24 de noviembre, 2027. Keira. Me sobresalto al encontrarlo frente a la puerta de la habitación, con el brazo extendido en el aire y con su mano cerrada, a punto de tocar. Frunzo mi ceño. Cierro la puerta mandando un mensaje claro, pero es más rápido y pone su pierna impidiéndome que lo cierre. Sostengo con una mano la puerta y la otra lo llevo a mi cadera, enarco una ceja y curvo una sonrisa falsa de alegría. —¿Qué quieres? —pregunto de mala gana, pasó una mano por mi cabello. —¿No tienes nada que hacer? ¿Por qué no me dejas en paz? Estoy cansada de despertar cada mañana y verte parado frente a la puerta, esperándome, sólo para darme un simple buenos días. Te he repetido muchas veces que no va funcionar, nada de esto solucionará los errores que ambos cometimos en el pasado, ¿Cuándo lo e

