Massimo:
Ha pasado tiempo desde aquella noche en la que estuve en Estados Unidos, en aquel casino en donde ese pobre imbécil hizo un pacto con el diablo. Desde ese día mande a Demetrio a investigar si era cierto lo que me había prometido ese fracasado, y mi padre entro en acción, no sé si todo será destinado porque lo único que yo tengo seguro es la muerte y más nada.
La noche en la que le ayude a firmar la servilleta con sangre, Mónica me interrogo, le di los detalles de lo que había pasado, ella es la única persona a la que le tengo confianza, termino de tallarme la espalda y de regañarme, la envíe de regreso a su cama, estaba bien y que preparara todo para la cena de hoy por la noche, ella obedeció y dejo que la madrugada transcurriera.
No podía dejar de pensar en lo que alguien podía hacer con tal de seguir apostando, espero que le quede la lección, era solo dándole miedo, no pretendo reclamar nada, no ese tipo de cosas deje de pensar, recosté mi cabeza en la almohada y me quede profundo.
(***)
—La cena estuvo exquisita, hiciste una buena elección al quedarte con Mónica— exclamo mi padre, engulléndose un corte de filete y degustándolo como si fuese poesía.
—Fue lo único que me dejaste como figura materna, padre. ¿a qué se debe tu visita?
Él se limpió los labios con la fina servilleta que reposaba en la mesa, se me quedo viendo fijamente y sonrió. Yo siempre he sabido que le duele la muerte de mamá, pero a su vez, prefirió no convulsionar de amor, sino que se llenó de ira, de coraje y de odio, criándome con los mismos estatutos en los que él fue guiado.
—Con el tiempo comprenderás muchas cosas, Massimo. Mi visita aquí es simple… necesito que regreses a Sicilia… ya estos lares están por rastrearte, no quiero que te quedes aquí más tiempo. Puedes dejar a alguien a cargo de tus negocios, como Demetrio, por ejemplo.
—¿Qué tienes entre manos, padre? Sé que no te hago falta en esos lados tan íntimos como en casa. no cabemos en casa desde que nos tomamos como enemigos en la muerte de mi madre… no quiero estarlo repitiendo cada que te vea.
—No puedes seguirme guardando rencor por algo que se salió de mis manos, Massimo, además; siento demasiado lo de tu madre… ella no debía de morir. En fin, quiero que estes conmigo encargado de los negocios familiares, aquí ya estuvo bien el blanqueamiento de activos… has hecho mucho.
—Te doy veinte segundos para que me digas tus verdaderas intenciones—exclame, levantándome de la mesa y caminando hacia el minibar, tomando un cristal para servirme un buen whisky.
Él me siguió y como me lo esperaba, empezó a hablar.
—De tal palo, tal astilla… eres mi hijo y me conoces tan bien, me recuerdas a ella… necesito que aprendas como mantenemos nuestro estatus en la Italia, políticamente debo de hacer unos favores, pero no puedo ya, estoy viejo y tú eres ese único porcentaje que me queda de vida, Massimo.
—Si me hablas con la verdad desde el principio, tratare de entenderte. ¿Cuándo quieres que me vaya? —indague.
—lunes, termina estos días de arreglar aquí tus negocios, te espero en Sicilia.
Le serví un whisky y brindamos, no me iba a amargar la vida con pelear y no querer hacer o mantener lo que tanto le había costado a él y la vida de mi madre, esta era mi vida, aquí había nacido y no tenía nada que perder.
Terminamos de charlar hasta que llego Demetrio, saludo a mi padre que de inmediato se levantó, se despidió de ambos y pactada ya la fecha de mi partida al viejo lugar en el que crecí, nos dejó solos.
—¿Qué averiguaste? —pregunte.
—Mucho… si, tenía razón, la chica es preciosa y de hecho le traje fotografías para que la vea, está estudiando para ser abogada, es como un trofeo, lo malo es que esta por abandonar la carrera, por los métodos estúpidos de administración monetaria de su padre.
Él me saco un par de fotografías, mis ojos no daban crédito a lo que veían… una hermosa joven, obvio con unos años más joven que yo, cabello castaño, ojos verdes, piel tersa y con toques dorados, y unas piernas largas, de ensueño… estoy flipando.
—¿Cómo se llama, donde vive y si está sola? —pregunte, como si de una muñeca de edición limitada se tratara.
—Ánikka Benson, veinte años, y tiene un novio, no creo que duren mucho, los vi peleando hoy.
—Es un buen premio, pero no merece nada de lo que le está pasando… ¿Cuándo has visto a un mafioso benevolente?
—No hablare de eso, señor. ¿Qué hacemos?
—Nada… déjalo estar así… o no… ¿sabes qué? Averigua como podemos optar para ser beneficiarios de ciertas becas, y en esas mismas, que ella este becada y termine de estudiar, en algún momento me servirá su inteligencia.
