Marco caminaba en dirección a la oficina de su padre, necesitaba ayuda con un paciente que había ingresado un poco y el único que tenía conocimiento suficiente sobre eso, era el mejor en el área, su padre. Pero en la vida los cuentos que nos narran nuestros padres, cuando somos adultos se nos vuelven realidad. Marco pudo irse por el camino de siempre, tal como caperucita debió hacer en su momento, sin embargo subió por las escaleras que era el camino más largo, necesitaba despejar su cabeza, pensar en su paciente, en posibles soluciones. Pero se encontró con un problema. A medida que subía, unas piernas bajaban, fue inevitable verlas, casi parecía que Marco estaba arrodillado ante aquellas piernas. —Mira lo que trae la brisa por aquí. —Emma, hola. Se aclaró la garganta a intento man

