Corina Punto de Vista
Entramos, ambos dirigiéndonos a la sala, me senté en el sofá mientras Kendall servía en un vaso un poco del Whisky que tenía en el mueble bar de la sala, y luego se sentó a mi lado.
—Si nos casamos esta tarde, supongo que querrás que las pequeñas asistan a nuestra boda—, le dije.
— Claro que sí, mi nana ya dejó la ropa de ellas en la guardería para que la preparen — respondió.
—¿Tiene niñera, señor Kendall? — pregunté sonriendo
—¿Nunca has tenido una, Corina? — respondió
— Sí, pero no me dejas verle ni invitarte a la boda. Supongo que nuestra boda será, bueno, muy seria y sin pétalos de rosa cuando nos feliciten, ¿no? —Pregunté al ver como Kendall se movía en su asiento un poco molesto por mis palabras.
— Corina, creo que cuando firmaste el contrato entendiste todas las disposiciones que tendrás cuando nos casemos, por favor no me hagas repetirlo otra vez — me dijo.
—Sí, claro, el feliz contrato donde no tengo derechos pero sí obligaciones—, le dije muy seria.
—Si no te gusta la obligación que tienes con las niñas, podemos romper el contrato ahora mismo si quieres—, me dijo mientras tomaba un sorbo de aquel licor.
—No digo esto por ellas, señor Kendall, lo he dicho por las obligaciones que voy a tener con usted, estando a su entera disposición
— Tómalo como quieras, no voy a discutir contigo por eso, pero ten en cuenta que cuando quiera puedo tener a cualquier mujer fuera de este matrimonio. Estoy seguro que me estará maldiciendo una y otra vez, esa es mi venganza por esas palabras
—Eres un Alfred Kendall degenerado—, dije enojada.
Alfred sostuvo mi barbilla con sus dedos para que yo pudiera mirarlo y, sin dejar de mirarnos a los ojos, vi como acercaba su boca a la mía, haciendo imposible alejarme, porque si él me quería, yo lo quería. también, pero no lo hice. Podía dejar que me usara, antes tuve que admitir que no era una p…, y en ese momento era muy difícil de lograr, ya que unió sus labios con los míos, poniendo su mano en mi nuca. , presionando mi cabeza hacia él. , metiendo su lengua en el fondo de mi garganta sintiendo que mis panties se mojaban de deseo por ese hombre, retirando su boca de mi boca después de unos minutos, sin dejar de mirarme.
—Estoy seguro de que si pongo mi mano debajo de tu vestido, tu entrepierna estará mojada y lista para mí—, me dijo con una media sonrisa en sus labios.
— Firmé el contrato para poder estar con las niñas y ayudarlo, pero seré tuya cuando yo quiera, no creas que por un beso caliente que acabas de darme. , voy a abrirte las piernas, cuando desees, — respondí levantándome del sofá en ese momento para salir de la sala.
Subí corriendo las escaleras que conducían a los dormitorios, mientras escuchaba la risa de Alfred en la sala, entré a mi dormitorio apoyando mi espalda contra la puerta, llorando de rabia y frustración, ya que sabía que una vez que me casara con él, el deseo que sentía por ese hombre florecería como una linda flor, pero me dije que tenía que ser fuerte y no dejar que un hombre como Alfred Kendall me manipulara a su manera. Aunque Adela fue a mi dormitorio a decirme que la comida ya estaba preparada en la mesa, yo no quise bajar al comedor a comer con Alfred, y él no subió a obligarme, así que encendí los grifos de agua y preparé el jacuzzi que había en la habitación de baño con el agua bastante caliente, me quité la ropa y entré, cerré los ojos por un momento tratando de relajarme hasta que escuché la voz de Kendall. dentro del baño…
—No has bajado a comer, ¿por qué? Si crees que me importaba que no comieras conmigo estás muy equivocada, Corina—, me dijo.
—¿Es su costumbre entrar al dormitorio de una mujer sin llamar, señor Kendall?— dije
—Le recuerdo que usted está en mi casa y en la puerta no había ningún cartel de prohibición de entrada, señorita Anderson—, respondió sonriendo.
—No te preocupes por eso, la próxima vez lo pondré—, respondí sarcásticamente.
—La próxima vez, señorita Anderson, usted será mi esposa y eso no me impedirá entrar y verla bañarse desnuda—, me dijo.
—Eres odioso, sal de aquí para que pueda salir a vestirme, creo que será tarde para los dos—, le respondí.
Cuando Alfred Kendall se fue, salí del jacuzzi, me puse una toalla alrededor del cuerpo y regresé al dormitorio viendo que sobre la cama, había un vestido blanco con cola de sirena, con engastes que parecían diamantes, lencería de encaje blanco y totalmente transparente. , un liguero con un pequeño lazo azul ondulado, los tacones de aguja a juego con el vestido.
Cuando me vestí me acerqué al espejo que tenía en el dormitorio para mirar lo bien que me quedaba el vestido, pensando que este hombre nunca dejaría de sorprenderme, a pesar de que la lencería me cubría muy poco. Salí del dormitorio y bajé lentamente las escaleras hasta la sala, cuando Kendall y yo nos quedamos mirándonos, notando que él me miraba de arriba a abajo y viceversa, acercándose a mí segundos después, viendo lujuria y deseo en sus hermosos ojos.