Ella se comportó como toda una señora.
—Es hora de irnos a casa Ali.
Alison acepto. Mientras se despedía de Jess, aunque antes habían quedado en que quedarían otro día.
Era de noche pero no muy tarde entonces la calle estaba sola, Jess salió un poco después que la mujer, Karen hizo algo impensable.
—¡Hijo! ¿Quieres que te lleve a casa?
Jess reacciono rápidamente reacciono, pero no sabía que responder, miro a Alison con disimulo, ¿Qué debía responder? Si decía que si, posiblemente la señora pensaría que era un aprovechado, de la situación, pero si decía que no, entonces seria mal educado y egoísta, de verdad algunas veces el mundo parecía de lo más hipócrita.
—Vamos no soy una mala conductora—Karen esbozo una sonrisa, quería convencerlo pero hasta Alison pensó que era una mala idea. Y si era para otra cosa, como para advertirle a Jess que no se encontraran más nunca. O que si tal vez las cosas que habían pasado era lo único que iban a poder recordar, porque su madre haría que se alejara de ella completamente sin volver a saber nada de él. Alison rogo al cielo porque Jess contestara que no, que no le hacía falta el aventón a casa, y que su madre tampoco intentara nada más que eso. Si es que solo quería darle el aventón.
—Pues no sé qué responderle Sra. Karen, pienso que si digo que sí, parecería un aprovechado y si digo que no, un mal educado, y no soy ninguno de los dos, deme más opciones. —Alison quedo más relajada y se encogió de hombros, Jess era lo bastante listo como para no caer en una trampa de su madre, estaba usando la psicología para salir dela situación.
—No me hagas sentir ofendida Niño, solo te quiero llevar a casa, mira que la calle es peligrosa, y además es de noche. Te puede pasar algo.
Jess miro los faroles de la calle encendidos, era cierto habían pasado algunas horas conversando placenteramente con Ali, no se había dado cuenta que la noche cayó sobre la ciudad y los vampiros salían(Era una ridícula historia que usaba Coby para asustar a su hermano menor para que no saliera a jugar de noche en la calle, los vampiros representaban ladrones y demás gente mala) tampoco tenía una idea de dónde podía estar Coby, pensó que tal vez estaba cantando en un bar o en una disco y se tardaría y tampoco quería ir a casa solo, esperando a que un vampiro estuviera al ataque.
—Lo tomo, vale acepto el aventón pero no crea que me estoy aprovechando.
—Dudo que lo pueda decir.
Alison entro en el carro estaba complacida con la colaboración de Jess aunque su madre estaba un poco extraña.
Su comportamiento era extraño
No es como si fuera ella.
¿Qué era lo que buscaba esa sonrisa tramposa de su madre?
Alison se sentó en el asiento delantero siempre lo hacía, su madre reviso el carro antes de encenderlo.
—¿Hay algún problema?—Pregunto Ali.
—No tranquila.—Respondió Karen.
Jess estaba en el asiento de atrás, justamente en medio del asiento donde el pequeño espejillo del para brisa reflejaba sus acciones perfectamente. Alison trato de no hablar mucho con Jess por que su madre era un muro entre ellos, aunque tampoco se puso tan tenso el ambiente, solo unas cuantas preguntas indecentes por parte de la madre.
Karen encendió el auto y con una humarasca salió rumbo a casa, era la primera parada que haría para luego llevar a Jess a su casa.
—¿Comieron mucho Helado?
—Si
—No mucho—Respondieron al unísono.
Karen rio descabelladamente.
—Sí que están enamorados…
—No.—Negó Alison con su voz chillona— no es así, somos amigos madre, como piensas eso, estas mal.
—No te tienes que poner así Alison, yo también fui niña, como tú.
Jess hizo una obvia mueca de diversión pero también se puso algo sonrojado, Alison por su parte se hecho a ver la carretera ante de que su madre la expusiera otra vez, ¿Cómo había hecho eso? ¿Qué pensaría Jess de ella ahora mismo?
—Solo comimos algunos helados Señora Karen, pero quiero pedir permiso para que vuelva a poder salir conmigo el próximo sábado, o el día que ella pueda.
Karen sonrió con algo de parsimonia.
