Por Valentina Ruiz El desayuno me supo a nada. El café estaba amargo, la tostada demasiado tostada y el jugo… olvidado en la bandeja. Mi celular vibraba cada tres segundos. Notificaciones. Mensajes. Llamadas perdidas. —Jefa… —dijo Carla entrando con expresión de tormenta—. Necesita ver esto. Me extendió la tablet. Primera plana digital de una de las revistas de farándula más leídas del país. “La Viuda y el Obrero: del luto al lujo en manos humildes” Y debajo, la foto: Rodrigo tomándome de la mano al salir del spa. Mi rostro relajado. Él, sonriente. Y otra imagen más íntima: su mano sobre la mía mientras me mostraba un reloj en la boutique. No necesitaba leer los comentarios. Ya sabía cómo jugaban este juego: “Desesperada”. “Buscando consuelo donde no hay estatus”. “Del CEO

