Ánikka:
—¡Cállate, tonta! —grita Eliza, queriendo abalanzarse hacia mí, pero es tomada por Daniel y Marge, mientras la rubia patalea con fuerza.
—¡Chicos, chicos! Vamos a empezar ya con el acto ceremonial, pónganse las togas y los birretes, empezaremos a salir el claustro de catedráticos, ustedes ya deben de estar en sus asientos, recuerden que deben estar en donde sus nombres estén. Vamos, salgamos— dice la licenciada Michelle, haciendo a que sea lo que fuese a pasar, se detuviera aquí.
Con Marge nos tocó lejos, ya que soy una de las primeras a las que llamarían al escenario, por mi nombre y mi apellido, aparte de ser becada y el mejor promedio.
Mis padres alardeaban del otro lado del recinto, mientras que los licenciados hablaban sobre la promoción de buenos abogados que salía de la universidad en esta oportunidad, la oratoria y lo demás estuvo lindo, hasta que empezaron a llamar a cada uno por nombre y yo, con mi discurso ya preparado, soy por fin llamada hacia el frente, mientras que una ovación y de pie, me reciben, haciendo a que una lagrimilla rebelde se me escape de los ojos.
Subo con ayuda del maestro Harrys, y todos empiezan a saludarme, hasta que llego a un tipo al que nunca en mi vida había visto, tatuajes en el dorso de sus manos, tez blanca, de una complexión bastante alborotadora y una sonrisa como los mismos dioses, sin dejar de lado su mirada inquisitiva que poseen sus ojos grises.
—¡Felicitaciones, señorita! —acota, haciéndome sentir extraña y como si una parte de mí ya haya tenido contacto con él.
Al ver uno de sus tatuajes en la mano, puedo darme cuenta de que el mismo tipo que entro a la tienda de los vestidos, es similar, así que ahora creo entender lo que mi madre estaba a punto de decirme. Me calmo, exacerbo mis nervios y me dirijo hacia la decana de la universidad, quien me recibe con un fuerte abrazo, si de alguien me he ganado el cariño, sin duda alguna es de esta señora.
—Ánikka Benson, esta demás he de decir, que eres un orgullo, no solo para tus padres sino para nosotros como casa de estudios, hoy con gran emoción, te entrego el título que te avala como licenciada en ciencias jurídicas y sociales, con abogacía en derecho penal. ¡Felicitaciones, querida!
Todos aplauden, excepto Eliza, aunque este momento debería de ser de brillo, radiante como el sol, no es así, porque mi cabeza sigue pensando en ese hombre de la tienda y de la casa, por el cual llevo este vestido sin haber tocado lo de mis ahorros, o en parte ellos.
—Ánikka, ¿estas lista para tu discurso? —pregunta la decana, a lo que asiento con un sí.
Me paro frente al podio, el que me dejan la palabra para poder decir lo que tenía preparado, tomo la hoja de papel que llevaba conmigo y empiezo.
—Hoy es un día en que ninguna niebla debería de esconder al sol, porque todos luchamos por estar aquí este día, enorgulleciendo no solo a nuestros padres, sino a nuestra patria, siendo hombres y mujeres que lucharan por la justicia de su país y de sus hermanos. Hoy agradezco a cada uno de los licenciados que compartió su conocimiento para que hoy tengamos herramientas para limpiar la ciudad. ¡Qué Dios bendiga la patria! —terminé mi discurso y fue un mar de aplausos, y me sentí orgullosa de lo que había logrado.
Aparte de mi título, estoy recibiendo la distinción Magna c*m Laude, en reconocimiento a mi alto rendimiento académico, mis padres están emocionados, pero mi padre llora, demasiado.
Bajo del podio, con ayuda del hombre misterioso que me está volando la cabeza al querer saber quién es, encamino mis pies hacia mi asiento, mientras él regresa a su lugar, cuando empieza la decana a hablar sobre los benefactores que han hecho posible que haya alumnos con dedicación y esfuerzo que aprovecharon las oportunidades dadas por ellos.
—y con ustedes el máximo benefactor de la facultad de ciencias jurídicas, recibamos con un fuerte aplauso al generoso Massimo Knight.
El hombre llega hasta el podio, los aplausos cesan en cuanto el carraspea en el micrófono que está a punto de emitir su voz para ser escuchado.
