Capítulo VII

2969 Words
Luego de tanto reflexionar y pedirle a Dios que tenga piedad de mí como tanto me enseñó mi madre cuando podía hablarme y expresarse, me siento un poco más calmada por haber estado tanto rato en su silenciosa compañía. A pesar de que ella no pueda hablar ni moverse, el simple hecho de saber que ella está ahí justo a mi lado me hace sentir reconfortada... Aunque suene extraño y alocado, ahora veo más a mamá como una santa, quizás sea debido a su inmovilidad, su piel está más pálida de lo que solía serlo antes, sus ojos azules perdieron su brillo junto con la elocuencia que tanto admiraba y la hacían majestuosa a la vista, pero... Sigue siendo igual de hermosa y continua pareciendome la mujer más digna de admirar y fuerte que he tenido la oportunidad de presenciar ante mi vista. Decido encaminarme a mi habitación, mañana es domingo, no tengo que ir al colegio, tampoco va a venir la señora Isabel con nosotros, creo que pasaré todo el día en mi cuarto escuchando música de mi amada Rihanna para intentar escapar de todo lo que en este momento esta haciéndome sentir ahogada y aturdida por todo lo que esta rodeandome ahora mismo, sus canciones siempre me hacen sentir algo así como 'reconfortada'. Haré lo posible por tener un día tranquilo y normal para una pequeña de mi edad y evitar a toda costa tener problemas con alguien, me voy a esforzar por no meter las narices en donde no me estén llamando. Me acuesto boca arriba en mi cama tratando de conciliar el sueño, en un acto instintivo toco mi busto, realmente no tengo prominencia en el busto, ahora que le doy la atención necesaria para darme cuenta, ¿algún día lo tendré tan grande y pronunciado como la tía Kelly?, pude visualizar a detalle como Agustín se lo tocaba y sonreía como si estuviese comiendo todo el helado de chocolate con crema que hay en el mundo, lo cual denota que el estaba disfrutando del momento de la misma forma en la que yo disfrutaría ir a la playa y pasarme todo el día construyendo castillos de arena o jugar un vídeojuegos nuevo. Saco ese pensamiento de mi cabeza y me siento mal. Realmente 'mal' no es la palabra idónea para la forma en que me siento, la palabra correcta es 'culpable'. Me quedo dormida con la sensación de que soy yo la que hizo algo realmente grave y no las personas que realmente están pecando. Me despiertan los truenos que ocurren afuera, la mañana del domingo es bastante lluviosa, no escucho nada más que las estruendosas centellas y aunque me dan miedo, me genera una sensación de seguridad el espectáculo exterior, por que es la única manera de ignorar el río de pensamientos ruidosos que quieren navegar por mi cabeza, ya que se sienten más estruendosos que todos los relámpagos que han acontecido desde que me desperté. Me paso el resto del día escuchando música de mi gusto a todo tope, un poco de Rihanna, unas cuantas de Adele, otras pocas de Ricardo Arjona. Solo salgo del cuarto a prepararme un sándwich en todo el día, sé que es poco para mantenerme satisfecha y que es considero como un pésimo hábito alimenticio el hecho de saltarse las comidas, pero no tengo otra opción, no soy muy experta preparando diversidad de comidas y no quiero molestar a mi hermano para que me alimente... El resto de la semana siempre me acostumbran a comer lo que se debe para mantenerse sano y con vitalidad. Hago y presiono todas las fuerzas posibles del mundo para no pasarme por la puerta de Agustín, ni pensar en nada de lo que presencié ayer, el día en paz pasa tan rápido como un trueno de los que tanto me han asustado, me duermo pensando en cuán solitaria y ajena a la de una niña con un desarrollo normal es mi vida. Me despierto y salgo corriendo al baño, me doy una ducha prolongada porque aún no es demasiado tarde, me lavo bien todas mis partes y me detengo, siento una especial curiosidad por tocar la parte baja de mi vientre, como ví a la tía Kelly hacer cuando se encontraba haciendo eso que practicaba con tanta arte junto con mi hermano... La reprimo y la aparto totalmente de mí, sé que está mal pero no puedo evitar que este tipo de sensaciones estén como