Sorbió la nariz cuando sintió que comenzaba a escurrir lentamente, pasando el dorso de su mano para poder eliminar esa incomodidad en su nariz. Su cabeza punzaba a horrores y sabía que todo aquello era producto de sus propias decisiones, no siendo capaz de controlarse.
―Seung…―escuchó un susurro, haciendo que su vista pasara de su regazo hasta el marco de la puerta, en donde su madre lo veía con una mueca de preocupación y algo de terror.
Eso no lo hizo sentirse mejor, en definitiva.
―Lo lamento mucho―se lamentó en un sollozo, respirando hondo con fuerza, para después comenzar a jadear ante el llanto doloroso que había comenzado, no sabiendo qué más decir a la pobre mujer que lo veía con tanta pena―Yo intento controlarlo mejor, pero es muy difícil.
La mujer asintió con los ojos inundados en lágrimas, lágrimas que se negó a dejar salir, frotándose los ojos para que estas se apartaran y no se deslizaran por sus mejillas.
―Yo lo sé, cariño. Te entendemos―dijo con voz dulce, sabiendo que su esposo se encontraba detrás de ella, intentando ver lo que pasaba en la habitación, sin hacer que Seung se sintiera presionado por las miradas―No debes disculparte, sabemos que diste todo de ti y esta vez duró menos, así que no debes quitarte créditos de nada.
Asintió con la cabeza, intentando que las palabras de su madre entraran en su cabeza y que no solo fueran eso, palabras sueltas. Sin embargo, al ver el gran desastre que era su habitación en esos momentos, no sabía si lo que decía su madre era realmente cierto o solo se lo decía para hacerlo sentirse mejor.
Simplemente no sabía cómo manejar sus emociones, no sabía cómo controlar aquellas capacidades que le hacían causar un desastre inminente. Y sabía que el motivo de su pequeño descontrol era una tontería, algo que a cualquiera podría darle totalmente igual, pero a él le había afectado más de lo que pensó en un inicio.
Se sentía usado, abandonado.
―Vamos a ayudarte a limpiar ¿Sí, mi vida? ―le consultó su madre mientras lentamente entraba a la habitación, siendo cuidadosa con el estado de su hijo, ya que no quería alarmarlo.
Su padre entró igualmente con sigilo y una sonrisa comprensiva. Se acercó al menor y le tendió las manos, para que pudiera levantarse, aceptando la ayuda.
― ¿Qué pasará si esto me pasa en Seúl? ―preguntó de forma inesperada, haciendo que sus padres lo vieran con ojos llenos de preocupación, la mujer siguiendo con la limpieza, pero prestando atención a las palabras de su hijo―Ustedes no estarán conmigo, no habrá nadie que me ayude a soportar esto.
El padre negó y estiró sus brazos hasta su hijo, dándole un abrazo mientras acariciaba sus cabellos con cariño, intentando que el menor se tranquilizara y dejara las preocupaciones atrás.
―Estamos seguros de que no va a suceder, eres muy fuerte y rara vez pasa esto…a este nivel―dijo mientras daba una repasada por la habitación con la vista, siguiendo con las caricias―Y si llega a pasar, sabrás cómo controlarlo lo mejor posible.
El castaño suspiró, para nada tranquilo, pero intentando mantenerse estable y no llenar su cabeza de más inseguridades, porque en definitiva no necesitaba aquello en absoluto.
―Y si llega a pasar, puedes llamarnos en cualquier momento e iremos por ti, no debes preocuparte demasiado, lo harás muy bien en la ciudad.
Seung tenía tanto miedo de separarse de su familia, de aquellos que le habían dado todo lo necesario en su vida y que siempre le dejaban en claro que ellos estarían ahí para él. No era nada fácil para él, pero sabía que era algo necesario.
Debía devolverles todo lo que habían hecho por él y el crecer como persona, era parte de todo.
Su madre dejó de lado las mantas de la cama y se acercó al abrazo, envolviendo sus brazos entrono a su hijo y esposo, siendo un bonito abrazo familiar, en donde el menor recibía el calor de sus padres.
―Siempre nos tendrás a nosotros, no lo dudes jamás. Serás capaz de llevar todo, hijo. Ya verás que sí.
Y es que Seung no estaba seguro, pero les brindaría aquella falsa seguridad a sus padres, para no preocuparlos en su ida a la cuidad.
Solamente debía mantenerse controlado, dejar de lado las emociones demasiado fuertes.
Sí, eso es lo que debía hacer y todo estaría bien.