—Para mí es un gusto estar aquí viendo a una promoción de abogados muy preparados y saber que parte de mi fortuna no fue derrochada por gusto— todos ríen en cuanto emite ese comentario tan fuera de lugar—, Ánikka es uno de los casos que más me enorgullece, tu discurso me inspiro a pararme hoy aquí y agradecerte por utilizar mis recursos en algo bueno y diferente. No me queda más que felicitarlos a todos y como dijo su compañera; acabar con los malos. ¡Feliz y exitosa carrera! —exclamo, sin quitarme los ojos de encima.
Llego el momento más esperado por todos, el de lanzar los birretes hacia el cielo, y gritar por fin que éramos libres, aunque yo, en lo personal, si extrañaré el hecho de venir cada día a la universidad deje de ser una estudiante para salir a enfrentar la vida real.
Mis padres corren hacia mí, mi madre me abraza con fuerza y no deja de exclamar lo orgullosa que está de mí, mientras que mi padre tiembla, tengo miedo de lo que le pueda ocurrir ahora.
Marge me abraza, felicitándome por todo y extrañada de la actitud que tiene mi padre.
—¿prefieres que los lleve a casa? es lo mejor, madre.
—Sí, tu padre no está bien, no te preocupes, nosotros pedimos un taxi.
—Ni se le ocurra, señora Benson, la llevaremos— dice Marge, pero mi madre reniega, alegando que vamos a perdernos la fiesta de la facultad.
—Señora Angela, esa fiesta estará más aburrida que nunca, vamos, la llevamos y así Ánikka se cambia y vamos a una verdadera fiesta, ¿la deja ir? —pregunta, mi madre ríe y eso ya es un sí, aunque quiera quedarme en casa y preguntarle a ella sobre ese hombre y el vestido que cargo.
Encaminamos a mi padre y a mi madre al auto, veo como el señor Knight va también en dirección al auto de Marge y de inmediato reconozco el auto que se pasó el semáforo en rojo en cuanto venia hacia acá, no discuto, pero niego con la cabeza, él me ve de reojo, me volteo hacia adelante, y me subo al auto de Marge, Marge, mientras que mi auto se quedara aquí, el campus es seguro.
Arrancamos a la marcha y dejamos el auto del misterioso benefactor a un lado. Mi padre se tranquiliza, pero se nota pálido, como si en la graduación hubiera visto un fantasma.
—Papá, pueda que este no sea el momento, pero… ¿Qué está pasando?
—No pasa nada, a veces es la presión que se me baja, perdón por arruinar tu día especial.
—No te preocupes, todo está bien.
Después de unos largos minutos llegamos por fin a casa, dejando a mis padres cómodos, mientras que Marge me obliga a cambiarme para ir a bailar, de seguro no iremos a su casa.
—Marge, ya dime… ¿A dónde vamos?
—A una discoteca, a la mejor de la ciudad, hay que aprovechar nuestra última noche libres, tú y yo.
—¿Por qué dices eso?
—amiga, cuando tengas empleo ni siquiera nos veremos seguido, tú eres una adicta al estudio y eso quiere decir que también al trabajo. Anda, ponte sensual, tendremos a los mejores galanes a nuestros pies.
Sonrío, ante esos argumentos no puedo enojarme con Marge, así que solamente me pongo un vestido traslapado color lila, cepillo mi cabello y mis dientes, me retoco el maquillaje y nos vamos de fiesta, esperando a que papá se mejore.
(***)
Llegamos al VIP de la discoteca, el ambiente esta buenísimo, la verdad, aunque me parece algo estresante el hecho de que hay varias puertas en esta área, haciéndome pensar lo peor.
—¿estas segura de que esta es solo una discoteca?
Marge me ve y sonríe traviesa, a lo cual, en cuanto volteo a ver, un hombre le hace señales para que se acerque.
—Es un club, hay habitaciones por si la cosa se pone picante… relaja el cuerpo amiga, ya vengo.
Me deja ahí sola, mientras se va con el tipo que le hacía señas. Estoy que reviento del enojo, me siento en uno de los sofás que se encuentran aquí, y me dispongo a ver mi teléfono, hasta que siento como alguien se sienta a la par mía, tomando mi teléfono y dejándome ver los tatuajes que tiene en la mano, los mismos del señor… ¿Knight?
