Y entonces Maya lo comprende. Nunca le ha importado. Siempre pensó que, aunque la tratara como una sirvienta, en el fondo la consideraba su hija. Pero ahora lo ve con absoluta claridad: solo ha sido una posesión para vender al mejor postor. Con horror, se da cuenta de que Arthur lo sabía todo. Sabía que Lisa la drogó. Sabía que Ethan la engañaba con su hermana. Sabía que la habían traicionado. Y no le importó. Todo lo que le importa es el dinero. Un dolor amargo se instala en su pecho. A pesar de todo, siempre los quiso, deseó ser parte de su familia. Pero en este momento, comprende la verdad: para ellos, nunca fue más que una carga o una moneda de cambio. —Maya. La profunda voz de Liam la saca de sus pensamientos. Él le tiende la mano, esperándola. Su expresión es impasible, p

