Skyler
—Te patearé el culo si no apareces, Luke —dije en voz alta para mí misma, y provoqué que algunas personas de adelante y de atrás me quedaran mirando.
Estaba en el comedor, en la cola para servirme la comida y, a la lentitud que se servían el almuerzo los alumnos de la escuela, sabía que no tendría una mesa libre para Luke y para mí. No sabía qué me pasaba ese día, estaba bastante tímida y no acostumbraba mucho a sentirme de esa forma. Seguía repitiéndome que eran los chicos y chicas del colegio los que no me inspiraban mucha amabilidad, pero lo cierto es que me daba vergüenza ser la nueva, y por eso me sentía chiquita al lado de los demás. Metafórica y literalmente, porque todos eran unos gigantes a comparación de lo que era yo. No me gustaba tener que levantar la mirada para ver a una persona porque veía cómo me observaban con la mirada gacha. Todos se la pasaban mirándome como si fuese una chica a la que se le veía un moco en la puerta de la nariz o a la que se le había escapado una teta de la blusa.
Miraba para todos lados y seguía sin divisar a Luke por ninguna parte. ¿En dónde se había metido ese muchacho?
El día anterior quedamos en que llegaríamos a tiempo para el almuerzo, pero éste no parecía estar muy apresurado por llegar al comedor. Pero si poníamos todas las cartas sobre la mesa, yo tampoco cumplí mi promesa de levantarme a las seis en punto.
Era algo justo.
Sosteniendo la bandeja de comida con ambas manos, intenté encontrar solo con la mirada alguna mesa vacía para poder sentarme, pero todas estaban casi repletas. Excepto una en la que solo se encontraba una chica junto a un chico.
No existía mucha opción, así que me acerqué sin titubeos y apoyé la bandeja sobre la mesa. Ambos me miraron.
—No hay problema con que me siente aquí, ¿verdad?
—Pero claro que no, siéntate, por favor —me respondió la chica, y en ella pude sentir gentileza.
—Gracias —me senté—. Me llamo Skyler.
—Yo soy Michael y ella es Violett.
—Así que eres la nueva… —afirmó Violett con un asentimiento de cabeza.
Lamentablemente.
—Ajá.
—¿Y cómo te está yendo con todo? ¿Qué tal las clases y los alumnos? —preguntó Michael.
—Bien, supongo.
—¿Has hecho algún amigo? —inquirió.
—No, pero me he hablado bastante con un chico que hasta ahora va a casi todas las mismas clases que yo. ¿Ustedes a qué año van?
—Cuarto —respondió él.
—Quinto —respondió ella. De seguro nos tocaría alguna clase juntas.
Asentí.
—¿Son novios? —indagué. Podía notar cómo se miraban entre ellos. Parecía haber amor.
—Así es —respondió él y la miró de una manera supertierna.
Yo también quería que alguien me mirara así.
—Skyler, es el primer día de escuela y ya eres famosa —dijo Violett.
—¿Por? —levanté las cejas y abrí la botella de jugo para luego llevármela a la boca.
—Se ha esparcido el rumor de que estuviste descompuesta en la mañana y que ese fue el motivo de la tardanza en tu primera clase.
Me atraganté y luego suspiré.
La mentira de Luke seguía presente en la mente de los alumnos.
—Es una mentira que ha dicho mi hermano solo para vengarse de mí —les hice saber.
Y hablando de él...
—Aquí estás, Skyler. No te encontraba por ningún lado —dijo luego de sentarse a mi lado.
—¿Por qué te tardaste, Luke? Te estuve esperando.
—Me agarró dolor de panza. Tuve una emergencia.
Diablos, Luke. Estaba comiendo.
Miré a las personas que tenía en frente. Ambos miraban a mi hermano.
Qué vergüenza.
—Ese es el karma —respondí—. Ellos son Violett y Michael —presenté.
—Ya sé, Con Violett estamos juntos en la clase de matemáticas, y a Michael lo conozco porque está dentro del equipo de fútbol.
—Ah —dije.
—Te dije que no comieras esa barra de chocolate —comentó Michael—. Te advertí que te haría mal, esas barras de la máquina expendedora del segundo piso tiene ese efecto.
—Habrá tenido sus consecuencias pero al menos disfruté comer ese delicioso dulce —se excusó Luke.
Parecía que a él le había ido mejor que a mí con eso de hacer nuevos amigos, o de hablar sin vergüenza alguna frente a chicos y chicas que él apenas conocía. Esa era otra de las cosas que caracterizaban a mi hermano; era confiado, algo que me parecía faltar a mí desde que entré al colegio en la mañana.
