Massimo:
Después de controlarla esa madrugada vigilándola desde afuera de la casa de la amiga que compro la molly para pasarla bien, me largue a la mansión, me dirigí directamente a mi habitación y camine directo al baño, me desnude completamente y tome una ducha fría, eso despejaría mi mente, odio a los adictos, y aunque en la parte mayor yo sea causante de tanta mierda como esa, ni de estúpido la consumo, quien se pierde en este mundo lo pierde todo, conmigo ella no sabrá que es tener esa mierda en el cuerpo, no porque la quiera proteger, ella será la imagen que yo proyecte, bien dicen que detrás de un gran hombre, siempre hay una gran mujer y como tal, no podía ser una maldita adicta.
Salí renovado, me enrolle la toalla a la cintura y me tire a la cama, en cuanto aclarara el día iría a reclamar el premio, lo que me pertenece con letra en puño y sangre.
(***)
—¿está seguro de lo que hará, señor? —Demetrio tenía un poco de pena con la decisión que estaba tomando, ya no habría marcha atrás, y tampoco retrocedería en esto, en cuanto una idea se me atravesaba, debía de ponerla en marcha.
—¡Claro que sí! Verla en la universidad, viendo que es tan inteligente y hermosa me hará tener plusvalía en el mercado, es hora de accionar— me baje del auto, mientras que él y los demás hombres a mi servicio me acompañaron hasta la puerta de la casa.
Al parecer en su tiempo, Erick hizo una buena inversión al hacer esta casa, tipo colonial, con una fuente en la entrada, ese color marfil característico y ese jardín pequeño que tenía algo de descuido. Toqué el timbre, nadie abre, al tercer llamado sale una señora, el parecido con Ánikka es abismal, me estudia de pies a cabeza e intenta cerrar la puerta, asustada y la entiendo, pero no quiero hacer esto por la fuerza, no quiero provocar más inconvenientes.
Mi pie derecho es el que interrumpe el portazo en la nariz, a lo que ella intenta sacar mi pie, pero mi fuerza y mi paciencia son las que no me permiten razonar, tirando la puerta y lanzándola al suelo.
—¿Quién es y qué es lo que quiere en mi casa? dinero no hay, desde hace años…—indica, mientras que Demetrio le ayuda a levantarse.
Inspecciono la casa con la mirada, todo luce prolijo, pero efectivamente, se ve el desgaste en las manos de la pobre mujer a la que fue condenada con ese hombre tonto.
—No te preocupes, mujer. Vengo por otra cosa, a reclamar algo que me pertenece desde hace un buen tiempo, he invertido dinero, tiempo y estrés en estar mandando a mi gente a ser su sombra y mis ojos.
Ella se queda asustada, viendo a Demetrio fijamente.
—¿Me dirás realmente quién eres tú y este hombre? —indaga, esperando respuesta de alguno de nosotros.
Estoy a punto de responderle la pregunta, pero el grito de una voz que recuerdo tan bien se hace presente en este juego caótico en donde siempre él, sale perdiendo.
—¿Quién tocaba la puerta, Angela? —en cuanto deja de lado el periódico que lleva en las manos, posa la mirada en mi persona, viéndome y quedándose helado en el mismo lugar.
Su cara de felicidad mañanera es épica, cambiándola a una de aflicción, arrepentimiento y desolación.
El consuelo para esta familia vendrá, pero no por mi mano, sino por la misma mano de ese hombre ruin que fue capaz de exponer lo único valioso que esta mujer poseía.
—¿Me extrañaste, Erick? —me dirijo a él, y huelo el miedo que sale de todo su ser, me relamo los labios y sonrío, mostrándole que aquí estoy, para hacer valer lo que me corresponde.
—Se…señor. No lo haga, por favor, por lo que usted más ame en este mundo, fue mi error, yo… yo puedo pagarle con trabajo, pero no lo haga, se lo imploro— chillando del miedo se arrodilla ante mí, y es en donde su esposa se acomoda los cojones que a este imbécil le faltan.
—¿Qué es lo que está pasando? Si en este momento ustedes no me dicen quiénes son y lo que hacen aquí, llamare a la policía.
—Somos la policía, bella donna, soy Massimo Luchesse, un hombre normal, ¿común? Pueda que sí, mi profesión esta al orden del día, ¿corriente? No lo creo, o dígame usted, señora— en ese momento mis hombres toman a Erick de los brazos y cargado lo llevan hacia la piscina que tienen al fondo.
La señora se queda asombrada, Demetrio la toma despacio del brazo, sin lastimarla y la dirige hacia el mismo lugar al que llevan a su esposo, mientras que camino hacia las escaleras de arriba, inspeccionando que no haya nadie más y que ella ya este aquí, no me gustan las mujeres que no madrugan o que no amanecen en su casa.
