Rodrigo Álvarez (Primera persona) La puerta de la suite presidencial se cerró con un suave clic tras de mí. Un silencio denso llenó el aire, cargado de todas las palabras que jamás habíamos dicho. Valentina estaba ahí, contra la pared iluminada por la luna que se colaba entre las cortinas, con los brazos cruzados y la mirada fija en mis pies. —No me mires así —murmuré sin alzar la voz, aunque el eco en la habitación amplificó cada palabra. Ella ladeó la cabeza. —¿Así cómo? —preguntó con la voz ronca, mitad reproche, mitad deseo. Crucé la distancia que nos separaba, sintiendo cómo el suelo bajo mis zapatos despertaba el recuerdo de cada paso que di para llegar a ella. —Como el hombre que te abandonó —dije, alzando la vista. Valentina respiró con fuerza. —No te culpo por lo que pasó.

