—Por favor. —Y, en un tono más suave, añade—: Preciosa…, necesito verte. Podemos salir de esta, pero tenemos que unir fuerzas. Me echo a llorar. Cuando me habla con esa voz tan dulce, me acuerdo del hombre al que quiero. —Megan —dice con dureza—, déjame enviar a Andrew y veámonos en mi casa. No digo nada y escucho. —Así por lo menos podrás salir. No podrán seguirte hasta mi edificio. Aquí estarás a salvo. Independientemente de lo que pase entre tú y yo, como no salgas de esa casa te perseguirán sin descanso y no dejarán de inventarse historias. Cierro los ojos y digo: —No quiero… —Solo quiero hablar, Megan . Te lo prometo. —Pero… —Haz la maleta para que crean que no volverás en breve. Así se marcharán. Me paseo de un lado a otro mientras me lo pienso. Retiro las cortinas y echo u