Veo todas las habitaciones de la casa, hasta llegar a la de ella, una que es totalmente de color rosa, el olor a azahares y vainilla inunda mis fosas nasales, reconociendo su aroma de inmediato y transportándome a esa puta ceremonia de graduación, en donde determine que sí, ella era la indicada para darme la luz que mi presencia en los negocios necesita.
No esta, no ha venido, entonces enfilo de nuevo mis pies hacia las escaleras, llegando a donde tienen ya atado a Erick, en una silla y la esposa está ahí, llorando silenciosamente, hasta que me ve y empieza el espectáculo.
—Dígame de una buena vez lo que este idiota hizo, por favor
—No quiero destruir su hogar, mujer… se nota que ha sufrido demasiado al lado de este mequetrefe, le prometo que todo estará bien.
Ella se acerca a mí, en forma violenta a querer golpearme con sus pequeños puños, débil y cansada de esta vida de mierda que su adorado esposo le ha dado, Demetrio la quiere detener, pero solo con la mirada le indico que la deje, que descargue lo que siente conmigo.
—Erick, cuéntale a tu esposa lo que está pasando y lo que hago hoy aquí en tu casa, ya es hora de que aprendas a ser hombre— espeto con voz de mando, a lo cual, ella lo voltea a ver, esperando una explicación.
Él solloza, tiene miedo, pero el momento que tanto oculto y estoy seguro de que le pidió a Dios que no llegara, se está viviendo ahora mismo.
—La noche en la que me tuviste que ir a ver al hospital porque casi moría, ese día lo perdí todo, lo perdimos todo, Angela
—Tú has sido la escoria que ha apostado todo en esta miserable vida sin importarte las consecuencias de lo que hayas hecho, si no, no estaríamos aquí ahora… ¿Qué apostaste? ¿Qué es lo que le debes a este hombre? —dice desesperada, mientras que el hombre llora arrepentido.
Este momento lo lleve saboreando hace unas horas, el sufrimiento es el éxtasis que necesitaba desde que regrese de Italia, y es en este preciso instante en el que un “Mamá, Papá, estoy en casa”, se hace resonar en medio de la situación formal en la que estábamos, toda una reunión familiar.
—¡VETE ÁNIKKA, HUYEEEE! —grita Erick, y en ese momento saco el arma que llevo en la cintura y disparo, haciendo a que la esposa de este miserable comience a llorar, y la que faltaba aquí se haga presente.
Parker, uno de mis hombres toma a Erick y lo lanza a la piscina, no puede moverse porque está amarrado a la silla, y en ese instante veo a Angela, y me lleno de valor, viendo como la mujer que está a punto de convertirse en mi propiedad, avanza gritándome, siendo tomada por Demetrio.
—Erick me pago una apuesta, perdió en el blackjack, no tenía nada más y de recompensa me entrego a su hija, la hermosa Ánikka Benson…
—Eso no puede ser, no te llevaras a mi hija de mi lado, prefiero que acabes con él y te cobres con su vida la deuda— indica la mujer, haciendo valer su temple de acero.
Ánikka grita, queriendo ayudar a sus padres, a uno de la muerte en la piscina y a su pobre madre con el dolor que la aqueja y es ahí en donde finalmente la veo a los ojos, su cara de desvelo, y ella me reconoce.
—¿Señor Knight? —asombrada, sonrío y veo a Erick moviéndose de a pocos en el agua.
—Parker, sácalo de ahí, suficiente— indico, y él hace lo que le pido, mientras que me deleito con esta escena en la vida que no pensé en vivir en carne propia.
—Soy Massimo, tu dueño, ahora… y sí, señora, si puedo llevármela, este hombre ha firmado esto con su letra a puño y sangre, ahora jugaremos un poco y dejaremos las formalidades de lado… ¿quieren?
Ellas me ven asustadas y Erick por fin es rescatado de la honda piscina que casi lo ve morir en ella.
Me acerco a Angela, la tomo de la mano y ella llora, lanzándole una mirada de dolor a su hija, quien empieza a patalear desde atrás pidiendo que la suelten, veo que es toda una salvaje, es una cajita de pandora y me divertiré mucho con ella. Estoy seguro.
—Ten, mujer… con esto puedes saldar la deuda que él tiene conmigo, si acabas con él, las dejo en paz, y por cantidades pequeñas pueden pagarme lo que ella me debe— volteo a ver a Ánikka a la cara y ella grita que la suelten.
Le doy el arma a Ángela, lo que ella no sabe es que soy un maldito enfermo, sediento de venganza y de sangre, y que si bien algo me enloquece son los juegos, así que una ruleta rusa, una sola bala acabaría con el… más no con lo que vengo a llevarme.
—¿estás seguro de que, si acabo con ese infeliz, me dejaras a mi hija?
—Sí… claro.
Ella toma el arma, le enseño a cargarla y a esperar lo que el destino quiera mandar, apunta a la frente del hombre que tal vez alguna vez amo, pero los gritos de Ánikka y los golpes que siento en la espalda por parte de ella, hacen a que Angela dispare y acabe con todo.
—¡Mamá, Nooooooooo!