Skyler
—¿Por qué le dijiste eso a Nate? —pregunté, curiosa.
—¿A qué te refieres?
—Sabes de qué hablo, no finjas —repliqué.
—No es un buen chico —contestó.
Elevé las cejas.
—¿Por qué no?
—Porque no lo es. No lo conoces.
—¿Y tú sí? ¿Has sido su amigo o algo por el estilo...? —divagué. Por alguna razón Jason no quería que me juntara con él, así que yo quería saber la razón.
—No, jamás sería amigo de algo como él —respondió con asco—. Es un mujeriego, y le siento la intención de que seas su nueva presa.
—¿Le sientes la intención? ¿Acaso ves el futuro o algo parecido? Solo se quería sentar conmigo. Y además, ¿cómo es eso de que no serías amigo de "algo" como él? ¿A qué te refieres con eso?
—Olvídalo.
—Quiero saber —insistí.
—Pero yo quiero que lo olvides.
—Actúas como si supieras muchas cosas de las personas. Lo estás juzgando y ni siquiera lo conoces.
—Conozco lo suficiente de él y su familia como para saber que no es bueno que te acerques a él.
—¿Qué tiene que ver su familia, Jason? Me dijiste que no quieres que se acerque a mí porque me tomará como una presa.
—Olvídalo... —negó con la cabeza—. Tienes razón, no tiene nada que ver.
—¿Me dirás...? —empecé a decir pero él me interrumpió.
—Es bastante mujeriego y le hace daño a las chicas, ese es el por qué —confesó—. Ya te dije —parecía algo impacientado.
—Ah... Bueno, pero si te hace sentir más tranquilo, te aseguro que no tendré nada con él. No me interesa, de verdad.
—Sí, pero Chase sí te interesa, y él es igual que Nate.
—Chase no me interesa en lo absoluto —negué. Claro que no me interesaba, o bueno, eso es lo que pensaba. Sí, tenía su atractivo, su parte oscura que llamaba la atención, pero eso no significaba que me gustara o me interesara la idea de tener algo con él. Jason, sin duda, era demasiado amable y tenía aire encantador, pero la verdad, no me gustaba que insinuara cosas sin saber.
—No te agrada que te diga ciertas cosas, se nota —me dijo, embozando una sonrisa.
—¿Eres psíquico?
Rio para luego negar.
—Qué tontería —formuló cuando entramos al salón. Algunos alumnos ya se encontraban sentados, algunos parados, y otros ni siquiera habían llegado. Me senté al final de la fila en contra la pared junto a Jason, y no tocamos más el tema que estábamos hablando.
El perfume de un chico en frente mío captó mi atención por unos segundos, era uno que se me hacía muy familiar. Lo miré y observé su espalda; era ancha y bien formada. Su pelo era color castaño y había que admitir que se veía bien por atrás.
Dirigí mi mirada a Jason y vi que él también me miraba.
—No mires así —murmuró.
—No he hecho nada malo, ¿ahora qué te pasa, Jason? —pregunté. Era medio molesto por algunos instantes.
—Eres media imprudente con las miradas, ¿te has dado cuenta?
—¿Qué? Oye, te pareces a mi hermano Luke. Ambos son superexagerados —negué—. No se dará cuenta.
—Siempre lo hace.
No quise responder nada y simplemente me quedé mirándolo.
Qué cosas raras decía. Cada palabra que formulaba me dejaba confundida, y cuando le pedía argumentos me decía que lo olvidara o simplemente no se explicaba bien. No sé qué era lo que tenía. Se mostraba como si conociera a la gente, como si supiera lo que pasaba dentro de sus mentes, las intensiones que tenían y lo que era cierto y lo que no.
Me removí incómoda. Estar en silencio era molesto.
—Bueno... y... ¿cómo vas con las notas de la escuela? —pregunté, y el chico que estaba en frente se rio. Dirigí mi mirada hacia él y luego volví a divisar mi mirada en mi acompañante, quien dejó de mirar al muchacho de espalda ancha para volverse a mí.
—Sky, recién es el primer día de clases, no te puedo decir cómo voy con las notas si apenas hemos escrito algunas cosas en los cuadernos.
—Cierto... Es que... Es que quiero hacer conversación y no sé qué decir. Aún faltan un par de minutos para que el profesor llegue, me gustaría hablar de algo.
—Bueno... empezaré yo a hacerte una pregunta, y luego tú me haces otra, ¿quieres?
Interesante...
Asentí.
—¿Cuándo cumples los dieciocho? —comenzó.
—Enero siete. ¿Tú?
—Febrero once.
—Soy más grande que tú —dije algo sorprendida. Creí que era más chica que él.
—No, el año entrante cumplo diecinueve. Repetí una vez.
—¿Cómo te apellidas? —continué.
—Clark. ¿Tú?
—Rice. ¿Tienes hermanos?
Negó.
—No. ¿Tú?
—Dos. ¿Tienes novia?
—No. ¿Tú tienes? —inquirió.
—No, mis hermanos no me dejan tampoco. ¿Eres virgen?