Alison se interesó por lo último que dijo Jess. Le gusto esa valentía, no titubeo en decir nada, ni pensó en perder.
Le gusta eso, que él se sacrificara tanto.
—Sabes que Ali no puede salir mucho, pero si está bien de salud, el próximo sábado de seguro la dejare salir.
Allí acabo la conversa. Se estancó, pero Alison se sentía esperanzada, mas al ver el giño que su madre le hizo disimuladamente, eso era un sí. La conocía muy bien como para interpretar esas señales que le dejaba a la intemperie.
Karen condujo con habilidad y seguridad a la casa. Cuando llegaron se estacionaron en frente de la finca.
Jess quedo impresionado: era una casa de dos pisos, muy larga y con algo de espesor, los ventanales cubrían la mayor parte de las paredes, una chimenea brotaba de la parte de atrás, el techo era de rejas completamente cubiertas de un color azul, los pisos eran largos, acompañados de algunos corredores interminables, era posiblemente una de las casas más bonitas de la ciudad, el color de la casa era un tono pastel: entre blanco y rosa. Aunque no podía distinguir bien nada.
Alison se bajó y camino hasta la casa con rapidez, el frio siempre le hacía daño, entonces Karen se quedó un momento en el carro.
El silencio invadió la cabina y Jess no sabía que decir, buscabas la palabras pero brillaban por su ausencia.
—¡Pasa! Ven a tomar café, pero en tu caso será chocolate.
Jess estaba impresionado con las palabras de Karen, ¿era seguro hace eso?
—No se moleste. De verdad no quiero ser una molestia.
—No te intentes escapar de la situación vamos pasa, calentare el chocolate.
Jess se sentido avergonzado, no quería ser un intruso en la casa, aunque lo estuvieran invitando, pero llegar a una casa desconocida sin saber nada de la familia era completamente una locura, su estilo era ir conociendo más a las personas hasta desarrollar cierta confianza no, llegar desprevenido y tomar un chocolate.
—En serio no es necesario señora Karen
—No nada de eso vamos.
Karen era muy terca, saco las llaves del carro y entonces se bajó. Jess aún no quería bajar, entonces tomando algunas medidas Karen procedió.
—Entonces quédate aquí hasta que regrese, pero estarás solo y encerrado en la cabina.
Jess pensó dos veces.
Estar en una cabina fría y sin nadie, donde estaba haciendo frio y posiblemente se congelara.
O Pasar a tomar un chocolate caliente en la finca de Ali.
La tentación siempre puede más que cualquier cosa, se bajó del carro y siguió a Karen quien sonrió con parsimonia al ver que el chico cambiaba de opinión.
Jess se froto las manos pensando: Diablos como termine en casa de Alison esto no es lo que quería.
Luego que llegaron a la espectacular casa encima de un pradito leve Karen metió las llaves en el portillo y luego abrió la casa, invito a que pasaran, Jess quedo impresionado los muebles eran completamente una cosa salida de las películas, y las paredes eran aún más elegantes que las de afuera, además con colores pasteles que quedaban a la perfección, una luminiscencia increíble y lujosos jarrones de porcelana puestos en una viga en algunas partes de la sala, Jess quedo embelesado en los jarrones hasta que Alison lo cogió de la mano y lo guio a un sillón en donde se sentó, con ella a un lado suyo, era perfecto… Un lugar bonito, un nido de amor para su enamoramiento y la suegra portándose de las mil maravillas.
Era un puto suertudo.
La velada pasó de lo más fenomenal: Jess llamo a Coby para que no se preocupara sabía que se alarmaba mucho si no llegaba a la hora. Coby sin ninguna dilación le gusto la propuesta de la señora Karen; estaba en medio de una tocada, entonces sería mejor que alguien lo llevara para no ser el quien abandonara al grupo y dejar a la banda a la intemperie.
La señora Karen hizo algunas preguntas incomodas que Jess supo responder con algunos tacos que le había enseñado su hermano mayor. —Tenía que agradecérselo después a Coby— la señora Karen amable y atenta hizo que Jess se llenara el estómago con dos tazas de chocolate caliente y unos buñuelos.
—¿Mama lo intentas cebar?
