Jareth exigía estar presente en el parto del bebé y por más de que Lisbeth intentó negarse, sabía que sería imposible conociendo la persistencia de su antiguo amor. —Te aseguro que el día del parto estarás presente. —No quiero perderme nada, bastante me mantuviste alejado durante el embarazo. —¿Por qué nunca me buscaste? Deja de mentirte solo para hacerte sentir mejor con todo esto. Yo no te aleje de tu hijo, te fuiste y ni por un segundo me llamaste y tienes claro en tu cabeza que no me llamaste por qué actuaste mal, porque me rompiste el corazon en mil pedazos y no tenías cara para responder por tu fechoría, que de haber sido un hombre racional y maduro lo hubieses hablado conmigo en lugar de huir. La verdad es que tanta rabia contenida estaba agotando la paciencia de Lisbeth, pues

