Mi luna de miel fue entre cajas, ropa por empacar y un nerviosismo terrible. No era lo que habíamos planeado cuando pensé en casarme, pero al menos tenía a Jay conmigo y disfrutaba de la relación como nunca. Estábamos casados, pasara lo que pasara, sabía que esa unión era para siempre y entender aquello me hizo sentir muchísima paz. Desde que me enamoré de él, casarme siempre había sido un sueño para ambos y lo habíamos logrado. Lamentablemente, no todo era perfecto como queríamos. La policía no había vuelto a buscarnos, pero seguían investigando la desaparición de Ian, éramos sospechosos, por supuesto, pero tomando en cuenta que nunca hicimos algún registro del acoso y de los enfrentamientos que tuvimos con el padre de mi ex, tampoco tenían un motivo justificable para que nosotros quisi