—¿Qué le pasa a ese chico? —indagué cuando vi entrar a Chase al comedor y sentarse en una mesa con tres chicos.
—¿A cuál de todos? —preguntó Violett.
—Al que acaba de entrar. Chase.
—¿Por qué crees que le pasa algo? —elevó las cejas.
—Fue un poco grosero conmigo durante toda la clase de ciencias. Es raro, mal contestado, mezquino, y ese toque oscuro que tiene intimida. No parece ser muy amigable que digamos. Bueno, en realidad, no tiene nada de amable. No empezamos con el pie derecho. Hasta hizo un berrinche porque me senté en su asiento. ¿Quién hace un berrinche por eso? No quiero ser imprudente pero, ¿se droga? Porque he leído por ahí que las drogas causan malhumor.
—No sé si droga, creo que no, pero tienes razón con eso de que no es amable. De hecho, con nadie lo es; suele ser callado, pero cuando habla te trata mal. Y si con el toque oscuro te refieres a la ropa, pues sí, intimida. Pero te acostumbras a verlo así, o eso creo. Siempre lleva ropa negra todos los días. Solo no le prestes atención y listo, si no lo molestas, él no te hablará. Y si puedes, cámbiate de lugar y ya, así no tendrás que aguantarlo. El año pasado me senté a su lado porque llegué tarde y no había más asientos, y sí que fue muy incómodo.
—Tendría que llegar temprano a las clases y ocupar el lugar de alguien más, porque no hay otros sitios donde ir. ¿Hace cuánto viene al colegio? —inquirí.
—Desde el año pasado —respondió Michael. Yo no dejaba de mirar los gestos de Chase. Se lo veía tímido porque no hablaba con ninguno de los chicos de la mesa, y éstos parecían tener un par de primicias dado a que no dejaban intercambiar palabras entre ellos—. Los que están con Chase son sus hermanos.
Miré a Michael.
—¿Sus hermanos? —Él y su novia asintieron—. ¿Cuántos años tienen? No parecen tener menos que Chase y sé que gemelos y mellizos no hay porque ninguno se parece a ninguno.
—Hay rumores… —respondió Violett—. Se dice que el padre de los chicos engañó repetidas veces a su actual mujer. Son todos hijos de Caleb, pero no de la madre, excepto el profesor White. Ese sí es hijo de ambos. Las verdaderas madres de los demás no querían hacerse cargo de ellos, así que Caleb tiene la custodia completa de todos y Madeline los trata como si fueran sus propios hijos. Oh, Caleb y Madeline son sus padres.
—¿Crees que es cierto todo eso? Se me hace difícil creer que esa mujer soportó tantas infidelidades, y encima tantos hijos de otras mujeres.
—Solo te cuento lo que se dice, este es un pueblo pequeño, a veces los rumores van y viene —Violett se encogió de hombros—. También se me hace difícil de creer, pero puede ser.
—¿Todos son de la misma edad? —pregunté.
Sabía que la vida del grosero de mi compañero de ciencias no me debía de importar en lo absoluto, pero Chase seguía teniendo esa cosa rara que me llamaba la atención. Y aún no sabía qué era exactamente. Quizá todo. O quizá solo una parte oculta de él que no veía a simple vista pero que podía sentir.
—Todos excepto Zach —respondió—, que es el que viste con remera blanca y pantalones negros. Está en el último año.
—Ah —asentí, y seguí mirando a aquellos chicos—. Todos tienen un aire oscuro, la verdad —dije—. Y están muy buenos.
—Oye, oye, oye, calma esas hormonas, Skyler. No tienes edad para tener novio y ver a muchachos —ahí iba mi hermano otra vez.
—Tengo diecisiete, Luke. Ya soy grande, supéralo de una vez.
—No te metas con ellos, no parecen ser buenas personas. —Este era otro de sus intentos de que dejara de mirar muchachos, pero yo lo ignoré.
Chase posó su mirada sobre la mía y, luego de unos segundos, movió los labios. No llegué a leerlos pero, cuando intenté rebobinar en mi mente lo que él dijo, me di cuenta de que sus palabras no eran dirigidas a mí, sino que a sus hermanos.
Todos ellos giraron su cabeza para verme y rápida y lógicamente me sentí incómoda. Esto es lo que me ganaba por quedármelos viendo.