Narrador En algún lugar del reino, Amara murmuraba para sí misma, consumida por la ira. —¡He perdido todo por culpa de esa campesina cazafortunas! No importaba que Maya hubiera nacido con un talento genético para la perfumería; yo también había trabajado arduamente para perfeccionar mis habilidades y asegurarme de que nadie sospechara mis trampas. Debo ser extremadamente precisa y cuidadosa con cada acción desde que descubrí que Maya y yo hemos sido intercambiadas al nacer. No voy a perderlo todo ahora por su culpa. Amara se detuvo, sintiendo cómo la frustración hervía en su interior. De alguna manera, aquella mujer era su malvada gemela, enviada para arrebatarle su riqueza y nobleza con nada más que su inocencia e ingenuidad. Pero ella, Amara, era inteligente, cumplía con sus deberes