un fantasma acechando cada momento de mi día. Me seco lo más apresurado posible, me pongo mi uniforme, me cepillo el cabello y me lo coloco a la mitad, me veo fijamente en el espejo y veo que mis ojos están resplandecientes, aunque siento mucho dolor, desdén, y no puedo evitar sentir una especie de intriga realmente extraña, veo un brillo especial en ellos el cual más allá de sorprenderme o enfadarme, me da la sensación de sentirme complacida con mi imagen. Salgo de mi cuarto, me dirijo a ver a mi madre, le doy un beso en la frente como de costumbre, y me apresuro a ir al estante a buscar una caja de mi cereal favorito, me sirvo leche en un bol, lo mezclo, y me siento a comer tan sola como ya se ha convertido mi día a día. Cuando ya había comido gran parte de mi desayuno, escucho los pasos cercanos de Agustín y entierro mi cabeza en mi cereal porque siento una extraña pena de mirarlo al rostro después de haber presenciado su desnudez, sé que esta mal y me siento arrepentida, nuevamente como si tuvieran que caer sobre de mí todas las culpas del acto. Él me pregunta como si nada: —¿Puedo acompañarte a desayunar?— Realmente no tengo deseos de tener su ingrata compañía pero debo aprender a actuar más hipócrita, al parecer es la única manera de parecer una persona madura ante la sociedad, así que le respondo con toda la normalidad posible en mi voz: —Por supuesto Agustín, ya te sirvo. —Le digo con detenimiento y simpatía, incluso esbozando una amable sonrisita en mi rostro. Él se sienta a mi lado, le da las gracias a Dios por nuestros alimentos con una muy larga oración, todos los días lo hace antes de cada alimento que se lleva a la boca... Justo al culminar de recitar sus oraciones, se pone a desayunar de forma apresurada porque empezábamos a encimarnos en la hora de irnos, en el transcurso de la comida se decide a hablarme sobre la tormenta de ayer... Yo hago gestos en respuesta y sigo comiendo, le vuelvo a recordar que debemos ser más rápidos porque ya no demora en llegar nuestro transporte, le recuerdo que el señor Omar no es muy amante de la paciencia. Estamos parados justo en el frente de nuestra residencia, hasta que llega el bus color azul por nosotros igual que todos los días, que suerte que no demorara nada, aunque Agustín desayunó mucho mas tarde de lo habitual, no tenía deseos de estar más tiempo a solas con mi hermano sin poder explotar y recriminarle minuciosamente por todo lo que estoy sintiendo en este momento por sus acciones sinvergüenzas e inescrupulosas que ponen en juego nuestra estabilidad y normalidad familiar. Permanezco callada por el simple hecho de evitar una gran disputa con él que termine en el pensando en que 'es porque soy una niña y no entiendo', voy a posponer todo el tiempo que sea posible esa conversación, el tiempo está pasando volando, unos altercados más, otros menos, tendré quince años, y con ellos el derecho de reclamarle a mi hermano y ser respetada, porque esta sociedad misogina considera que es la edad pertinente para ser considerada como una 'señorita' ante ellos. Apenas tomo asiento en el bus se sienta a mi lado Sebastián, desde que se acercó me mira de forma desconcertante y curiosa lo cuál me produce un poco de ansiedad, no sé aguanta y me dice: — Ava, no quiero ser muy loco o asomado, pero hoy luces muy bonita.—se sonroja después de recitar esa frase. ¡Entender esto es superior a mis fuerzas! Siento algo que jamás había sentido por Sebastián ni por nadie corriendo por mi garganta, imágenes que quiero borrar de mi cerebro llegan sin ser anunciadas, dejo de estar callada como una estúpida y contesto con toda la poca tranquilidad que hay en mi ser: —Gracias Sebas, debe ser porqué me peine diferente en la mañana de hoy, pensé que nadie lo notaría. —dije mientras sonreía con nerviosismo. Él me mira como si estuviera viendo la piedra preciosa más perfecta del mundo, mientras que yo me sacrifico por no salir corriendo por no saber que son estas nuevas sensaciones o como debo responder ante sus elogios... Sinceramente las siento inauditas, ya otras veces Sebastián y otros chicos me habían dicho cosas