramente no iba a lograr colocar suavemente esa camiseta en el armario. La pobre prenda salió volando hasta el armario, chocando con una de las puertas y cayendo de golpe al suelo, haciendo que su sonrisa disminuyera de golpe, siendo ahora una decepcionada, pero realmente nada sorprendida. ―Ya, no sé si el no sorprenderme es algo bueno o malo―dijo mientras se encogía de hombros, levantándose de la silla en la que se había sentado, la cual estaba frente al tocador, caminando para poder tomar la prenda―Intentaré pensar que es bueno. Resignado, terminó de arreglar sus cosas, tomándose bastante tiempo, hasta que su madre comenzó a llamarle y estuvo platicando con sus padres mientras terminaba de organizar. ―Sabes que se nos hace un detalle hermoso que hayas ayudado a ese señor, pero ¿No será raro que el médico le haya dicho que tiene alguna enfermedad y de la nada no tenga nada? ―le preguntó su padre mientras suspiraba, haciendo que Seung sonriera. ―Me comentó que no había ido al hospital de momento, que lo haría mañana. Así que no tienen que preocuparse por eso―tomó su celular para poder ir a la cocina, ya que había finalizado con su habitación y ahora debía hacer la lista de las compras, las cuales las haría después de ir a la universidad. ―Solo ten cuidado ¿Sí? Sabemos que esos poderes no son malos, pero te debilitan demasiado y eso es peligroso―dijo su madre, haciendo que Seung sonriera pequeño y rodara los ojos. ―Suena como si fuera un superhéroe y no lo soy―dijo, mientras comenzaba a escribir en un pequeño bloc de notas los comestibles. ―Acabas de curar a una persona de una enfermedad que, muy probablemente, iba a ser muy perjudicial. Así que sí, eres algo así como un superhéroe―el menor agradecía que sus padres no lo podían ver, porque no era una videollamada, ya que su madre iba a molestarlo por rodarle los ojos. ―Bueno, pues este superhéroe tiene que ir a la universidad y luego a hacer las compras, por lo que tengo que colgar―dijo mientras arrancaba el papel del bloc y tomaba su celular, caminando a su habitación para poder tomar su billetera y llaves. ―Mucha suerte, cariño. Nos comentas por mensaje cómo te va. ―Claro que sí, los amo. ― ¡Te amamos! Sonrió y colgó la llamada, preparándose para poder salir. Sin embargo, al ser nuevo en la cuidad, quería ubicarse primero, para saber si podía llegar caminando, como sus padres le habían dicho y seguiría su instinto perezoso e iría en transporte. Investigó en su celular y esquivando las líneas rotas, logró ubicarse en el mapa, diciendo que la universidad estaba a diez minutos andando. Perfecto para él. Tomó su mochila, la cual tenía algunos documentos que tenía que entregar y salió del departamento. Escuchando un pequeño pitido cuando cerró la puerta. Jadeó al recordar que era una puerta con código, ya que no se acordaba de los números, pero esperaba que hubiera dejado el pequeño papel en un lugar seguro. Bajó por el ascensor, dando pequeños golpecitos en el suelo con la suela, llegando finalmente al primer piso. Cuando llegó a la recepción, comenzó a buscar con la vista al señor Lee, para saber si se encontraba mejor. Lo alcanzó a ver al otro lado del lugar, limpiando el suelo con dedicación. Se le veía mucho mejor, lo que lo hizo sonreír y seguir su camino, sintiéndose bien por haber ayudado en algo. Debía admitir que la cuidad era un lugar que siempre le había llamado la atención, los edificios, las luces, edificios y más cosas, son cosas que siempre le habían gustado. El campo también tenía cosas hermosas, por lo que realmente jamás podría elegir cuál sería su paisaje favorito, pero planeaba aprovechar ambos para su futuro portafolio. La pequeña agenda que tenía ese día era ir a la universidad, hacer la compra de su cámara y de la comida, por lo que sería un día agitado. Caminó durante varios minutos, sonriendo cuando logró ver el primer edificio de la universidad, en donde se encontraba el logo en grande. En la entrada peatonal había un vigilante, por lo que tuvo que explicarle que iba a complementar su proceso de admisión. Revisó en el folleto de la universidad el edificio al que tenía que ir, siendo el número seis. Entró y logró ver el ascensor de ese edificio, por lo que dio al botón para poder subirse, el cubículo relativamente espacioso, estaba