Ánikka: —¡Salte ahora mismo! —grité, mientras él caminaba hacia mí. En este momento ya le tengo miedo, pero no debo demostrarlo, no a él que se cree superior a mí. —Me encanta que seas altanera, te creas peligrosa… pero eso no es tan bueno, ¿sabes? Está a la larga es mi casa, puedo estar donde y con quien quiera, haciendo lo que quiera. —Pues aquí no, desde que decidió darme esta habitación. —Te falta mucho por aprender, bella ragazza… vendrá un maestro de etiqueta, necesito que te apliques, en unos días habrá una cena, una que nos hará cambiar a ambos. ¿estarás bien hasta entonces? —pregunta. Respiro profundo para contener mis ganas de abofetearlo. —Claro, si es así hablando, claramente es entendible. —Buena niña, te veo a la hora de la cena, en ese estante— señala al lado