—Creo que aquí se viene a bailar, a distraerse de cualquier cosa, licenciada Benson—acota, haciéndome poner nerviosa, ¿Qué pensara de mí? Bueno, eso no importa.
—¿acaso me está usted siguiendo, señor Knight?
—llámeme solamente, Massimo… me atrevo a querer tutearla, sin formalidades, solamente somos dos desconocidos que se han encontrado en un club de diversiones para adultos.
—¡tonta Marge!
—¿Qué dices? —pregunta con tono serio.
Esto me está incomodando, hasta que suena una canción que disipa mis nervios y mi estrés, el mismo que me provoca este señor, aunque no es muy grande, lo puedo notar en sus chispeantes ojos.
—¿me concederías esta pieza? —dice, poniéndose de pie del sofá, entregándome el teléfono y tendiéndome su mano para aceptar la pieza.
—Claro, solo esta pieza, pienso largarme— le indico. Fastidiada tomo su mano y con una sola mirada al dj, cambian a otra canción más lenta.
Empezamos a bailar en un modo muy pegado, demasiado empalagoso, realmente no me siento bien, me siento acosada, y siento que esto no se terminara nunca, así que, en cuanto estamos haciendo un giro, machuco uno de sus pies, se queja, pero no le detiene y seguimos bailando. Reposo mi cabeza en su pecho, su corazón suena agitado, y en cuanto estoy por querer amañarme a la pieza musical, se termina la música.
—¿Te llevo a casa? —pregunta, pero no me inspira confianza.
—No gracias, traje mi auto.
—Eres pésima mintiendo, pequeña mentirosa… lo dejaste en el campus.
Estoy a punto de mandarlo al carajo, pero Marge aparece, viéndonos y tapándose la boca del asombro que le causa verme con el mismo benefactor de mi carrera.
—Señor Knight, ¿Qué lo trae por aquí?
—Lo mismo que te trajo a ti aquí, querida. Cuida a tu amiga.
Se levanta del lugar y se va, dejándonos solas ahí. Respiro profundamente, tratando de calmarme, Marge me pide que la vea, pero no lo hago, estoy molesta con ella en estos momentos, no puedo creer que me haya dejado ahí por hacer no sé qué cosas.
—Solamente fui con ese tipo para que me diera esto— dice, mostrándome unas pastillas extrañas.
—No, lo siento Marge, llévame a casa, he pasado mucho por hoy.
—Bueno, vamos, eres una aguafiestas…
Ella me toma de la mano, salimos de ese lugar y me lleva a mi casa, siendo esta la última vez que salimos juntas y resulto ser un total desastre.
Se desvía en el camino, llevándome a un McDonald a comer, y sí, me alegro con la comida.
—Vamos a mi casa, quedémonos juntas, perdóname por comportarme como una tonta.
—está bien, vamos, mañana será otro día… aunque ¿sabes? No entiendo que hacia el señor Knight en la discoteca… ¿será que consume también de lo que fuiste a buscar ahí?
—No lo creo, además esta era mi primera vez, no me juzgues.
—Acabamos de graduarnos de abogadas, Marge.
Ambas nos vemos y explotamos en risas, pero mi mente se sigue cuestionando el origen de Massimo Knight.
Llegamos a la casa de Marge, su hermano tiene fiesta, pero pasamos de largo a la habitación, en estos momentos dormir es lo que más necesito, llamo a mis padres, mi madre me responde tranquila, diciéndome que mi padre esta mejor, aunque con la preocupación de que en donde estoy, le digo que estamos con Marge en su casa y que no se preocupe.
—Mañana espero que podamos desayunar juntos los tres, llega temprano por favor— solicita mi madre.
—Claro, ahí estaré.
Cuelgo la llamada, me desmaquillo, me pongo un pijama que Marge me presta cada que me quedo aquí con ella y nos quedamos dormidas, espero seguir, así como voy, sin nada que ver con los estupefacientes y hacer lo que recite hoy… ¿Quién serás Massimo Knight?
Las dudas no me dejaban dormir, así que me levante a tomar aire fresco, abriendo la ventana del cuarto de Marge, la que da hacia la calle y mi sorpresa es grande. El señor Knight se encuentra viéndome directamente a la cara.
Voy a levantar a Marge, pero cuando vuelvo a ver, él ya no está ahí. ¿me estaré volviendo loca? ¿mi madre tendrá razón o sabrá algo? Tengo miedo.