vacío. Entró y pulsó el botón del segundo piso, las puertas comenzando a cerrarse lentamente. Sin embargo, antes que de que estas se cerraran, una mano se colocó entre ambas puertas, haciendo que Seung se asustara. Un chico rubio se apoyó en sus rodillas, haciendo que el castaño lo viera con algo de incomodidad, ya que no sabía qué hacer o decir. El chico se enderezó y entró al ascensor, sonriéndole a Seung mientras pulsaba el botón del cuatro piso. ―Hola, lamento el pequeño susto. Es solo que tuve que venir corriendo y realmente moriría si me tocaba subir las escaleras―dijo con una sonrisa amable, sus rellenos labios estirándose en una bonita sonrisa, sus mejillas elevándose hasta cerrar sus ojos casi por completo. ―Oh, no te preocupes, solo me asustaste un poco―dijo mientras intentaba corresponder la sonrisa, siendo un poco más pequeña que la del chico rubio, pero siendo igualmente amable. Hubo un pequeño silencio ligeramente incómodo, pero no demasiado. Sin embargo, el rubio era un ser naturalmente sociable, por lo que se mordió ligeramente el labio, para después comenzar otra conversación. Pero cuando iba a hablar, las puertas del ascensor se abrieron. ―Uh, adiós―se despidió el rubio con una sonrisa amistosa, el castaño devolviéndole el gesto. ―Adiós. Seung sonrió pequeño, ya que el chico tenía buenas intenciones con él, nada fuera de lo normal, por lo que pensó que su primer encuentro con otra persona en la universidad había sido agradable. Para su alivio. Comenzó a ver los carteles que tenía cada salón o espacio, buscando el que indicaba que se encontraban las secretarias o decanato, suspirándolo cuando lo encontró. Saludó a la secretaria, a quien se le notaba que estaba bastante cansada de la vida por sus gestos y voz, incluso la pequeña luz que se mostraba alrededor de su cuerpo, siendo entre rojo oscuro a n***o, uno bastante molesto o enojado. Por lo que no intentó ser agradable con ella. El poder ver los colores de las personas era algo que lo había ayudado en muchas ocasiones, tanto para saber en quiénes podía confiar y en quiénes no, por lo que podía tomarse el tiempo de tratar a las personas dependiendo de sus intenciones. En ese caso, en donde tendría que interactuar con muchas personas diferentes, esa capacidad claramente sería una ventaja. Anotó la segunda ventaja, asombrado de haber sido capaz de sacar otra en tan poco tiempo. Terminó con los papeles y se le entregó impreso el horario que había tomado, siendo el primer día de clases en cinco días. Bastante satisfecho con su avance del día, comenzó a bajar para poder irse e ir al centro comercial cercano para poder comprar su cámara. Entre los datos de las materias, se le había especificado los tipos de cámaras que podrían serle de mucha utilidad en las clases, aunque en el inicio, la mayoría de las materias sería más información teórica. Pero estaba sumamente emocionado por poder comprarla, por lo que no esperó mucho más. Bastante sorprendido con el tamaño del centro comercial, fue a una tienda en donde se mostraban muchos tipos de electrónicos, entre computadoras, cámaras y otras. Por lo que se acercó a uno de los empleados para que pudiera ayudarle, sin embargo, cuando comenzó a hablar con el hombre al que se había acercado, ese brillo de color morado muy oscuro comenzó a brillar a su alrededor, haciéndole saber que esa persona iba a ofrecerle la cámara más cara de la tienda. Por lo que se disculpó y buscó a alguien más. Encontró a una mujer, la cual se veía confiable y comenzó a explicar las especificaciones que necesitaba, siendo de mucha utilidad su ayuda, encontrando la cámara que necesitaba. Fue a pagar y salió bastante contento de la tienda, ahora teniendo que pasar por el centro comercial. Como el adulto responsable que era, comenzó a llenar el carrito con varios de los dulces y galletas que más le gustaban. Claramente no dejó las cosas importantes de lado, pero pensó que la mejor parte de la independencia, era que podía comprar todos los antojos que pudiera y no tendría que temer el que alguien se las comiera sin decirle, por lo que se dio el gusto. También sintió, por primera vez, lo que era el pequeño picor en el pecho y codo al ver el total del supermercado, siendo las cosas necesarias las más caras de