No creo que el rizo permita que me hagan daño. —No temas mi vida, eres el ángel de mi hijo, ahora vamos que te llevaré a tu nueva casa —me señala la camioneta. ¿Ángel? Nooo… Soy el mero diablo en persona, eso es una mentira enorme. Entro a la camioneta y la señora sigue mis pasos. —Listo señora —dice el rizo y ella asiente tras cerrar las puertas de la camioneta. —Sé que no eres la prometida de mi hijo, puedo notar el nerviosismo de una persona honrada y oler el miedo —trago grueso, la señora es astuta, porque no delató a su hijo—, te preguntarás del porqué no dije nada, bueno, simplemente creo que mi hijo te aprecia y está interesado en ti porque aquí jamás trajo a una mujer, no sé quién eres, pero te agradezco por llegar a la vida de mi niño—sus palabras salen en un hilo de voz—, mu

