Punto de vista de Maya Me duele ver la preocupación en su rostro. La sorpresa en sus ojos. Me duele más de lo que jamás admitiré. Pero no puedo permitirme vacilar. Si dejo que el silencio se prolongue, si le doy un solo segundo para mirarme más de cerca, temo que mi fachada se derrumbará. Así que sigo hablando. Sigo castigándolo. Sigo reprendiéndolo como si su mera existencia fuera una carga para mí, aun cuando cada palabra que pronuncio desgarra mi propio ser. —Escucha bien, Liam —mi voz es gélida, cortante como una daga—. Te estás muriendo. Apenas puedes cuidar de ti mismo, mucho menos protegerme. Has perdido toda tu fuerza. Lo observo con detenimiento. Espero ver enojo en sus ojos. Indignación. Rabia. Pero lo único que encuentro es dolor. Apretando la mandíbula, continúo.

