El mafioso acepta mi mano y ambos decidimos caminar, dejando a sus padres deslumbrados, creo que el tema del vecino ha quedado en el olvido, bueno, eso es lo que espero, puesto que no quiero que nada más se salga de mis manos. En un rotundo silencio ambos nos dirigimos a la habitación, aunque no sé cuál de las dos, el único que inunda nuestros oídos es el unisonó de mis tacones y el de sus zapatillas. En par de minutos demoramos en subir las escaleras para ahora entrar a la habitación de él, pensé que entraríamos a la mía porque en su habitación no tengo mi ropa, ¿o sí? El abre la puerta y me ofrece pasar, yo asiento, suelto mi mano de la suya y sin esperar me adentro a la habitación, tengo nervios, no sé si vamos a discutir o él piensa que yo tengo otras intenciones. —Esta será nuestr

