Corina Punto de Vista
Cuando llegué donde estaba mi futuro esposo, él siguió mirándome con deseo pero la expresión de su rostro era muy seria.
— ¿Estás lista para irte? — Me preguntó
—¿Vamos a ir a buscar a las niñas a la guardería? — pregunté
—No, mi hermano será el encargado de llevarlas al juzgado—, me dijo sin mirarme.
Salimos de casa viendo que el conductor ya tenía la puerta del auto abierta esperando a que entraramos, sentándome primero lo más lejos que pude de donde se iba a sentar Alfred. Cuando llegamos a la puerta del juzgado, el conductor nos abrió la puerta, dejando a Kendall y ofreciéndome su mano para que pudiera bajar, viendo a mis pequeñas correr hacia nosotros con un hermoso ramo de novia en sus manitas y unos recipientes. Cuando Cindy llegó a donde estábamos su padre y yo, abrazó la pierna de Kendall, mirándome mientras sonreía
—— Cori, estás muy linda — me dijo la pequeña, entregándome el hermoso ramo que llevaba en sus manitas. Los recipientes eran tres regalitos, uno de cada una
Me agaché un poco sosteniéndo a una y otra en mis brazos con entusiasmo, mientras mis pequeñas rodeaban mi cuello con sus cortos brazos, dándome un fuerte beso en la mejilla.
— Ustedes también son muy bonitas, están hermosas con esos lindos vestidos, parecen unas verdaderas princesitas — les dije dándole dos besos en sus suaves mejillas, a cada una.
—— Entremos, el juez nos tiene que estar esperando — dijo Alfred muy serio.
— Hermano, ¿no me vas a presentar a tu futura esposa? — Escuché hablar a un hombre, un poco más joven que el señor Kendall, pero muy parecido a mi futuro esposo ya que ambos tenían cabello n***o y el mismo color de ojos.
— Corina, te presento a mi hermanito Abraham, bueno ya que se conocen ¿podemos pasar? —preguntó Alfred Kendall de nuevo.
—Hermano, en lugar de tu boda, parece que vas a un funeral, por favor sonríe—, le dijo Abraham, sin obtener respuesta de su hermano.
Cintia me tomó de la mano, Carly se abrazó a mi pierna y Cindy me tomó la otra mano, cuando entramos a ese edificio, subimos al segundo piso en el ascensor, pero al salir me quedé inerte, viendo como una mujer joven, muy bien maquillada y con un cuerpo escultural se acercaba a mi futuro esposo, Rodeo su cuello con sus brazos, dándole un fuerte beso en los labios, Kendall la aleja de él abruptamente.
— Hola, mi nombre es Nancy, quiero felicitarla señora Kendall, su futuro esposo y yo nos conocemos desde hace varios años, ya que soy su asistente personal — me dijo la mujer saludándonos a ambos con la mano.
—Deja de hablar Nancy, vamos Corina, el juez nos está esperando y no podemos hacerlo esperar más. Sabes que me gusta ser puntual—, me dijo Alfred. —Nancy, tú y yo hablaremos mañana en la oficina sobre lo que pasó ahora—, dijo. Alfred
Cuando entramos a la sala, Alfred miró a sus hijas sonriendo, ya que las pequeñas lucían hermosas con sus vestidos rosa de volantes con su tío Abraham. Cuando ambos estábamos frente al juez, Alfred tomó mi mano entrelazando nuestros dedos como si quisiera animarme y asegurarme que nunca me arrepentiría de haberme casado con él.
Cuando terminó la ceremonia, ambos nos pusimos los anillos, Alfred rodeó mi cintura con sus brazos y lo que al principio fue un suave beso, terminó presionando sus labios contra los míos, metiendo su lengua en mi boca hasta mi garganta, teniendo que alejarme abruptamente de mi nuevo esposo buscando un poco de oxígeno, viendo una sonrisa satírica en sus labios, como si quisiera avisarme de lo que me esperaba esa noche.
Los abogados de Kendall que actuaron como testigos y el hermano de Alfred nos felicitaron, y todos los asistentes. Salí de esa habitación poco después, y en la calle vi a mi nana a unos metros de nosotros, evitando que mi nuevo esposo se diera cuenta de que me había distanciado de la gente, me acerqué a ella abrazándonos las dos, viendo como mi nana tenía algunas lágrimas rodando por sus mejillas sonrosadas.
—Corina, nos vamos—, me dijo Alfred, tomando mi codo con su mano y de repente alejándome de mi niñera.
De regreso a casa y en el asiento trasero del auto, estábamos lo que ahora éramos mi esposo y yo, pero el rostro de Alfred estaba muy serio y tenía el ceño fruncido, Alfred estaba muy pensativo, lo que me hizo deducir que estaría muy cansado o estaría muy enojado con su asistente personal, por tener el descaro de besarlo frente a su futura esposa y sus hijas, o sería porque saludé a la mujer que me crió y que me amaba como mi verdadera madre. Me quedé mirando el paisaje, evitando la mirada de mi marido, me temía lo que podría esperarme en el dormitorio de Alfred.
—Corina, ¿no te dije que no quería ver a nadie de tu familia en nuestra boda? —Has incumplido el contrato—, me dijo con voz ronca y muy seria, sorprendiéndome con su pregunta.
—Me comentaste que mi padre te dejó muy mal en un negocio que hicieron, pero, yo no me crié con mis padres, ellos no tenían tiempo para mí, ¡sino con mi nana! Aún así, yo no la invité…
—Debe haberse enterado por la prensa, y ella solo era mi niñera—, respondí.
El conductor nos abrió la puerta del auto cuando llegamos a la casa, felicitándonos cuando bajamos del vehículo, forzando mi sonrisa para agradecerle. Cuando entramos a la casa, mi esposo puso su mano debajo de mi espalda conduciendome a mi dormitorio, entramos y yo inmediatamente me recosté en la cama, cerrando los ojos, esperé en silencio como si fuera una presa que espera que el depredador consiga su trofeo. Al abrir los ojos vi como Alfred se quitaba la chaqueta y la camisa que llevaba, acostándose a mi lado en el colchón, con uno de sus brazos apoyado, acariciando mis labios y mi mejilla. con sus dedos
— ¿Puedo ayudarte a quitarte el vestido, esposa mía? — Me pregunto
—Sí, gracias, los botones son difíciles de quitar—, le dije, sentándome en la cama, haciendo que mi piel se erizara con el toque de sus suaves dedos.