—¿usted cree, señor?
—No digas nunca; de esta agua no beberé, Demetrio. Coordínalo, no le pierdas la vista, el rumbo, lo que ella necesite debes de dárselo, eres mis ojos y mi sombra y ahora lo serás con ella.
Él asintió, me dejo el expediente que había traído sobre la chica, se retiró y me quede solo, cobijándome la cara con las manos, tenia mucho en que pensar, así que fui al estudio y me encerré ahí por unas horas, viendo hacia la luna y arreglando las cuentas con los clientes que me movían las cantidades de sus negocios ilícitos, en conjunto con los míos y dejando enterados a todos de que por un buen tiempo me iría de Norteamérica, regresando a mi pedazo de tierra.
(***)
Estando ya en el helipuerto para irme a Sicilia, recibo una llamada de Demetrio, diciéndome que, si habían aprobado el financiamiento de las becas, bajo mi seudónimo Knight, una empresa fantasma que ayudaría a algunos jóvenes a terminar la carrera y entre esos esta ella, el premio. Le indique que era lo que debía de hacer y por fin subi al helicóptero, yendo a donde pertenecería de nuevo, manejando los negocios de mi padre.
Estando ya en tierras itálicas, las cosas se pusieron densas desde un inicio, siendo un hombre peligroso, nada se comparaba con lo que hacía en Norteamérica, desde secuestros y torturas hasta as.esi.natos a personalidades reconocidas en la vieja Italia.
Las apuestas ilegales eran el fuerte de la península, el blanqueo de capitales era lo mismo que hacía en Norteamérica, y lo que me tenía en vilo… enfrentamientos entre carteles por los intereses de ciertas zonas en los que los Luchesse tenían negocios, sin contar a los Bonanno, a los Messina que, eran los que más habían sido expuestos después de la muerte de la jefa del cartel; Romina Messina.
—No sabremos en donde estaremos mañana, Massimo… necesitas una familia, alguien a quien dejarle el legado Luchesse— exclamo mi padre en medio de un tiroteo con el cartel del “Bufón”, quien controlaba el área de Palermo, exactamente en Corleone, mientras que mis hombres habían sido citados en territorio hostil, disparando a lo loco.
—Ahora no es buen momento para esto, padre.
—¡Claro que sí! Estamos a punto de morir, debes de tener por lo menos un heredero, no puedo creer que estes solo.
—¡Basta! Dispara— le indico eufórico, con la adrenalina al mil por hora.
No me basta decir que fue una masacre, no pensé que esto sería así de difícil en mi propia casa, en Estados unidos las cosas son más tranquilas, aunque también tuvimos un enfrentamiento con el cartel mexicano por territorios tocados sin permiso.
Todo había parado, no había sido un día cualquiera, que el viejo Luchesse pidiera descendencia había sido lo último que escucharía en la vida.
Me recompuse después del tiroteo, ganando esta vez y enviándole un mensaje al Bufón, pidiendo que nos dejaran en paz, que el territorio siempre perteneció a los Luchesse, aunque sería una guerra dura de parar.
(***)
—Está a punto de graduarse, ya paso vario tiempo, es una de las mejores en su facultad… puedo decirle que ha sido una de sus mejores inversiones, señor.
Demetrio me llama seguido, la ha cuidado bien hasta ahora, y es momento de cobrar lo que bien ganado tuve en ese momento.
—Regresare a Norteamérica una semana antes de que se gradué… ¿Cómo está el idiota de su padre?
—Creo que cambio muy tarde, ahora es ese padre y hombre de familia abnegado, aunque nos hemos visto un par de veces, vive en psicosis, señor.
—Así me gusta, Demetrio. Prepara la mansión, alista a Mónica para mi llegada y que prepare mi fiesta de cumpleaños, pienso invitar a mis socios a una amena recepción, mi llegada será triunfal y el reclamo de mi premio también.
—Claro señor, así se hará.
—Es hora de tomar formalidad, de presentarme como debe de ser.
Terminamos de hablar, dejando pasar el tiempo para regresar a Norteamérica, no es que quiera darle a mi viejo la redención de un nieto, pero me consta que, si la muerte llega primero a él, por lo menos que vea que no quede solo, ella se casara conmigo, no me interesa que sea feliz, solamente debe de ser el trofeo que gane en una noche de casino clandestino.
Enfilo mis pies hacia el casino de mi padre, el mismo que queda aquí en la mansión Luchesse, están todos reunidos, la familia de la “cossa Nostra” esta reunida por fin, como en aquellos viejos tiempos, entre putas, cartas y el mejor de los whiskys, trato de divagar la mente y pensar en cómo le diré al viejo que regresare a Estados Unidos, no por capricho, sino que debo arreglar asuntos que son propios míos.
