Corina Punto de Vista
Todo se había desarrollado, de forma positiva. Los trabajos con Kendall los había realizado eficientemente. La mayor parte del tiempo, él me dice que vaya a la mansión a terminar los trabajos allá, pues las niñas y yo, nos hemos vuelto inseparables.
Las llevé al parque de diversiones y gozamos mucho dando gritos en la casa del terror, también nos montamos en la gran rueda de la fortuna, en los elefantes voladores y en toda clase de artefactos de última generación para niños y grandes!! Si, grandes… Pues me he reído y disfrutado al máximo con esas niñas
Esa noche, Alfred me convocó a una reunión privada en su despacho en la mansión. Tenía una propuesta que hacerme y no podía esperar demasiado tiempo.
Me vestí adecuadamente y me presenté frente a él en su despacho.
—Toma asiento Corina, dijo con una voz ronca
—Gracias, aquí estoy y soy toda oídos. Dígame qué es eso tan importante que debe decirme.
—Corina, he observado, que te llevas muy bien con las niñas, hasta has permitido que te llamen mamá!! Yo estoy muy contento con tu comportamiento con ellas.
—Lo hago de corazón, no es nada fingido, así es mi sentir para con ellas. Y la madre de las niñas??
—Ella se fue, nunca me dijo que estaba embarazada. Después de un tiempo largo, recibí a las niñas con un mensajero, también un examen de paternidad de ADN, donde certifica que soy el padre. La actual pareja de Coral, lógicamente, no desea cargar con mis hijas y ella no desea verlas más. Yo la califico como desnaturalizada, pero, no soy quien para juzgar a nadie… Pero vamos al tema importante. He pensado, cancelar sus trabajos en la oficina y que se dedique a tiempo completo a mis hijas. Para tal fin, deseo que firmemos, un CONTRATO DE MATRIMONIO, dónde usted realizará las tareas de una verdadera madre. No estará comprometida a cumplir sus deberes de esposa. Yo la compensaré muy bien, el contrato será por tres años y renovable. ¿Qué dice?¿ Aceptaría??
—Sentí un nudo en la garganta y la vista nublada… Pero la idea no era mala. Amaba a las niñas y necesitaba la asistencia de Kendall. Mirándolo a los ojos, le di un si, tembloroso.
—¿Se siente usted bien? Ya le dije, que todo es de mutuo acuerdo y no va a hacer nada que no desee
—¡Si! Le dije en tono firme, estoy decidida y me encanta la idea de cuidar a las niñas. Más bien, le estoy muy agradecida…
— Agradecido estoy yo, Corina. Me hace muy feliz, saber que mis hijas están en tan buenas manos.
—Gracias por depositar su confianza en mi…
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Al otro día estaba todo preparado, fuimos hasta la torre empresarial para firmar el contrato. Aunque el abogado me ofreció un bolígrafo para empezar a firmar esos documentos, por un momento dudé y me sorprendí, ya que lo que iba a haber entre Alfred Kendall y yo era un matrimonio por contrato y no solo una niñera, siendo Alfred Kendall un hombre importante y multimillonario
—Pensé que Kendall sólo quería una boda sencilla y una niñera para sus hijas—, respondí.
—No, señorita Anderson, no es sólo eso—no me dijo nada más
El abogado de Kendall recogió los documentos que firmé, me miró y sonrió.
—Parecía un poco nerviosa, señorita Anderson. ¿Le gustaría que la asistente le trajera algo de beber? Podría traerle una infusión que la calmaría un poco—, me dijo.
— No gracias, lo único que quiero es que esta reunión termine lo antes posible para poder irme, ya te dije que tengo una cita con un antiguo cliente, recuerde que soy abogada— le dije.
—— Señor, dígame algo que me tiene muy intrigada, he firmado los documentos que usted me ha entregado, pero mi pregunta es, ¿qué propósito tiene Kendall con esta reunión? —dije
El asistente entró en ese mismo momento a la oficina, dirigiéndose al abogado y a mí.
—El,Señor. Kendall ya viene a la oficina, ¿puedo traerte algo de beber? ¿Quieres un café? — me preguntó
—No quiero nada, gracias—, respondí.
—Por favor, tráeme un café, ya sabes cómo me gusta—, respondió sonriendo el abogado.
Cuando la mujer ingresó a la oficina con el café que pidió el abogado, éste giró la cabeza para mirarla, con una expresión cálida mientras le sonreía. Tomó la taza de café y se sentó en uno de los sillones alrededor de la mesa.
—Señorita Anderson, no se ponga nerviosa, el señor Kendall quiere ofrecerle una estabilidad que no le daría a ninguna otra mujer—, me dijo al ver que yo me movía en mi asiento un poco nerviosa.
La reunión efectivamente, me favoreció y no tenía nada que temer. Solo me sentía nerviosa, de aceptar una nueva realidad en mi vida. También incluía la posibilidad de tener futuros hijos si de mutuo acuerdo, ambos lo deseábamos…