Ricardo Esto no se va a quedar así, lo juro, nunca una mujer me había humillado de esta manera, y Ana no será la primera. —¡Señor es mejor que nos vayamos, ella no está sola —me dice George, la verdad lo fulminó con la mirada, este mundo no es para cobardes. —Me estás queriendo decir que me vaya, después de lo que la perra de Ana nos mandó hacer. —Lo tomó del cuello y lo tiró al piso. —No… señor para nada, solo que este no es el momento, además estamos bastante golpeados, y el señor Leonardo está con ella, y el hombre que parece su sombra tampoco la va dejar sola. En parte George tiene razón, debo actuar con la cabeza fría, y no por el momento, le hago señas para que subamos al auto. Juro que la próxima vez Ana pagará por lo que me hizo, pero no será por qué le diga a mi hermanito qui

