Cuando me acerco al jardín observo a mi alrededor, notando si hay alguien cerca, hay pocas luces lo cual me tranquiliza, no quiero que me vean que estoy saliendo a solas con Sebastián, mientras me acerco a el centro del lugar, me distraigo mirando las pocas flores que aún están conservadas, tan solo quedan unas pocas margaritas, mi mamá era una jardinera nata, ni Agustín ni yo poseemos ese tipo de dedicación, ni paciencia que a ella la caracterizaba cuando estaba bien. Me siento ansiosa. Sebastián llega y me aborda, luce más seguro de lo que es normal en él y no puedo evitar estar sorprendida y un poco asustada. Nos sentamos juntos en el césped, él me pasa la mano por el cabello de forma cariñosa y me susurra: —Ava, no quiero ser irrespetuoso o transgredir una de tus preferencias, p

