--- Narrado por Valentina Ruiz Italia nos recibió como si el mundo se hubiera detenido para darnos un respiro. Había algo en ese aire, en la mezcla del vino tinto, la arquitectura centenaria y el sonido suave de mis tacones contra los adoquines de Florencia, que me hacía sentir... libre. Rodrigo caminaba a mi lado, elegante con un pantalón beige entallado, camisa blanca de lino y ese reloj Cartier que yo misma le había comprado. La gente lo miraba. Algunas mujeres hasta se volteaban a verlo. Yo solo sonreía. Él era mío, y lo sabía. —¿Te pasa algo? —me preguntó mientras me tomaba de la cintura. —Me gusta cómo me miran... y cómo se mueren de envidia —respondí con una sonrisita peligrosa. —Te encanta provocar. —¿Y a ti no? —Si eres tú, me dejo provocar. Nos sentamos en un restaurant