típicas de niños de nuestra edad, pero yo nunca me había sentido tan pesadamente afectada. —Eres muy modesta Ava, siempre he pensado que tienes las maneras más impecables de nuestra aula a pesar de ser tan efusiva e impulsiva en algunas ocasiones—se ríe y me da un golpecito amistoso en el hombro izquierdo —Dejaré de molestarte, iré a saludar a los chicos—me dice de forma relajada. Asiento con la cabeza y me giro a la ventana para hacer parecer que no me importan en absoluto sus comentarios y piropos de hoy. Llegamos al colegio, apenas bajamos del bus noto que Eliana está esperándonos justo en la entrada a mí y a Sebastián, me uno a ella y le saludo con un abrazo como estamos acostumbradas a recibirnos, hablamos temas triviales sobre nuestro fin de semana, videos virales, canciones nuevas, y no podíamos pasar por alto las lluvias del domingo... Hasta que se acerca Sebastián y me repasa con la mirada nuevamente como si acabara de llegar antes de saludar a nuestra amiga... No pude evitar sonrojarme de vergüenza, aún cuando el siempre me mira de esa manera detallista y graciosa. Eliana indiscretamente me cuchichea: —Ava te acabas de sonrojar con la miradita de Sebas, me augura que te está gustando, eso es muy raro pero me parece guay.— dice con un tono que siento que esta forzando. Clavo una mirada asesina encima de ella por sus conjeturas equivocadas. —Eliana, inmediatamente ves una actitud cedes a pensar que algo pasa.—reproche sin pensar antes lo que iba a decir. No tuvo mucha coherencia mi defensa, ni siquiera yo la entendí, pero Eliana se ríe con un poco de timidez y nos vamos rumbo a nuestro salón de clases como es acostumbrado. Luego de sentarme en mi asiento, el pasar de la asistencia que me pareció un poco eterno, por fin establecemos una conversación con la maestra inherente a la clase, hoy el tema a tratar es el consumo de cigarrillos, nos explican porqué son dañinos, qué es ser consumidores pasivos, y el daño directo a nuestra salud, entre opiniones y comentarios de cada uno de nosotros se pasa el resto de la mañana, suena el timbre que anuncia que podemos irnos a casa, no puedo evitar sentirme agradecida por poder marcharme, me siento un poco apesadumbrada el día de hoy. Tomo la decisión apresurada para no perder la costumbre en ir a el lado del colegio donde está Agustín. Llego muy rápido, observo todo el panorama y lo primero que me llama la atención es la melena pelirroja de Karina, está junto a mi hermano al parecer charlando, creo que Agustín sabe como convencer a las mujeres de todo lo que se le dé la gana, no puedo evitar sentir mucha pena por Karina, ella no merece ser engañada ni traicionada, ninguna mujer debería de padecer ese tipo de situaciones, pero lastimosamente no puedo decir nada, me decidí a ser precavida y no mencionar lo que tuve la desdicha de ver por mi propio bien y por mi futura integridad, las personas van a juzgarme si yo afirmo haber visto desnudez en personas adultas y ni me inmute en llorar o gritar. Hoy no veo a Julián ni a Marcos, así que tengo menos cosas que procesar. Como de costumbre luego de mirar el mundo de los chicos mayores, me voy corriendo a la entrada del colegio para esperar a mi hermano para que no se dé cuenta de que estuve husmeando. Me encuentro a Sebastián, Samantha y Eliana cotilleando, me acerco a ellos y pregunto sobre qué hablan y todos me preguntan a la vez: —¿Dónde estabas?— Decido mentir de forma descarada y les respondo sin un ápice de simpatía: —En el baño, tuve unas ganas enormes de descargar pís.— Los tres ponen cara de 'Ahhhh'. Todos pasaron por alto el hecho de que me ausenté y empezamos a hablar sobre la canción de Don Omar que está sonando después de tanto en todos lados. Hoy Agustín tardó un poco más de lo normal en reunirse conmigo en la espera de nuestro transporte, ya es su último año en el colegio, a veces siento que le avergüenza un poco tener que esperar el bus con los niños de primaria, sino fuera por Karina que viene a diario a su lado desde que inició en nuestro colegio, en el mismo transporte e igual ruta, siento que me dejaría ir sola y se iría caminando hasta nuestra zona para no tener que pasar el bochorno de estar con 'niñitos'. Él y Karina vienen bastante cómodos y lucen bastante pares y felices, están compartiendo los auriculares, están bastante pegados, lo suficiente para suponer que han arreglado sus diferencias. Yo estoy sentada junto con Eliana, hablamos sobre la lección del día y los cumpleaños próximos de nuestras amistades, hasta que decide mencionar: —Ava, Sebastián me dijo que hoy perdió la pena de hablarte y que te dijo cosas más largas que las que puede mencionar en un día habitual cerca de ti.