Christian —Su hermano y su abogado están abajo. Han abonado la fianza — me dice el agente mientras anota algo en su bloc. Lo miro apretando la mandíbula. —No he hecho nada malo. El policía exhala con pesadez. Es evidente que está frustrado. —Ya se lo he explicado, señor Miles, y diez veces, nada menos. No puede destrozar la propiedad privada de nadie. Ni agredir a la gente. Ni hacerme perder el tiempo con su flagrante desprecio por la ley. —¿Y qué hay de mis derechos? ¿Quién me ampara a mí? No quiero que me saquen fotos. ¿Me está diciendo que ese tipo tiene derecho a hacerme algo contra mi voluntad y que yo no puedo responder? Me estaba protegiendo a mí y a los míos. Son mis derechos los que se han visto vulnerados hoy. —Mire. —Suspira—. Deje de hacerse el tonto. Ya sabe cómo va es

