Abrí la boca para gritar, pero alguien puso su mano y me silenció antes de que pudiera pronunciar siquiera una silaba. Me revolví como una fiera, desesperada porque me soltaran, pero era un agarre fuerte. Dos enormes brazos como acero me tenían presa, llevándome hacia atrás. Pelee con todas mis fuerzas, inclusive patalee, buscando desesperadamente una manera de liberarme de aquel agarre infernal, pero no podía. Algunas personas dentro de la cafetería se dieron cuenta, pero nadie hizo nada por intervenir, todos estaban paralizados. Todo ocurrió tan rápido, mientras yo peleaba con la persona que me tenía apresada, esta se encargaba de llevarme dentro de la camioneta negra. No pude pelear más, no pude correr o gritar, siquiera liberarme un poco, cuando ya me estaban tirando dentro del auto.