— dijo sin poder evitar demostrar que le causaba algo de pesar. —Eliana, considero que Sebastián sigue siendo el mismo tembloroso de siempre, deja tus locuras.— dije con una entonación más de mofa que de molestia. Eliana alza los hombros y hace un gesto de despreocupación, empezamos a hablar sobre el maquillaje de una de las chicas de bachillerato, nos distraemos tanto que llega mi parada y está Agustín frente de nosotras y no nos damos cuenta, él solo dice buenas y ya ella está sonrojada, me apresuro en levantarme para que la escena no sea más vergonzosa y pude observar que Karina va a quedarse en nuestra casa hoy, me pone feliz, me despido de Eliana con un apretón, y saludo con la mano a Sebastián, recibo un guiño de su parte y me recorre una corriente gélida por el estómago la cual nuevamente tengo en mente que es mucho más sano hacer caso omiso de la sensación. Llegamos a casa los tres, Karina bromea un par de veces conmigo, estoy un poco distraída pero le devuelvo sus gracias e intento disimular y parecer integrada. La señora Isabel hoy vino sola, creo que se dio cuenta que su pequeña Isan no quiere colaborar en tener una buena relación conmigo, yo he intentado de todas las formas familiarizarme con ella e intentar que se sienta en casa mientras que bueno... Ella solo quiere hacerme ver como una tonta en frente de los demás y lo disfruta de forma constante, entonces a pesar de que intento ser paciente y comprensiva, ella no pone de su parte lo cual imposibilita una buena comunicación entre nosotras por ahora... La madre de Isan, se encuentra ocupada alimentando a mamá, la observo con absoluto interés mientras veo de reojo a mi hermano y Karina alejarse por el pasillo camino seguramente a el cuarto de Agustín, no pierdo la vista ni deja de parecerme interesante con cuanto profesionalismo la señora Isabel ejecuta el método que garantiza la alimentación de mamá, le digo con absoluta convicción sin que lo haya reflexionado de forma previa: —Cuando entre a la universidad, tengo decidido que seré enfermera. Quiero dedicar mí vida a cuidar de las personas, y sinceramente espero ser tan entregada y pulcra como usted.—le digo intentando demostrar mi admiración hacia su trabajo y fortaleza. Ella abre los ojos como si no creyera lo que estoy diciendo, sigue haciendo lo suyo y me dice: —Ava son un honor para mí tus palabras, pero no puedes tomar semejantes decisiones como si nada, aun falta mucho camino por recorrer, estas muy pequeña para semejantes decisiones.— dice con sorna. Le respondo con toda la cortesía que habita en mí: —Es una decisión premeditada aunque no lo sabía, pero no informada, yo me entiendo, y sé que mí ida a la universidad ocurrirá como un abrir y cerrar de ojos, como un soplido de viento por la tarde o como cambiar de capítulo en un libro, así que no te preocupes o la consideres prematura.— Le digo con tranquilidad. Me abraza y me susurra que muchas gracias, su abrazo me hace sentir a salvo, me da mucha paz, pero no lo suficiente como para bloquear de mi mente el haber visto a Karina y Agustín encaminarse al pasillo, necesito atar los cabos faltantes de la historia de la tía Kelly, el escándalo de el sábado y lo que presencié luego de que Karina se marchara, lo necesito para sentirme más tranquila, así que me encaminó hasta su puerta y espero no volver a ver o escuchar cosas que me harán comportarme y sentirme extraña o de una manera que no es comprensible para la poca experiencia que tengo en muchos aspectos de la vida.
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