Keira. —Te amo. Cierro mis puños de golpe y me detengo abruptamente hasta que por un instante me tambaleo. Tomé un bocado de aire y lo expulsé haciendo ruido, me giro para enfrentarlo y terminar con lo que inició. Doy pasos largos en su dirección, sus ojos me observan apacibles y puedo atisbar lo satisfecho que se encuentra por mi reacción. Lo hizo a propósito. Maldito Stefan. —¡Puedes detenerte! —exploto. Puedo sentir todas las emociones revueltas en mi interior y como ese intento de ignorar se desvanece. —¡No puedes sabotear todo lo que he logrado, sólo porque se te ocurrió la grandiosa idea de quererme de vuelta en tu vida, luego de arruinarlo por completo! ¡Sólo detente, no quiero tener que marcharme porque me siento a gusto, pero no me lo estás poniendo fácil la estadía aquí, si