—Para nada hija, tampoco es que lo vayamos a comer en el día de San Martin. Alison nosotros ya nos vamos así que por favor sube a la habitación y duerme, tampoco es que tienes que quedarte en vela, tienes que madrugar mañana.—Haciendo caso a su madre, Alison se despidió de Jess con un tierno beso en la mejilla.
Jess también se fue directamente a la salida, cuando Alison estaba en la parte superior de la casa.
Karen detuvo a Jess antes de que saliera de la casa. Su actitud había cambiado, miro aquella careta, sabía que ahora iba a venir algo grande, como una advertencia, tenía esos ojos entrecerrados: Coby siempre los tenía así, antes de pegarle un regaño y cruzar los brazos. Pensó que además de amigable también podía ser Fría, la madre de Alison era alguien de quien se debía tener cuidado.
—Aun no te vayas tenemos que hablar de algo importante. Espera en el auto.
Jess camino al auto:
Genial primero me da chocolate, y ahora las ostias. Seguro que es una patraña o un regaño.
Jess obedeció hasta ponerse en la puerta del carro, se estaba congelando por aquel frio infernal que estaba haciendo: aunque por dentro aun tenia curiosidad quería saber que era aquello de lo debían hablar. Tal como lo había dicho Karen.
Pasaron algunos minutos, ella apareció ya con una chaqueta de cuero, mientras que Jess temblaba del frio que estaba haciendo. Ella tenía todavía aquella expresión que era aún más fría que el mismo aire helado que recibía el cuerpo de Jess. Sintió un poco de miedo, esa cara era sinónimo de problemas. Se puso tenso al ver como la mujer salía de su casa viéndolo fijamente a los ojos, era una mirada decidida, estaba seguro; con todas las cosas anteriores, de que le iba a contar algo extraordinariamente delicado.
Karen se puso enfrente de Jess ella pudo sentir que el chico tenía algo de terror en sus ojos, y que también estaba incómodo.
—Sube al auto hablaremos allí.
Jess sintió el peso de las palabras y sin hacer ninguna broma hizo caso a lo que dijo ella; estando en el auto todavía el silencio era una barrera y Karen no pronuncio ni una sola palabra hasta que estuvieron a una cuadra de distancia.
—Jess veo que eres muy educado, y conozco a tu hermano, es cantante ¿cierto?—Jess afirmo con la cabeza— entonces te voy a ser franca, No quiero que te veas con mi hija por una cosa; Ella está enferma, y creo que deberías saber de qué… —Guardo silencio por unos breves minutos, que para Jess parecieron eternos y luego continuo hablando— Alison esta delicada, ella tiene cáncer de pulmón, y no está bien. El ultimo medico dijo que iba a morir en pocos meses.
Jess guardo silencio.
—Sé que es difícil afrontarlo, pero debes saberlo, ya eres parte de su familia, porque ella te acepto como amigo, sabiendo que tampoco podía tener algunos amigos, por su enfermedad quiero decir. —Karen estaciono el auto.— No obstante, hoy estaba feliz, era como si nunca hubiera conocido aquella tristeza en la que pasas sus días, debe ser duro para ella, y yo como madre tampoco puedo hacer nada. Quiero que me ayudes…
Jess estaba impactado, ahora quería su ayuda, ¿Qué tramaba Karen?
—Señora Karen su hija me había ocultado todo, no sabía que ella tenía cáncer. Pero hare todo lo que pueda, Yo le dije a ella que cumpliría uno de sus sueños y si era posibles todos, pero me está dando poco tiempo… ¿No sé cómo puedo ser de ayuda?
Jess aún no creía que las palabras que había pronunciado Karen eran ciertas, pero lo había visto Alison está enferma, estaba mal, no era una mentira para nadie. Hasta ya se había dado cuenta de la sangre que brotaba de su oreja esta tarde, que ella evadió diciendo que solo eran unos vértigos.
—Jess, tenemos que hacerla feliz, el doctor dice que si le hacemos sentir feliz, entonces podemos hacerla mejorar.
—¿Pero como le hago que sea feliz? Solo soy un simple chico de secundaria, tampoco es que soy un artista de Pop para ponerla feliz.
