—Kate, estoy esperando una respuesta cariño —dijo Patrick, llamándome de nuevo, mostrándome el hermoso anillo que brillaba contra las luces del lugar. Para este momento, teníamos a casi todo el restaurante mirándonos, algunos inclusive grabándonos, mientras sonreían, lucían más felices de lo que me sentía yo. Y todo cayó en su lugar, fue como si toda la bruma de confusión se aclarara en mi cabeza. Miré a mi novio, buscando alguna parte dentro de mi pecho un atisbo de felicidad, de lo extasiada y locamente enamorada que debía sentirme si el hombre que amabas te proponía matrimonio. Pero no encontré nada más que miedo, que infinito miedo y peor aún, sentí culpa. Una culpa que me carcomía por dentro, aun cuando no hubiese hecho nada realmente malo. Pensé en Patrick, en nuestro noviazgo, el

