Capítulo 31 —Dudas persistentes Laila: Había escogido ese café porque estaba segura de que no lo encontraría ahí. Era mi refugio de sus miradas, de los ruidos, de los silencios incómodos. Las posibilidades de que Bryan apareciera aquí eran mínimas, pero al abrir la puerta, lo vi, de pie junto al mostrador, hablando con el barista, a pocos metros de mí. Mi primera reacción fue girarme y salir, pero entonces me miró, y el simple gesto de alzar una ceja me hizo quedar clavada en el lugar. Respiré profundo, caminé hasta la esquina opuesta y me senté de espaldas, intentando concentrarme en cualquier cosa que me distrajera de su presencia. Pero Bryan no era de los que dejaban pasar un encuentro casual. Apenas alcé la vista, él ya se sentaba en frente de mí, con esa seguridad que parecía irrita

