Después de mi cumpleaños número ocho y todos los acontecimientos que se suscitaron justo en ese día, nada en mi vida volvió a ser lo mismo, ni la manera en la que percibo las cosas, ni en como me dirijo a las personas. Han pasado siete años exactamente y lo recuerdo como si hubiese sido ayer. Mi tía Kelly me dio una paliza que jamás olvidaré, tuve que ir al colegio por más de 15 días con moretones en mis piernas porque ella no tuvo en consideración que no había hecho nada más que darle un pico en los labios a un amigo. Agustín tuvo que presenciarlo sin hacer absolutamente nada, fue tan específico que ni siquiera me reclamó por lo sucedido después, la maestra les recomendó ayuda psicológica y mi tía decidió resolver mi situación pegándome con todo lo que se le apareciera porque ella con

