La mañana en la Mansión Serrano comenzó con una ligera brisa que atravesaba los ventanales del ala este. Valentina Ruiz, la viuda del CEO Leonardo Serrano, se alistaba con discreta elegancia. Su cabello recogido, una blusa marfil de seda y pantalón de lino claro hacían juego con su porte renovado. Aunque su rostro irradiaba paz, la mirada guardaba el eco de un accidente reciente que la había tenido al borde de la muerte. En la entrada de la mansión, la Range Rover blanca esperaba con el motor encendido. Ramona, su suegra y madre de Rodrigo Álvarez, se ajustó el cinturón del asiento del copiloto mientras Valentina abordaba con pasos firmes. —¿Lista? —preguntó Ramona, con voz suave. —Listísima, hoy saldremos de dudas —respondí Valentina con una mueca de seguridad que ocultaba su ansiedad.

