—¡¿Te has vuelto loca?! ¡Eso jamás pasará! No puedes hacerlo, no tengo nada en contra de ti, Saúl, pero mi hermana no está en sus cabales. Ella no debe, ni puede hacer esto; hablemos a solas, Mayte —dijo Elio —¡No! No quiero hablar contigo, ni con nadie, he tomado mi decisión, debes respetarla como mi familia. —Hija, te respeto, te adoro, pero estás cometiendo un gran error. —Si no aceptan mis decisiones, debes saber, que de todas maneras lo haré; sin embargo, me iré, y no volveré a verlos, nunca más. Luna la mirò incrédula, no parecía la misma Mayte con la que recién había hablado antes, parecía cegada por el dolor. —Mayte… —dijo Elio. —Decidan, si no lo aceptan, me voy, no volveremos a estar en contacto. Si lo aceptan, me quedaré, seremos la familia que debimos ser, pero no quiero