—te equivocas —Farfullo rápidamente Karen— hoy cuando la vi así, ponerse tan feliz, tan arreglada tan normal, me sentí feliz también, y pensé que se trataba de un chico como el resto, pero tú me has demostrado en poco tiempo que no es así. Tú puedes hacer lo que nosotros sus padres no podemos.
—Pero Karen de verdad ¿crees en mí?
—Sí. Yo creo, puedes ser el único que la salve. Yo he visto como la miras, como le hablas cómo te sientes cuando te toca. La amas como yo y como Maikel.
Jess espero que aquellas palabras no le pusieran en riesgo, tenía muchas decisiones que tomar: una de ellas era como salvar a Alison si es que podía, pero tampoco tenía tiempo para pensarlo mucho, el reloj interno de su quería Ali estaba sonando y cada campanada percutía en su cabeza como el sonido de una bala.
Jess se echó hacia adelante apretando sus puños:
No… Esto no puede estar pasando, pensé que lo de Ali era solo superficial, pero ahora me encuentro con un cáncer, como es que voy a poder competir con eso, diablos, además Karen no me puede poner tanto pesos en los hombros, toda la responsabilidad cae en mí. Si algo le pasa a Alison el culpable seré yo… claro que la quiero pero pensar que puede ser la última vez que la vea, también me trastorna. ¡Maldito sea este panorama!
—No sé qué responder.—Dijo Jess después de un abrumador silencio que opacaba su corazón. Estaba en las tinieblas de la indecisión.
—Piénsalo. Te llevare a casa, luego me dices, contaras con todo mi apoyo para todo.
Karen puso en marcha el auto y llevo con seguridad a Jess por la ciudad hasta llegar a su casa, ninguno de los dos hablo nada, el tema se había estancado en aquella conversa tan importante para ambos. Karen estaba sintiendo culpa de ponerle tanto peso a un chico de esa edad, solo dieciséis años casi los diecisiete pero tenía que hacerlo, quería ver a su hija feliz y tal vez, solo tal vez poder verla sana y salva otra vez.
Jess también quería colaborar pero era la situación más dura a la que se había enfrentado, una enfermedad crónica. Que solo tenía tiempo de desarrollarse para luego tomar la vida de la persona, y no quería ver que eso pasara con Alison. No quería ver como ella dejara a este mundo con una sonrisa y cerrando sus ojos paulatinamente. No quería ver eso, tampoco quería que nadie más sufriera, ni sus padres ni el mismo. Pero que podía hacer, los minutos pasaron y antes de que se dieran cuenta el auto ya estaba apagado y el motor frio, desde que Karen se había estacionado ambos entraron en sus mundos pensado en cosas opuestas pero que llevaban a la misma meta: la salud de Ali.
Sin esperanzas Jess se bajó del carro lentamente hasta que cerró la puerta sin decir nada, allí Karen hablo nuevamente. Jess se inclinó en la ventana del piloto para hablar con ella. Ahora su tono de voz era más suave y había unos cristales trasparentes en sus ojos, estaba a punto de llorar.
—Por favor Jess. Ayúdame a que sea feliz. Ayúdame No quiero ver a mi hija morir, quiero verla correr, sonreír, saltar cantar, todo lo que hacen las chicas, que me cuente su primer amor, que también me cuente cosas absurdas para pasar el rato. ¡Entiendes! ¡Quiero que viva Jess!, ¡quiero que viva!
Incapaz de negarse.
Jess sintió un punzada en el estómago, cuando alguien quiere obtener algo pero es demasiado distante, así se sentía.
Los ojos de Karen chorreaban lágrimas y hasta Jess tenía ganas de hacerlo, inmediatamente él le dio un abrazo rodeando su cuello: era lo único que podía hacer desde donde estaba parado. Y luego saco una sonrisa.
—Lo haremos. Pondremos empeño. Vamos a salvarla aunque nos cueste todo. Karen estoy de tu lado.
Karen seco sus lágrimas. Mientras que esbozó una sonrisa, ahora estaban destinados a hacer equipo para equiparar lo imposible: Salvar a Ali de la muerte. Jess se despidió de Karen y se fue a casa estarían en contacto los días posteriores, la noche cobro forma y el motor ruidoso del carro de Karen se alejó por la calle, esperando que el día de mañana empezara.