Llegó la mañana, la luz del sol entraba por el ventanal. Cuando recobró la conciencia, despertó sintiéndose como la mierda. Al abrir sus pesados parpados, vio a su abusador escogiendo la ropa que iba a ponerse ese día, y con las pocas fuerzas que tenía se dirigió a él. — Eres un desgraciado, esto fue una violación, fuiste tan lejos como para hacerlo. — Tener sexo era parte del contrato —replicó el hombre. — Sí, pero no abusar de mí, ¡voy a hacer que te arresten! —exclamó furiosa. — Eres una reina del drama. Su sonrisa burlona se borró y la cruda mirada que puso le heló la sangre, se acercó amenazante para tomarla del cuello asfixiándola. Estaba tan agotada que no podía defenderse, y maliciosamente le susurró al oído. — Escucha niña estúpida, quién te crees que eres para amenazar

