Estaba teniendo una noche de mierda, y no podía tener una noche de mierda, tenía que estar decente para mi hijo mañana. Él me necesitaría y yo no le podía fallar. Los nervios me superaban y un millón de cosas me daban vueltas en la cabeza. Cada vez que me movía Gabriel se movía, así que él tampoco estaba teniendo de las mejores noches. Al final con el dolor de mi alma, me aparté de su pecho que estaba calentito y cómodo y me fui a dormir al cuarto de al lado. No había sido de las mejores ideas, porque ahora lo extrañaba mucho, pero al menos él dormiría mejor y yo podría pensar tranquila. Lo primero que se me vino a la mente fue Gabriel, y en cómo no llegaba a entenderlo del todo. En cuanto llegue pensé que no quería nada serio conmigo, pero si notaba cierto interés. Era obvio, o no h