todas, pero igualmente, tuvo que pagarlo. Para poder regresar a su departamento tuvo que pedir un taxi, ya que sus dedos seguramente caerían ante el peso que tenía que cargar y tampoco quería apretar su cámara nueva, la que iba en una bonita caja naranja, pero igualmente era un paranoico. Se encontró con el amable señor Lee, quien le ayudó con las compras sin pedírselo, siendo un gesto amable de su parte. Seung tuvo la oportunidad de ver nuevamente la pequeña luz del señor Lee, notando que ese color marrón ya no se encontraba, por lo que su día mejoró en ese momento. También le contó que había comenzado a sentirse mejor, por lo que reconsideraría el ir al doctor, ya que no lo veía necesario. Por pura suerte logró recordar el código y el señor le ayudó a dejar las bolsas en la mesada de la cocina, Seung agradeciéndole. Cuando cerró la puerta, comenzó a ordenar todo en la alacena, sacando algunos de los frascos transparentes que había conseguido, sus dulces y cosas que probablemente le sacaran un sinfín de caries y terminaran hartándolo por ser demasiado empalagosas, se veían bonitas. Como un niño en navidad, comenzó a sacar la cámara con cuidado para poder probarla, claramente en la tienda había podido probar una cámara igual que estaba en exhibición, pero no era lo mismo. Además, el paisaje que daba su departamento era muy lindo, por lo que pensó que sería algo bueno de fotografiar. En ese momento tenía conocimiento básico sobre los comandos de la cámara, por lo que comenzó a tomar fotos no tan detalladas, pero en definitiva bastante bonitas, tomando tanto del cielo, como de los edificios que brillaban más que antes, al estar el cielo más oscuro. Sonrió para sí mismo, viendo las fotos en la pequeña pantalla, totalmente satisfecho. Nos sabía qué hacer, en realidad. Normalmente tenía ese problema de pedir tiempo libre cuando estaba sumamente ocupado, pero cuando lo tenía, no sabía qué hacer en ese tiempo. Por lo que simplemente borró las fotos que no le habían gustado y pasó a su celular sus favoritas, aunque pronto salió un pequeño cartel sobre que la memoria estaba llena. Anotó en su mente el adquirir un nuevo celular, en esos momentos sí sería una prioridad. Pasó el tiempo en hacer casi nada, pensando que el hacer amigos o algo similar sería algo bueno para no tener momentos así, en donde no sabía qué más hacer. Encendió el televisor y comenzó a pasar los canales con pocos segundos de espacio en cada uno, buscando algo que le interesara. Finalmente se quedó viendo un concurso de atletismo, en donde tenían que pasar muchos obstáculos para poder tocar la campana, siendo dos grupos diferentes. Comió del empalagoso helado de chocolate con gominolas que compró, gozando de su primer día en la independencia, de forma consciente, claro. Terminó con un pequeño dolor de panza por haber comido mucho helado, quedando bastante asqueado cuando solamente quedaba como la mitad del mencionado. Se acostó sobre el sofá y comenzó a darse pequeñas palmaditas en la panza, mientras seguía viendo la televisión, esperando que esa sensación de pesadez se fuera pronto. Cuando el programa del concurso finalizó, comenzó a cambiar más canales y encontró uno en donde, al parecer, el personaje principal tenía poderes. Y no, no era la película de Matilda. Pensó en por qué siempre hacían que los personajes tuvieran un total control de sus capacidades, cuando eso no era ni la mitad de similar sobre su propia realidad. Había capacidades que podía controlar de una forma más decente, lo suficiente para no mostrarlos en medio de un montón de humanos, pero aquellos que eran más grandes, eran muy difíciles de controlar. Como el levantar o mover cosas con su mente, el poder cambiar el clima y cosas similares en la naturaleza. Por eso mismo, eran las capacidades que se negaba a utilizar o al menos lo evitaba a toda costa. Sabía que eso era una tontería, porque sin práctica, no podía mejorar. Pero no estaba muy interesado en suicidarse en su nuevo departamento por accidente, así que lo dejaba de lado. Solo esperaba que esas capacidades no fueran algo que le afectaran en su nueva vida, sino algo que pudiera dejar de lado y poder ser un humano cien por ciento normal. Esperaba poder lograrlo.
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