—¿Qué es esa pregunta? —divagó con una sonrisa. De todas formas, creo que no debí haber preguntado eso con tanta confianza, no lo conocía—. No —negó, incrédulo pero aún con una sonrisa—. ¿Tú lo eres?
—Sí, lo soy —respondí.
—Lo dices con orgullo.
—No sé si lo digo con orgullo, solo lo digo con naturalidad porque no me parece algo malo y no me da vergüenza serlo. ¿Tienes perros? —pregunté.
—Tengo un gato. ¿Tienes gatos?
—Una gata, pero en realidad es de mi tía. ¿Qué deseas hacer cuando termines la escuela? ¿Qué te gustaría estudiar? —pregunté.
—No lo sé, no creo que llegue a estudiar algo.
—¿Por? —indagué.
—Hiciste dos preguntas a la vez. Me toca a mí —me hizo saber, y cuando él iba a hablar, el chico del perfume familiar lo interrumpió después de darse la vuelta:
—Yo tengo una pregunta, Skyler —miró a Jason con una sonrisa de superioridad y luego me observó a mí, expectante—. ¿Te gustaría ir a la fiesta que daré en mi casa dentro de un par de viernes por el regreso a clases? —preguntó Nate.
—No, no irá. Deja de acosarla —respondió Jason por mí.
—¿Por qué no dejas de meterte en donde no te llaman y dejas que ella decida por sí misma? Se lo estoy preguntando a Skyler, por lo tanto, tú no tienes por qué meterte en donde no te llaman. Y por si no lo sabes, no estás invitado a la fiesta, Jason. En mi casa no es bienvenida la gente como tú.
—Oye, no te comportes como un idiota, Nate. No tienes por qué hablarle así.
—Él es quien se mete en donde no le incumbe —se defendió.
—Pero no te da derecho a comportarte así, Nate —dije, y miré a Jason. Este le echaba miradas asesinas a Nate.
—¿Te gustaría ir o no, Skyler? No soy tan malo como seguramente Jason me pintó.
Miré a Jason, quien me observaba mientras esperaba oír mi respuesta. Estaba más que claro que esos dos no se agradaban en lo absoluto. Me daba curiosidad, pues ese era mi segundo nombre, pero esta vez, por cómo se miraban, me quedaba claro que no debía meterme. Y la verdad es que a veces era molesto hasta para mí ser tan metida.
—No lo sé... —respondí.
—¿No te apetece? —preguntó Nate.
—No es eso... Sí se me apetece, me gusta mucho bailar. Pero iré solo si Jason también puede ir.
—No pienso ir —contestó mi compañero, orgulloso.
—Y yo no pienso invitarlo —replicó el muchacho de en frente.
Lo miré.
—Bueno, entonces no iré a tu fiesta, Nate. Lo siento.
—¿Para qué lo quieres a este?
—Quiero a Jason porque es mi amigo —¿En verdad lo era? Creo que no, es decir, recién lo conocía, pero me caía bien, y no me cabía duda alguna de que pronto podríamos serlo cuando nos conociéramos un poco más.
—¿De verdad? ¿Esta nena es tu amigo?
—No seas grosero —entrecerré los ojos.
Me sonrió.
—Está bien, tú ganas, él también puede ir —lo miró, y luego le advirtió—: Pero si llegas a hacer uno de tus desastres, verás lo que te pasa.
Jason se inclinó a Nate.
Qué tensión.
—Que te entre en la cabeza de muerto que tienes que, si vuelves a amenazarme, te vas a arrepentir. No te tengo miedo, Nate, y ya te lo he dejado claro más de una vez. Así que ahórrate las palabras.
Nate rio.
—Y que a ti te quede bien claro que tampoco me das miedo, y que no temo patearte el culo —peleó.
—Bueno, ¡ya basta!, contrólense. No sé qué maldito problema hay entre ustedes dos, pero compórtense como hombres y dejen los pleitos para la salida del colegio.
Ambos me observaron.
—¿Quieres saber qué problema hay entre nosotros? —me preguntó el hermano del grosero.
—No la metas en cosas que no se merece. Por una vez en tu puta vida deja de ser tan idiota y compórtate como un hombre de tu edad. Y sabes a qué me refiero con eso.
Mi mirada iba de vez en cuando de Nate a Jason, y luego de Jason a Nate.
—Si puedo preguntar... ¿no tiene que meterme en qué?
—En nada, Sky —me sonrió nervioso—. Es solo un idiota.
Sí, en eso estaba de acuerdo con él. Pero no defendía mucho la forma en que Jason se había comportado.
Nate sacó su teléfono y empezó a teclear algo.
—Tú no te salvas del título de idiota tampoco —replicó, aún con la mirada en su teléfono.
Poco después el profesor White apareció en el salón y yo bufé. ¿De verdad iba a tener que soportarlo en tantas clases?
Maldita sea.
—Bueno, chicos. No hace falta que me presente porque ya me conocen, así que iremos al punto: escojan pareja para un trabajo diagnóstico de la materia, y luego me avisan los nombres de cada integrante del grupo que los anotaré —avisó, y entonces Nate se giró para verlo, y dijo:
—¡Genial! Yo voy con Skyler.
Esto no pintaba bien.