—¿a qué viene que te unas a la fiesta, Massimo?
—Me largo a Norteamérica la próxima semana, lo estuve pensando bien, papá.
—¿Qué estuviste pensando?
—En una familia, tienes razón, el legado de los Luchesse debe de permanecer.
—Te lo dije en broma, Massimo, sé que eres un solitario, no entiendo como no se te han caído las bolas, no quiero saberlo tampoco, mio ragazzo.
—Ella está en Estados Unidos, es inteligente, es hermosa y lo mejor es que es mía, solamente mía. Me pertenece.
—Ese lado posesivo lo tuve con tu madre, siempre.
—Con ella es diferente, su padre me la entrego como un premio, para solventar su deuda, y acertó, porque la hare mía, la convertiré en una princesa de la mafia, en mis ojos, en mi vida.
Él se quedó perplejo, hasta yo mismo dude de lo que salía de mi boca, pero ahora no había marcha atrás, se levantó de su enorme y cómodo rey quinto, me abrazo y todos se quedaron asustados de la muestra de amor que mi padre me estaba dando, desde lo que paso con mamá, esto no había pasado, así que me sentí dichoso, bendecido.
—No tengo palabras para decirte lo que siento, esa es la manera en la que se gana a las mujeres, muchacho… ¿hace cuánto tiempo la tienes? —empieza papá a hablar, pero me detengo, no hablare de esto frente a los demás.
No es mi naturaleza por más que trate de vivir en ella, he matado gente, sí, pero no inocentes y ella solamente es víctima del sistema en el que su padre decidió exponerla, e igual, si se interpone en el camino, trazado, tocara quitarlo del camino.
—Bueno, no me digas, pero espero verla pronto, supongo que, si es un buen premio, si vas hasta allá, dejando las cosas aquí calmadas, es porque de verdad te interesa.
—No te negare que me parece guapa, pero no es algo que vaya a fluir por amor, te dejo, iré a descansar y tratare de dejarte todo en orden para cuando me vaya.
Salí de esa habitación que estaba llena de humo, de excesos y bueno, traté de hacer lo que debía.
(***)
llevo una semana aquí, enterándome de cómo van los negocios después de ausentarme por un buen tiempo, he ido a la universidad para coordinar lo de la graduación de la señorita Benson, no quiero ser brusco con ella, a menos que me complique las cosas.
—Señor, quiere un vestido desde hace meses— Demetrio estaba entrenado a darle todo lo que pedía o deseaba, quería que de una u otra manera no me viera como el enemigo, aunque cuando llegara el día de cobrarla ante los padres, ese día sería un jolgorio.
—¿Por qué no se lo has comprado?
—Estaba esperando a que la cobrara antes para que usted personalmente lo hiciera.
—Quiero en este puto instante que pagues ese vestido y pases desapercibido, te deje ordenes muy explicitas de lo que debías de hacer en mi ausencia, si no lo haces, tu cabeza rodara en mis pies, no me pongas a prueba.
Colgué la llamada, esperando a que el imbécil de mi asistente hiciera lo que debía de hacer desde hace meses.
Me relaje, tome el vodka que me fascinaba, debía de meditar bien lo que estaba a punto de hacer mañana en la graduación, pensar en un discurso sano y no matar a nadie, con los tatuajes no podía hacer nada, tenía que disfrazarme de cordialidad, no tenía que dejar en evidencia que era un puto asesino, fingir mi mejor sonrisa y ganarme su confianza, siguiéndola para encontrar el momento perfecto para dispararle la verdad en la cara.
—¿Cuándo la traerás? —Mónica está encantada con mi estúpida decisión.
—Aún no lo sé, mañana iré a su graduación, ver cómo ha triunfado en la carrera equivocada para ser la esposa de un mafioso.
—¿La harás tu esposa?
—Claro, Mónica, ¿Qué pensabas?
—No quiero que le hagas daño, tus actitudes a veces son severas, ella no lo merece.
—¿Acaso eres Dios?
—No, pero soy una mujer que conoce tu lado malo y tu lado bueno, y por el malo sé que eres cruel, déspota…
—Un hijo de puta, ¿cierto? Si ella se porta bien, todo marchara bien, tendrá techo, comida, ropa, joyas, lo que se le dé la gana, excepto la libertad… me pertenece.
—No te pertenece, tiraste la servilleta, sin ello no puedes cobrar nada.
—¿crees que soy estúpido, Mon?
Ella me ve expectante, obviamente mande a enmarcar esa puta servilleta, sabia inconscientemente que este día de reclamarla se llegaría, y no me convenia tirar eso al carajo.
—¿Qué querrás para cenar en tu cumpleaños?
—Lo que sea, Nana… solamente quiero que ella sea el postre.